Un sofisticado modo de mentir: Babasónicos en el Movistar Arena
El conjunto liderado por Adrián Dárgelos se presentó en el recinto de Villa Crespo en el marco de lo que continúa siendo la gira de Cuerpos VOL.1, su último trabajo de estudio.
Es el último viernes del mes de junio 2026. El frío cala hondo en la Ciudad de Buenos Aires y el viento azota en las inmediaciones de la cancha de Atlanta. Las tres o cuatro capas de ropa que visten los asistentes serán un incordio más tarde dentro del recinto. Sin guardarropas ni lockers disponibles, cada quien improvisa: camperones colgando de carteras, bufandas anudadas a riñoneras o cinturas.
Incordio siempre; obstáculo jamás. El ir y venir de la gente en la previa es constante y ecléctico en rango etario, aunque la nueva ola de jóvenes adeptos al conjunto, al menos en esta fecha, es mayoritaria. Es que el sonido de Babasónicos viene redoblando la apuesta en su juego electrónico, psicodélico y sensual especialmente en sus últimos trabajos de estudio: Discutible (2018), Trinchera (2022) y el más reciente, Cuerpos VOL. 1 (2025).
La cita del 26 de junio es la segunda de dos fechas de la banda en CABA, primera vez que Cuerpos desembarca en la ciudad porteña luego de recorrer el interior del país y algunas partes del conurbano bonaerense. La liturgia está programada para las 21 y comenzará sólo unos minutos después con “Revelaciones aparte”. “Siempre hubo un pasado injusto / sólo que este presente no se lo deseo a nadie / Puede que algunos la pasen bien / Pero otro asunto es negarlo” proclama Dárgelos en la última estrofa antes de adentrarse en la primera de muchas confesiones amorosas con “Tiempo off”, mismos temas que dan inicio al disco (aunque invertidos).

Tengo planes y persigo una visión
Babasónicos despliega una escena minimalista, pero potentísima que le canta retruco a la última puesta en CABA, en el Estadio de Ferro, en diciemebre 2025. Unas escalinatas con luces rectangulares que conducen a una suerte de “segundo” escenario donde estarán los músicos durante toda la noche, a excepción de Dárgelos, que jugará en todos los niveles de la enorme puesta; dos pantallas verticales y curvas cual columnas monumentales a cada lado del recinto; 10 luces fijas y rectas que funcionan como un encuadre de la banda sobre un fondo mayormente negro (y que, si se las mira rápidamente en la parte superior, recrean un efecto de cables tensores). Los tonos de luces son rojos y blancos en su mayoría, pero también hay momentos donde el verde y el azul se impriman sobre los cuerpos. Los juegos de luces láser atravesarán el campo de Movistar en varias oportunidades.
Adrián se mimetiza con la escena: viste con un conjunto holgado de tono plateado oscuro y flecos de colores en su cuello. Él es como un chamán de ceremonias, conoce muy bien el poder que reside en sus líricas y sabe cómo dosificar el magnetismo que ejerce sobre sus feligreses. Se mueve como ese chamán, aunque quizá la figura más precisa sea la del trovador: un rockstar juguetón a quien el correr del tiempo parece haberle jugado únicamente a favor. Quienes deciden abrir su costado más vulnerable y dejarse atravesar por su prosa lo saben. Por eso asisten a su ceremonia, porque quieren conmoverse. Quieren gustar y ser gustados, sentirse deseados, bailar y bailar.
El cortejo de la banda se desliza en una generosa combinación entre ocho de las diez canciones de su último disco y un gran puñado de clásicos, con una considerable presencia de temas de Mucho, probablemente uno de sus álbumes más eclécticos y que, en 2028, cumplirá veinte años.
“Pijamas” es la tercera canción del setlist y la primera en activar —aunque sólo un poco— los cuerpos de la pista. Siguen “Yo anuncio”, “Fizz”, “Las demás” y las consecuencias que no nos importan de “En privado”. “Puesto” fue la antesala del agite rockero que llegaría después con “Estoy rabioso”, un verdadero statement de rocanrol que no sonaba desde 2018 y que volvió a sonar en vivo hace apenas unas fechas. “Voy a escupirte entre los ojos / Te vaticino un futuro rojo, no vuelvo atrás porque estoy rabioso”, cantan los más adultos en el campo del Movistar. Y así, con el cuerpo rabioso y el calor empezando a subir a las mejillas, la gente comienza a desprenderse de más capas de abrigo para entrar de lleno en el juego de “Microdancing”.
El trovador de esta velada no escatima en contacto con su audiencia: sonríe a quienes ocupan la valla, hace muecas y busca complicidad. Agradece los aplausos, celebra estar ahí esa noche y, de paso, pregunta si “no tenemos un poquito más para él”: un poco más de ovación, de jolgorio.
Y claro que sí, claro que tenemos un poco más para él, así como ellos tienen mucho más para nosotros. Una santísima trinidad de Infame nos empuja a seguir moviéndonos: “Putita”, “Risa” y otra oportunidad de despeinar cabezas con “Once”. “El maestro” (tema inédito que formó parte del disco en vivo Impuesto de Fe, de 2016) bajó apenas las revoluciones cardíacas, pero permitió seguir en la tónica de la celebración popular. Porque después de todo, esto es sólo una fiesta popular.

Hagamos fuerza si la realidad nos puede
El anteúltimo tramo de la noche se viste del sonido más erótico y sintético de la banda: “Ideas”, “Advertencia”, “La pregunta” (el único de Discutible del setlist), “Labios apilados”, “Miau”, “Mimos son mimos”, “Paradoja”, “Bye bye” y “Maracuyá”, pero con uno de los picos más altos antes de retirarse a los bises con “Carismático”, y es que algunas noches (como la del 26 de junio de 2026) somos fáciles y no captamos límites.
Los músicos se retiran para una pausa de hidratación de unos cuantos minutos. El público, que durante buena parte de la noche se mostró contenido, acaba de saltar y corear un temazo. Y quiere más.
Pero primero, el regreso con la suave y tierna “Cocos”, una pieza de Cuerpos que pone a los coros de Uma Rodriguez en primer plano. Uma es siempre un deleite en escena, con sus movimientos y piruetas, con su entrega absoluta (lástima que, en esta oportunidad, se lo proyectó muy poco en las pantallas).
Lo mejor y más icónico queda para el cierre con “¿Y qué?” y “El colmo”, última oportunidad para que el público presente no escatimara en energía. Y por suerte, no lo hace: se fue lejos y se perdió en la bruma de una, dos, veintinueve canciones con la promesa del chamán de volver a encontrarse en el mismo templo dentro de apenas unos meses, en octubre.
Babasónicos se despide de un segundo Movistar colmado, consagrándose, una vez más, como una de las bandas más audaces y meticulosas de nuestra cultura musical.





