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Parador Konex de Verano: una noche de contrastes y nostalgia

El inicio de la nueva temporada del Parador Konex reunió a Juana Rozas, Mujer Cebra y Santiago Motorizado en una noche que reflejó la diversidad y continuidad de la escena local.

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En una fecha que reunió a tres proyectos de distintas capas de la escena local, la temporada en el Parador Konex arrancó con una energía envolvente, especialmente cuando la ciudad de Buenos Aires se teñía de violeta y las luces comenzaban a brillar después de la lluvia. Juana Rozas fue la encargada de abrir la jornada, con una propuesta claroscura y bailable. Con su aclamado álbum TANYA (2025), un disco que muchas revistas y medios especializados seleccionaron como lo mejor del año pasado, la artista brindó una performance en un terreno sonoro cargado de emoción. Hay una impronta industrial que remite a Nine Inch Nails, cruzada con una sensibilidad pop contemporánea y latinoamericana que dialoga con fenómenos como Six Sex y el trap. Juana combina sonidos industriales y electrónicos con letras intensas. La noche prometía y Juana Rozas había puesto el tono.

Apenas después, salieron al escenario los Mujer Cebra, una de las cabezas de la nueva escena nacional. Su show no fue una simple sucesión de acordes o un acto de provocación vacío como ocurre con otros que se cuelgan de la etiqueta de “revolución” sin fundamentos. En Mujer Cebra importa la música, la entrega y el mensaje que se transmite a través de ella. Se puede trazar un paralelismo con la letra de “Invisible”, canción que cerró su setlist: “Y la luz no importa tanto siempre y cuando yo la encienda y vos estés”. Siempre la música primero.

La banda maneja distintas etiquetas. Sus raíces post-punk se sienten fuertes, con reminiscencias a Joy Division y The Cure, pero también hay guiños a influencias del indie estadounidense de los 90, el shoegaze y el rock dosmilero. La voz de Santiago Piedra acompaña una sonoridad que podría haber salido perfectamente de una cinta del siglo pasado. De hecho, apenas cortaron su presentación, inmediatamente comenzó a sonar Built To Spill en el predio. Como si se tratara de una suerte de tributo no explícito, el bajista Gonzalo Muhape llevaba una remera de Ride, guiando las coordenadas sonoras de la noche. El power trío cumplió con creces su misión, dejando al público en un estado de anticipación para lo que se venía: Santiago Motorizado.

El romántico del rock con pelo platinado

El momento que muchos esperaban: el Chango Motorizado hizo su aparición con un set cargado de nostalgia. Comenzó sin un instrumento en mano, parado en el centro del escenario como un cantor tradicional, acompañado por su banda —la mitad de Bestia Bebé , Chicho en bajo y Tom Quintans en batería, su hermano Pipe Quintans en guitarra y Martín Caamaño en segunda guitarra—. El repertorio estuvo compuesto principalmente por canciones que durante años circularon como reliquias digitales entre fans, y que hoy encuentran una nueva vida en formato oficial. Un claro ejemplo de este pasado lo-fi fue la relectura de “Google Earth”, que ahora pasó a llamarse “Google Maps”, una de esas canciones que no vio la luz en su momento, pero que, a partir del lanzamiento de El Retorno (2025), tomó nueva forma.

Con humor, Santiago introdujo su repertorio: “Ahora viene una muy triste… no es que las otras sean un canto a la vida, pero esta es todavía más triste”, bromeó antes de interpretar “Mil derrotas”, canción que resonó en el patio del Konex. El mundo de Santiago, siempre teñido de despedidas, rupturas y nostalgia, se alzó nuevamente como eje central, con sus temáticas recurrentes de cine, fútbol y la siempre presente La Plata. A lo largo de su presentación, distintos tropos como la amistad, el cine y Maradona dieron presente a través del Chango, que no tuvo reparos en dedicarle “Jazmín chino” de 107 Faunos al Gato, cantante de la banda: “uno de los mejores poetas que dio esta tierra”.

Sin embargo, el tiempo apremiaba. El patio del Konex tiene un horario restringido para el público en exteriores, por lo que, en una suerte de bises apurados, la noche daba sus últimos compases. Entre la euforia de “Amor en el cine” y la nostalgia general, el público coreó dos nuevos clásicos de El Mató: “La noche eterna” y “Diamante roto”. Aunque había más canciones en el setlist —como “Yoni B”—, el tiempo no alcanzó para completarlas, lo que dejó a los fans con ganas de una próxima vuelta.

Así, sin ornamentos, concluyó una noche que, entre la oscuridad techno de Juana Rozas, la múltiple búsqueda de Mujer Cebra y la segunda piel de Santiago Motorizado, dejó claro que el Parador Konex de verano puede funcionar como un mapa posible de la escena: sus herencias, sus búsquedas y sus nostalgias todavía activas. Ampliaremos.

Fotografías Gentileza de Prensa: Camila Ramírez Mendo (@camilamendu)

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