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LEGENDADDY y el retiro del mayor prócer del reggaeton

El séptimo y último disco del puertorriqueño más conocido del mundo es un hito agridulce y un explosivo paquete cargado de temas de la más pura cepa DY.

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El indiscutido padre del reggaeton, Daddy Yankee, anunció con bombos y platillos su retiro de la música. Se viene “La Última Vuelta World Tour”, una gira de 41 fechas en cinco meses que lo llevará por toda América Latina, dos ciudades canadienses y 18 en los Estados Unidos. Pero la bomba mundial también fue el lanzamiento de su séptimo y último disco de estudio, LEGENDADDY, en combo con una serie de videoclips que lo respaldan. 

Cierta consternación en la totalidad del mundo de artistas y seguidores de géneros, a veces, clasificados como “urbanos” es visible y también entendible. Desde sus inicios en el underground puertorriqueño, Ramón Luis Ayala Rodríguez, hoy de 45 años, alumbró el recorrido de la búsqueda artística más pura desde un punto de partida humilde, algo que acompañó en cierta forma el camino del Big Boss hasta hoy. 

De forma casi adánica, Yankee nombró el reggaeton y al nombrarlo sopló vida eterna en sus pulmones. El período de nacimiento de este fértil territorio musical que se convirtió en un huracán de proporciones internacionales e históricas fueron los primeros tres años de la década de 1990 (mucho antes de su debut discográfico como solista) y desde aquel día no ha dejado de golpear duro la industria musical. Su estilo fue rumbeando por innumerables destinos, con cocciones sobre los clásicos bombos de reggaeton old school que avanzaron y retrocedieron sobre distintos perfiles de un género en crecimiento exponencial. 

Siendo padre de todo, se animó siempre a lanzarse de lleno a terrenos conocidos y por conocer, con aciertos clavados al ángulo, como su álbum junto Nicky Jam, El Cangri.com(2002), o el hit mundial que firmó con Luis Fonsi, “Despacito” (remix de por medio, también lo incluiría a Justin Bieber), y con experimentos que se diluyeron un poco (¡el triple lanzamiento discográfico de sus shows en vivo en 2K20¡), pero sin perder la elegancia de ser la mayor autoridad del género, y hasta arriesgándose a reversionar sus primeros hits locales para acercarlos a una audiencia mundial. 

Luego de su disco más icónico, Barrio Fino (2004), y el impacto a nivel mundial de su hit song “Gasolina”, todo cambió. Esta canción se convirtió en un himno innegable del reggaeton y una semilla latina que se desperdigó por las discotecas y las radios de puntos alejadísimos del caserío de su natal Villa Kennedy. Luego, gracias a una segunda inyección de popularidad en el período 2007/08 (con la seguidilla de El cartel: The Big Boss y Talento de Barrio) ya todo fue imparable. Su ascenso a la fama alcanzó tal extensión que, al día de hoy, el nombre de Daddy Yankee se conoce desde Asia hasta Oceanía, pasando por Europa y hasta los Estados Unidos.

Pero el legado latino es lo más importante que nos deja DY. Porque, además de ser el boricua que se adueñó de las caderas del planeta, es uno de los artistas más influyentes en su propia tierra y en los países que comparten su latinidad. Cambió para siempre muchas cosas. Encontramos el impulso fundacional de un movimiento, la inspiración para una cadena de eventos que se dieron a posteriori y que permitieron el alza de artistas de otros géneros y subgéneros nacidos en el siglo XXI. 

También es un ejemplo y un modelo a seguir para incontables artistas jóvenes de ayer y de hoy que comenzaron a vislumbrar un intercambio entre el hip hop estadounidense con el ADN latinoamericano, codo a codo con Vico C y Tego Calderón. Trompetas, tubas y percusiones de géneros nativos de la zona del Caribe fueron parte de la huella digital de la música de este artista, así como profundos golpes de bombo que van a fondo e indubitablemente instan a cualquiera a disfrutarlos.

Desde su rincón de magia reggaetonera, este iluminado productor y excelente rapero marcó las mentes de varios de los mayores referentes del hip hop en español. Y viceversa, algunas de las figuras que más inspiración han generado también formaron la educación musical de DY (Tupac Shakur y Dr. Dre, junto a muchos referentes ochenteros). 

Existe un tire y afloje entre el rap y el reggaeton que tiene que ver con sus diferencias de ángulo, enfoque y concepto más allá de lo meramente musical, pero muchas de ellas caen en saco vacío. Y Daddy Yankee ha creado un balance envidiable que le valió el respeto de ambas áreas. Solo cierto sector, más bien sectario y cerrado, se anima a calificar al Big Boss de alguna forma que se aleje de su brillante realidad: su talento para la composición y el rapeo, su respeto y su fronteo, su flow y su magia son tesoros latinoamericanos que trascienden cualquier frontera imaginaria que se quiera trazar. El aval de Nas o Snoop Dogg debería bastar para cerrar algunas bocas que sigan con sus dudas.

LEGENDADDY es un hito agridulce. A pesar de marcar el final (al menos por tiempo indeterminado) de la carrera del puertorriqueño más conocido del mundo, prócer del goce latino, también es simultáneamente un explosivo paquete cargado de temas de la más pura cepa DY. Un balance casi ideal entre las partes que han formado el enorme todo que es la carrera del autor de “Ella me levantó”. 

Dejando clara su autoridad, hay en LEGENDADDY productores y featurings que confirman que el mundo latino estuvo está y estará a disposición del Jefe: Bad Bunny, Luny Tunes, El Alfa, Lil Jon, Tainy, Becky G, Natti Natasha, Pitbull, Rauw Alejandro, Blu Rey, Dímelo Flow, Nile Rodgers, Sech, Myke Towers, Slow Mike, Dj Luian y Mambo Kingz. Un plantel 100% salvaje oriundo de este lado del Atlántico para sellar y hacer honor a esta ocasión histórica.

El álbum, con sus 19 tracks, explora mucho de lo ya visitado por Yankee, pero con una frescura implacable y con highlights que sacuden sonidos que recorren el más duro perreo boricua, el reggaeton más bien pop, el dembow vieja escuela enredado con pianos y vientos centroamericanos y tanto más. 

El Gran Jefe nos ha dado una manera de sobrellevar la noticia de su retiro de la música como corresponde: con más de su música. Música que representa su evolución, pero que también honra lírica y sonoramente sus raíces, su recorrido minado de hits mundiales y una interesante búsqueda de crecimiento desde lo individual y el género completo. 

Nos quedará su talento crudo que sobrevive a cualquier estilo y a cualquier década desde que se le dio por tomar un micrófono. Nos quedará la esperanza de un futuro comeback siempre que él lo sienta de esa forma. Y nos quedará el legado de una magnánima leyenda de la música latina. 

Txt.: Flor Viva

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