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Nicolás Igarzábal: “Traté de que fuera un libro de aventuras, para fanáticos”

El periodista publicó Grabado en estudios Panda. Historia de una fábrica de hits (1980-2020), donde escribe sobre un laboratorio sonoro clave para el rock argentino.

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Para el periodista Nicolás Igarzábal, los años inmediatamente previos al comienzo de la pandemia de COVID-19 y las conversaciones con Leandro Donozo -editor de Gourmet Musical– fueron el punto de partida para Grabado en estudios Panda, historia de una fábrica de hits (1980-2020), el libro que publicó a fines de 2021. Igarzábal recuerda: “Miguel Krochik, el creador y dueño del lugar, buscaba a alguien que escribiera una historia sobre Panda. Comencé a investigar y me encontré con un montón de discos que conocía, pero que no sabía que se habían grabado allí”. De Charly García y Los Redonditos de Ricota a Sumo, pasando por Fito Páez o Andrés Calamaro,al periodista le interesó la idea de adentrarse en un nicho que, según sus palabras, no estaba muy explorado. “No encontré muchos libros sobre estudios de grabación. Me pareció un lindo desafío”.

Igarzábal, que también publicó Cemento, el semillero del rock (2015) y Más o menos bien: el indie argentino en el rock post-Cromañón (2018) para la misma editorial, revela algunos detalles sobre el proceso de escritura: “Fue el libro que más me demandó en cuanto a la consulta de archivos y el que más historia abarcó. Realicé alrededor de 100 entrevistas por todos los medios posibles: por teléfono, en persona, por email, por Whatsapp”. Escuchó –o reescuchó- los discos grabados en Panda, trabajó con revistas viejas y se lanzó a conectar las piezas del rompecabezas que suponía cada uno de los álbumes incluidos en el texto. “Busqué que al menos estuvieran presentes cuatro o cinco voces por disco e intenté trabajar como un director de cine, cruzando a cada uno de los protagonistas para que el relato sea ágil”.

-¿Cómo abordaste los procesos de grabación, teniendo en cuenta que en ciertos aspectos involucran cuestiones y detalles técnicos?

-Tengo un background, porque toco la guitarra desde adolescente y conozco lo básico sobre guitarras y amplificadores. Pero tuve que aprender mucho más y me asesoré con ciertos técnicos de grabación acerca de marcas y modelos, además de leer Rec & Roll: Una vida grabando al rock nacional (2017), el libro de Mario Breuer que plantea un mapa importante de la tecnología a la hora de grabar. No quería que se tratase de un libro muy técnico, ya que la mayoría no sabe sobre ese tipo de cosas. Traté de que fuera un libro de aventuras dentro de los estudios Panda, anecdótico, y que se convirtiera en un registro para los fanáticos de las bandas, no para músicos o gente dedicada a los estudios de grabación.

Mario Breuer es una figura fundamental en toda esta historia.

-Después del dueño del estudio, Mario fue la segunda persona que entrevisté, un maestro que le pasó la antorcha y los conocimientos a quienes vinieron luego, discípulos y asistentes que terminaron siendo muy importantes, como Walter Chacón o Christian Algañaraz.

-¿Cómo fue la selección de discos que incluiste?

-Revisé los créditos de todos los discos de rock argentino, porque no hay un registro de aquellos que se grabaron en Panda. Y como era imposible abarcar tanto, sólo me quedé con los más importantes, con aquellos que hicieron historia, o con los más conocidos de una banda. De movida, los próceres iban a estar (Charly, Fito, Spinetta, Calamaro, Los Redondos, Sumo), aunque también decidí bajar un escalón e incluir a Los CasanovasFun People o La Sobrecarga.

-Dentro de las diferentes etapas que atravesó Panda, ¿cuál considerás que es la más interesante?

-Los 80, donde el estudio tuvo más turnos ocupados para la grabación, me parecen los años más jugosos. Pero no por el libro en sí, sino por la historia del rock argentino y las bandas que surgieron. Así y todo, en los ‘90 también se grabó cumbia y ese momento de nuestra música también es muy divertido. Me pareció muy interesante contar la historia sobre esa mezcla y ver cómo iban variando los estilos. Además, a través de los capítulos se puede ver la evolución que se produce con respecto al audio y la forma de grabar, que es el gran telón de fondo.

-El libro también deja ver al estudio de grabación como una especie de laboratorio sobre las relaciones humanas.

-El componente humano está muy presente. El técnico de grabación es un poco el coach, el psicólogo y el director técnico. Yo quería mostrar que el proceso de hacer un disco involucra muchos días, semanas e incluso meses de estar encerrado, probando cosas, con nervios, ansiedad, equivocaciones, críticas y dándose aliento.

-¿Cómo pensaste el final del libro? Panda todavía funciona, pero en los últimos años cambiaron mucho las formas de encarar la grabación de un disco.

-Si bien continúa, la técnica de grabar en estudios está un poco vetusta. Ahora todo el mundo graba en sus casas, con estudios chiquitos. El final es una incógnita: los grandes estudios continuarán abiertos, pero finalmente van a quedar como pequeños lujos que se pueden dar algunos músicos. Panda, por ejemplo, da muchas clases o workshops donde invita a técnicos que muestran de qué manera se graba con ciertas consolas que la gente no tiene en su casa.

-¿Cuáles son los discos grabados en Panda que más te influenciaron?

-Lo que más me tocó como contemporáneo fueron los comienzos de los 2000: Cuentos Decapitados (2000),de Catupecu MachuJessico (2001), de Babasónicos; y Chapusongs (2002), de Árbol. Otros discos que me gustan mucho, pero de los ‘90, son Ángeles Caídos (1992), de Attaque 77, y Kum Kum (1996), de Fun People. En los ‘80 tengo preferencia por Oktubre (1986) y Un baion para el ojo idiota (1987), de Los Redonditos, Llegando los Monos (1986)y After Chabón (1987), de Sumo, o Yendo de la cama al living (1982) y Parte de la religión (1987), de Charly García. Son todos de diferentes épocas, pero que me pegan o han entrado con fuerza en distintos momentos de mi vida.

-Si hubieses tenido la oportunidad de ser testigo de uno de los tantos procesos de grabación incluidos en el libro, ¿cuál hubieras elegido?

-El primer disco de Don Cornelio y la Zona, su álbum homónimo de 1987. Me sigue emocionando mucho al día de hoy. Le puse mucha tripa y corazón al capítulo. Ese trabajo de post punk tiene un clima oscuro, pero también muy poético y romántico. Ese audio y esas letras me vuelven loco. De hecho, los músicos cuentan que Spinetta escuchó un par de temas cuando estaban grabando y también alucinó. Les dijo: “Oscuros como la noche”. De la producción participaron Mario Breuer y Andrés Calamaro, que hizo entrar a los músicos en una experiencia psicotrópica de drogas para volverlos locos y que el disco quedara así de delirante.

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