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20 años de “By the way” de RHCP

A dos décadas del disco que expuso la madurez y el sentimentalismo de los californianos, un paseo por su historia y su sonido.

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Con la ausencia de John Frusciante en 1992, Red Hot Chili Peppers sorteó vicisitudes inesperadas mientras el tiempo se le escapaba como arena entre los dedos. En plena gira, la baja de su guitarrista implicó una búsqueda de reemplazo urgente, que derivó, primero, en Arik Marshall, y finalmente en el ex Jane’s Addiction, Dave Navarro.

En 1995, la formación Kiedis-Flea-Smith-Navarro lanzó el álbum que repartió opiniones entre sus fans y originó algunos murmullos de la crítica: One Hot Minute.

Aeroplane del disco one hot minute

Para quienes esperaban la transformación definitiva del ídolo en hijo pródigo, los siguientes cuatro años se vieron envueltos de esperanza, expectativa y optimismo, pero también de preocupación y buenos deseos para John. 

Si bien la vuelta de John Frusciante tuvo lugar en “Californication” (1999), los aires melódicos y experimentales que el músico pregona fueron asomándose hasta lucirse por completo en su siguiente álbum. Con “By the way” (2002), el guitarrista explotó su potencial creativo entre riffs, solos, arreglos, composición casi absoluta y hasta coros que incluyen falsetes.

En el mismo sentido evolucionaron sus compañeros. Michael “Flea” Balzary con líneas de bajo mucho más interpretativas y a cargo de esa trompeta desgarradora de “Tear”; Anthony Kiedis con una marcada mejora en el canto y cambios evidentes en su escritura, mucho más sentida y abierta; y Chad Smith con un trabajo de percusión tan preciso como dúctil. “Intentamos hacer las mejores canciones posibles”, declaró este último en una de las primeras presentaciones del disco. 

Con John y Flea inmersos en el rock de los 60 y 70, influenciados especialmente por Siouxsie and The Banshees y The Smiths, el perfil melódico del conjunto se oxigenó. Buscaban lo mismo; esa química que no aparecía desde “Blood, Sugar, Sex, Magik” (1991) y parecía dormida en alguna parte. Ninguno de los músicos se sentía seducido por explorar una faceta puramente funk, aún cuando los arreglos del orden funky fueran bien recibidos en su repertorio. En blanco: el funk no es lo mismo que lo funky

El 50% restante de lo que hasta ese momento era “By the way” requería algunos ajustes. La franqueza, la seriedad en sus palabras y la responsabilidad sobre los propios actos parecían el camino apropiado. El trabajo de composición lírico en “By the way” mostraba una faceta mucho más vulnerable de sus autores -particularmente de Kiedis-, cuyas reflexiones ahondaban tanto en el amor como en las drogas.

La sensibilidad protagónica, sin embargo, no desterró aquella energía característica del conjunto. Más acertado sería decir que cohabitan en una forma distinta, mucho más madura y mucho más honesta. En el track que da nombre al disco esta relación es clarísima, como también así en “Can’t stop” o “Throw away your television”.

“can´t stop” fue dirigido por Mark Romanek quien se inspiró en las esculturas del artista  Erwin Wurm.

El octavo álbum de los Peppers es más que sus cuatro apellidos. “By the way” fue producido por Rick Rubin, reconocido amante del hip-hop, el rap y el heavy metal, quien anteriormente trabajó junto a Johnny Cash, Aerosmith y Beastie Boys, entre otrxs, además de fundar dos empresas enteramente dedicadas a la producción musical. Su ingeniería de sonido unió a Rubin con Jim Scott, encargado también de la grabación y mezcla, que ya había trabajado con artistas como Barbra Streisand, Rolling Stones, Carlos Santana y Tom Petty; y con Ryan Hewitt, productor y mixer que más tarde le concedería un Premio Grammy a los Red Hot por su trabajo en “Stadium Arcadium” (2006). Su masterización fue obra de Vlado Meller, ingeniero eslovaco con más de 50 años de trayectoria -en aquel momento, unos 33- familiarizado en este rol con la discografía de David Bowie, Macy Gray y Destiny’s Child, y productor de John Mayer y Julio Iglesias.

Además de su rol como productor, el ya mencionado Rick Rubin fue, según John Frusciante, quien encontró el sentido para el track más tierno del disco: “Warm tape”. La clave para trabajarla fue tomar como referencia la música de George Harrison. Bingo. Esa melodía tan distinta al resto, que garabateaba en sus imaginarios y daba vueltas sin un rumbo fijo, emergía como una de las grandes candidatas a ser recordada por oídos propios y ajenos. 

De los 28 tracks que el conjunto trabajó originalmente, solo 16 llegaron al repertorio final. “By the way”, que fue grabado entre octubre de 2001 y mayo de 2002, cosechó más de 282 mil copias en su semana de estreno. 

En su tapa, que muestra el retrato artístico de Stella Schnabel, quien fuera entonces la pareja de John, la paleta de colores azules se mezcla con tonos rojizos que introducen a sus autores. El diseño pertenece al artista Julian Schnabel, ex suegro de Frusciante.

A 20 años de su estreno, el álbum de los Peppers sigue sorprendiéndonos con sus infinitos recovecos por descubrir. Con Frusciante nuevamente en la formación resuenan las palabras de Anthony Kiedis, que entrevistado entonces por MuchMusic, pareció predecir su brillante futuro juntos: “Nuestra química es muy preciada, no podemos darla por sentado. Requiere de los cuatro mantener este barco a flote… y a nosotros nos gusta flotar”.

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