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QUILMES ROCK DÍA 1 EN TECNÓPOLIS: ENCUENTRO DE DOS MUNDOS

Damon Albarn volvió a la Argentina y brindó un show memorable con Gorillaz que incluyó un momento épico junto a Trueno.

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La vieja normalidad era algo parecido a esto. Miles de personas en Tecnópolis de aquí para allá recorriendo los escenarios a través del inmenso predio, buscando algún spot para descansar o haciendo colas interminables para poder comer algo.

La nueva edición del Quilmes Rock ofreció casi cien bandas repartidas en dos días, con cinco escenarios distribuidos: los main-stages gemelos Quilmes y Rock como los principales, el Claro, el Enigma y un escenario más intimista denominado Geiser.

En algún momento habrá que discutir el concepto Campo VIP, si no se discutiò ya, o por lo menos el ridículo tamaño que tuvo en el Quilmes, que no llegó a completarse ninguno de los dos días y mantuvo a la gente del Campo Común alejadísima de los escenarios principales y con casi nula visión. Si, estaba lleno de pantallas a lo largo y ancho, pero no podemos decir que la experiencia sea la misma.

Pero si vamos a lo musical, el que aprovechó la jornada del Día 1 de una manera auspiciosa fue Benito Cerati. El líder de Zero Kill no se conformó con su set en el Enigma, sino que también se paseó por dos escenarios más para cantar con Rayos Láser y Virus.

Fue una buena tarde para el pop: sumados a los ya mencionados, Estelares tuvo el coraje de brindar un set con lados B en vez de hits, mientras que la banda de los hermanos Moura comenzó su despedida definitiva con un show cargado de emociones.

A los muchachos de Airbag les tocó la dura tarea de ocupar el enorme vacío de la grilla que dejó Fito Páez, debido a que el rosarino dio positivo de Covid-19 dos días antes. Los hermanos Sardelli no se olvidaron sus raíces al tocar el Himno Nacional Argentino pero también mostraron sus influencias internacionales al hacer sus propias versiones de “Money for Nothing” de Dire Straits y “Basket Case” de Green Day.

El que tampoco se olvidó de Páez fue Mateo Sujatovich, que dio un sólido concierto. El líder de Conociendo Rusia le dedicó “Tu Encanto”, canción que cantan a dúo. Antes de terminar homenajeando a sus influencias directas con “Rezo por Vos”, justificó su meteórico ascenso con “Cabildo y Juramento” y “Loco en el Desierto”, composiciones que tranquilamente podrían haber rotado en la radio en los 90’s junto a temas de Andrés Calamaro y Fito Páez.

Los uruguayos del Cuarteto de Nos se mostraron felices de tocar nuevamente en nuestro país. Roberto Musso comenzó aclarando que él no es “El Hijo de Hernández”, siguió criticando a la diferencia entre clases sociales en “Fiesta en lo del Dr. Hermes” y terminó en una encarnizada batalla de freestyle (¿o payada 2.0?) contra una pantalla en “Contrapunto entre Humano y Computadora”.

Quienes decidieron ver el festival de guitarras (tuvo tres en escena) que brindaron Las Pelotas en el Quilmes, tuvieron que sacrificar escuchar los inoxidables reggaes de Los Pericos en el Claro. La banda de Germán Daffunchio siempre da cátedra en materia festivales. Se vuelve irresistible cantar a los gritos “Ya no estás” recordando al Bocha Sokol, y hacerle fuck you al imperialismo en “Capitán América”.

El primer gran contraste se dio ya caída la noche: Vicentico, con décadas de carrera, cantaba sus clásicos en el escenario Claro, mientras que Trueno trajo “el nuevo rock” en el escenario Rock, paradójicamente.

El alter ego de Mateo Palacios salió hecho un demonio, literalmente, a cantar “20.1.9” junto a una banda que por momentos nos hizo recordar a Slipknot. Ahí fue cuando muchos padres acompañaron a ver quién es este chico oriundo de La Boca que sus hijos escuchan en Spotify una y otra vez.

Es innegable que el flow corre por las venas rapper de 20 años, quien repetitivamente agradeció a su público por posicionarlo donde está, a su novia Nicki Nicole a quien le dedicó “Mamichula” y a sus compañeros de ruta Tiago PZK y Wos. Para el final, mostró que nadie es más rapero que él en “Dance Crip” mientras tiró sus pasos de suffle.

Podríamos decir que el segundo show de Gorillaz arrancó parecido a su anterior visita en 2017, también en Tecnópolis, pero hubo un gran cambio sustancial. Éste no contó con la tormenta bíblica de aquella vez, y eso parece haber repercutido en las ganas de Damon Albarn, su crew y el público.

La intro furiosa de “M1A1” contrasta con “Strange Timez” con la voz de Robert Smith de The Cure desde las pantallas. Es en “Tomorrow Comes Today” que Albarn toca la melódica agregando el sonido ¿característico? de Gorillaz, mientras que durante el beat lúdico de “19/2000” empiezan a aparecer las entrañables figuras creadas por Jamie Hewlett como las conocimos en los 2000: 2D, Murdoc, Noodles y Russel.

Es difícil describir bien cuál es el punto que conecta al público argentino con la banda inglesa, todo se vuelve muy vivencial con el correr de los minutos. Sobre todo cuando Albarn baja del escenario a cantar “Pirate Jet” desde la valla, se pone una máscara como la que usa 2D en el video de “Stylo”, se saca una selfie con un celular random que manotea entre la multitud, y vuelve para cantar la hermosa “On Melancholy Hill” con su guitarra acústica.

El último acto del show es donde abrazamos un desmadre de sonidos, el afrobeat por parte de los percusionistas Remi Kabaka Jr y Femi Koleoso en “Dirty Harry”, la acaudalada voz de Michelle Ndegwa que dejó nos voló la peluca a todos en “Kids with Guns”, y Seye Adelekan marcando un pulso hip-hopero con su bajo en “Feel Good Inc.”.

La tan comentada aparición de Trueno para tirar barras fue en “Clint Eastwood”. “Desde Argentina llegamos hasta Inglaterra, por culpa de un micrófono ya no existen más las guerras”, rapeó trazando un hilo imaginario entre Buenos Aires y Londres. El puente entre dos mundos ya fue construido, y lo reafirmaron un joven freestyler argentino junto a un un histórico músico inglés sobre el escenario del Quilmes Rock.

Primer día de un Quilmes Rock que, si bien estuvo lejos de su mejor versión, intentó innovar en su curaduría y dejó un gran show de cierre con un momento histórico que se recordará por mucho tiempo.

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