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¿El rock and roll pasó de moda?

El caso Fito enciende (una vez más) la mecha acerca de cómo se consume la música en estos tiempos. Y también trae la vieja e insoportable discusión acerca de qué sucede con el rock: ¿está muerto, más vivo que nunca o es una bella pieza de museo? Nos subimos a la ola.

Publicado

Fotos y Texto: ·Informes· | Sergio Visciglia |

Todo el mundo habló del Fitogate y su osadía de tocar su (hasta ese día) último álbum todo completo, la obra conceptual Novela, en uno de los tantos conciertos que viene haciendo en Movistar Arena con entradas completamente vendidas. Si bien avisó en sus redes un par de días antes, el público que agotó localidades varios días antes, posiblemente habrá ido a buscar sus clásicos, esas canciones del siglo anterior que todos sabemos de memoria, y que también tocó, pero en el segundo tramo del show.

Sonó Novela entero, contando su historia, con invitados y todos los chiches. A muchos la osadía del artista no les gustó. Y dentro de esos muchos, varios murmuraron, chiflaron y hasta después ¡se quejaron con la ticketera! Fito los escuchó y se las devolvió mientras sonaba “El amor después del amor”: “todos esos de atrás que silbaron antes, ahora los quiero escuchar cantar bien fuerte”. Debate comenzado. Las redes explotaron y, como no podía ser de otra manera, se pusieron o de un lado o del otro.

¿El rock está muerto?

Muchísimas aristas que van más allá de la anécdota puntual se desprenden para analizar esta actualidad de la industria musical dentro del entretenimiento. También el lugar que ocupa el rock, junto a esa discusión que tanto parece que nos gusta dar acerca de si el rock murió, si está más vivo que nunca, o si se transformó en algo así como una especie de pieza de museo.

De por sí, teniendo en cuenta datos a la vista, como por el ejemplo el de la plataforma Spotify que afirma que el 60% de los jóvenes escucha rock, o que Rock & Pop y La Mega están cuarta y quinta entre las radios más escuchadas, o que artistas como La Renga, Ciro, Los Fabulosos Cadillacs, Don Osvaldo, Babasónicos o Miranda! continúan llenando estadios, podemos afirmar que el rock muerto no está.

¿Está en su mejor momento? Estamos en condiciones de afirmar que no. El mainstream se encargó de relegarlo, las grandes novedades viajan entre el trap, el reggaetón y el siempre presente pop comercial. Los años de expansión que fueron los 80’s, la consolidación de los 90’s y los megafestivales rockeros de los 2000 post Cromañón se ven muy lejanos.

Lo viejo funciona

Nos queda escarbar entonces la tercera opción, la pieza de museo. El rock nacional ya es parte del folklore argentino, de eso no hay dudas. ¿Y qué es lo más común que tiene el folklore por definición? Su esencia conservadora, mantener la tradición, revivir los clásicos una y otra vez para que sobrevivan en el tiempo.

Exploremos un poco el Top 10 de los artistas de rock que más escuchan los jóvenes, según datos de Spotify de los últimos años: Babasónicos, Airbag, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Soda Stereo, Gustavo Cerati, Andrés Calamaro, Callejeros, Charly García, Intoxicados y Las Pastillas del Abuelo.

Cuatro bandas no existen más, un artista está muerto y otro ya no crea. Todos tienen más de 20 años de trayectoria. Las únicas bandas que comenzaron en este milenio son Intoxicados (2000) y Las Pastillas del Abuelo (2002). ¿El resto? Tres en los ’90, tres en los ’80 y dos en los ’70.

Todo perfecto entonces con el hecho de que los jóvenes sigan escuchando rock, pero van directo y sin escalas a lo clásico. Esto coincide con lo que pasa si tomamos al público en general y desde que aparecieron las plataformas: el Top 10 es casi igual, solo entran La Renga y Los Piojos, y salen Airbag e Intoxicados. Se podría decir que, al menos en plataformas, jóvenes y no tan jóvenes escuchan lo mismo a la hora de hablar de rock.

Una que sepamos todos

La gente quiere lo que ya conoce. La industria lo sabe, es más, posiblemente ella se encargó de que esto suceda. ¿Y entonces con qué novedades nos encontramos? Busquemos algunos ejemplos.

Miranda! revisitó todos sus hits con Hotel Miranda e invitó a artistas nuevos y no tanto a hacer feats. Resultado: Gardel de Oro, boom mediático y en las plataformas más estadios de fútbol agotados como nunca antes.

Turf volvió a la vida al usufructuar el perfil alto de Joaquín Levinton y para coronarla, ¿qué ofreció como novedad? Polvo de estrellas, propuesta idéntica a la de Miranda que acaba de ganar un Premio Gardel como álbum de banda de rock. Algo parecido hizo La Mancha de Rolando, aprovechando los 20 años de su álbum Viaje, y en 2024 Cachorro López utilizó su lugar en la industria para despacharse con Éxtasis total – Las canciones de los Abuelos de la Nada junto a artistas del momento. Más atrás en el tiempo nos topamos con un discazo con la misma receta: Pericos and Friends (2018).

Lo último de Divididos es su álbum de estudio de 2025, pero si scrolleamos hacia abajo en sus plataformas vemos ¡siete! shows en vivo entre 2016 y 2024, más la regrabación de su disco debut. ¿Y después que sigue? ¡Otro en vivo! Audio y Agua de 2011.

Algo parecido sucede con La Renga, donde encontramos seis shows en vivo desde 2017 hasta acá, rodeando a lo que fue su novedad de estudio Alejado de la red más algunas nuevas canciones que aparecen en la peli Totalmente Poseídos.

Hablando de shows en vivo, el propio Fito Páez se encarga de celebrar cualquier número redondo de sus álbumes más emblemáticos (¿acá entendemos un poquito más al público que lo va a ver?). Es una apuesta común (nacional e internacionalmente) rememorar por los propios artistas sus viejos clásicos que ya van cumpliendo veinte años en adelante.

Soda Stereo probó con invitados a través de una pantalla, con el Cirque Du Soleil, con el holograma de Gustavo Cerati y siempre llenó todo. Los Piojos y Tan Biónica volvieron a las pistas y agotaron todo escenario posible. El legado del Indio Solari y Los Redondos se convalida cada vez que Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado deciden hacer un show. Y así podríamos seguir…

Otras canciones

Aquel álbum de 1998 de Attaque 77 con covers fue un exitazo y tal vez el germen de todo lo que pudo haber venido después. Lo que fue una rareza, una novedad, un riesgo y toda una osadía en aquel tiempo, dos décadas después empezó a verse como confort, seguridad y éxito asegurado.

Esto es ¡FA! se convirtió en algo imperdible para el público cool, que le encanta ver artistas consagrados cantar clásicos de otros y así vemos a Milo J rompiéndola con un tema de Bersuit o Santiago Motorizado rockeando uno de Cristian Castro. En el marco de una comunidad, Migue Granados desde Olga le metió fuerte a los Cualquierartistaqueseteocurra Day.

El mundo de los locales de música y los bares con ofertas en vivo fue acaparado por bandas de covers. Incluso muchos lugares a lo largo del país solamente cuentan con bandas tributo, covers y homenajes.

Los propios artistas consagrados, incluso, aquellos que nos han regalado tantos hits durante toda su carrera, también se encuentran homenajeando a otros. Los Auténticos Decadentes, sí, los verdaderos reyes de la canción, los señores hits, tienen como último trabajo de estudio a ADN (2021, 22 y 23), una entrega triple de covers. ¿Qué le queda al resto si los Deca tienen que sacar covers?

También sucedió, para citar dos ejemplos más, con otra banda hitera, Los Tipitos, que, si bien no paran de sacar nuevas canciones, en 2017 editaron Rock Nacional. Hilda Lizarazu, hacedora de grandes clásicos con Man Ray, continúa girando con su exquisito Hilda canta a Charly.

Y los pibes que hacen otros géneros también toman al viejo rock nacional como vidriera. Wos la rockeó fuerte con su redonda “Luz delito”, Trueno agarró a “Mil horas” e invitó al mismísimo Andrelo, Lit Killah prendó el uopapauopa piojoso en “Neón” y Bizarrap y Milo J colaron “A Estos Hombres Tristes” de Almendra en su colaboración “Fruto”.

Ya no hay clásicos

Casi todos los hits a los que nos referimos son de la década de 2000 hacia atrás. ¿Cuál es el último megahit de rock? ¿Nos acordamos? Nada de pavadas, eh, hits de verdad, temas que se han vuelto clásicos. ¿Hay?

Retomemos a los Deca. Sus últimos grandes hits fueron “Amor” (2018) del unplugged, pero que es un tema grabado originalmente en el año 2000 (álbum, Hoy trasnoche); y “No me importa el dinero” junto a Julieta Venegas, grabado en vivo en 2012, pero editado originalmente en el disco Los colores del amor de Lia Crucet, también del 2000, que fue producido por Jorge Serrano. Una especie de autocover del más grande autor de hits del rock nacional.

Si de bandas hiteras se trata vamos a buscar, por ejemplo, a Los Fabulosos Cadillacs cuyos grandes éxitos datan del milenio pasado, los hitazos que queremos escuchar de Bersuit o Los Pericos son de cuando estaban sus cantantes originales (¡y ya pasaron más de 15 años!) y hasta La Mosca tuvo que reversionar un viejo hit (“muchaaaaaaaaaaaaachos”) aprovechando la ocasión para volver a tener repercusión como en la década de 2000.

¿Y las bandas que agitaron esa década dosmilosa a fuerza de La Mega y Pepsi Music? A duras penas encontramos que hayan vuelto a lanzar una novedad con la mitad de repercusión de sus hitazos de antaño. Turf, Los Tipitos, Estelares, Kapanga, La Mancha de Rolando. Incluso Miranda el año pasado pegó un megahit cuya canción fue lanzada ¡en 2009! “¿Quién es tu nuevo amor?”, le puede preguntar el rock a la industria mientras suena trap, reggaetón y un neo R&B (¿vieron que ahora a todo le ponen que es R&B?).

Soy Rock

Siempre parecieron existir dos caminos a la hora de encontrar la masividad dentro del rock nacional, los cuales muchas veces se cruzaban y otras tantas no. Por un lado, lo radial, el perfil alto, el estar en todos lados. Por el otro, el boca en boca, el aguante y llenar los lugares lo más posible.

Este segundo camino tuvo a Los Redondos, claro, como su máximo estandarte, pero vio otros artistas como La Renga, Los Piojos y muchas bandas que entraron dentro de aquella etiqueta del rock barrial. Los contestatarios años ’90 y la crisis de 2001 generaron emisores y receptores que se vieron reflejados en una esencia que también coqueteaba con los límites, los cuales se pasaron en aquel fatídico fin de 2004.

Mientras los festivales fueron el refugio para los artistas que estaban a punto de consagrase, decenas y decenas de bandas en crecimiento dentro del under chocaron contra un techo que nunca se abrió. Sucumbieron ante la falta de espacio, las clausuras y el abandono del mainstream que no quiso ni mirarlos de reojo.

Reconvertido, menos vertiginoso y con una impronta más “optimista”, ese rock que había sufrido la masacre de Cromañón y cierta indiferencia, volvió a encontrar un lugar en la década de 2010 gracias a la repercusión de bandas como Las Pastillas del Abuelo, Salta La Banca o la ola uruguaya liderada por No Te Va Gustar y La Vela Puerca.

El under volvió a poblarse, se llenó de bandas del estilo, se armaron grupos de whatsapp y todo. Entre la aparición de las plataformas digitales y la preferencia de la industria por nuevos o diferentes estilos, salvo algunas canciones excepcionales, el camino se forjó por fuera de los hits que conoce desde tu sobrinito de 5 años hasta tu abuela de 70.

Y en 2017 este rock encontró otro escollo debido a históricas prácticas machistas de sus actores que empezaron a visibilizarse. Desde la denuncia contra el cantante de Salta La Banca, la ola de denuncias se intensificó y este rock incipiente comenzó a desmoronarse. Si bien no pertenecían a este subconjunto, vale aclarar que las casos más graves fueron lo de Cristian Aldana de El Otro Yo y José Miguel del Popolo, quienes tienen una condena de prisión efectiva de 25 y 27 años respectivamente.

¿Rock, qué es eso?

“Un día un presidente de la Sony vio el cuadro de Alice In Chains en la puerta y preguntó quiénes eran. Le respondieron que eran los número uno y pidió que le sacaran de ahí a esos yonkis”, contó Sergio Rotman alguna vez en uno de sus tantos rallys por los streamings que metió en los últimos tiempos.

La anécdota expresa perfecto el cambio de época que asomó a fines de siglo. Con MTV como principal canal masivo, los ’90 fueron dominados por el rock en todo el planeta. Los jóvenes rockeros encabezaban los rankings, vendían millones y llenaban estadios de todo el mundo. Pero todo cambió desde 1998. El pop volvió a ganar terreno y los artistas más “obedientes” coparon la cima en desmedro de los rockeros peligrosos, drogadictos, contestatarios y rebeldes.

La industria empezó a correr al rock hacia un costado y cada vez hubo menos lugar para nuevos actores en el mainstream mundial, en la verdadera cima que es solo para unos pocos. El pop volvió a tomar un poder que nunca había perdido del todo, el hip hop se consolidó, apareció el trap, el R&B volvió más edulcorado que nunca y el reggaetón pasó de ser un género para bailar a tener exponentes con predominancia mundial, ganadores de grandes premios y respetados musicalmente. El rock se mantuvo firme, pero con los viejos actores que pasaron al pedestal de clásicos.

Volvemos a la discusión inicial. El rock es una especie de pieza bien valorada de museo, pero la moda no va al museo. El camino mundial de la industria musical fue, con variantes y con algunos retrasos, casi idéntico en Argentina. Y los números de 2025 lo corroboran: los artistas nacionales más escuchados fueron Un Poco de Ruido, Duki, Q’Lokura, Emilia, Milo J, Luck Ra y María Becerra. ¿Rock, qué es eso, música de viejos?

Todo por el algoritmo

Intro, estrofa, puente, estribillo, estrofa, estribillo, solo, estribillo. La fórmula perfecta de la canción rockera parece quedar antigua en la actualidad. Ni hablemos entonces de todas las variantes un poco más osadas. Hoy esperar un minuto hasta el estribillo es una pérdida de tiempo que el mundo del algoritmo no está dispuesto a aceptar.

Que pegue en los primeros tres segundos para que el usuario no pase al próximo video en Instagram o Tik tok. Que arranque con el estribillo así se escucha al menos treinta segundos en Spotify y no pasen al siguiente tema en la playlist. Que el clip muestre algo copado en los primeros cinco segundos así no se salta la publicidad de Youtube.

Así vivimos hoy en estos tiempos efímeros en los que estamos apurados para poder ver el siguiente video viral con el que nos topemos. Si en el medio de gatitos, chivos, bailes de personas random, boludeces de Milei o algún “¿sabías qué?” nos meten algo de música, más les vale que pegue de entrada porque no tenemos paciencia y queremos seguir viendo otro videíto que nos vamos a olvidar mañana. 

“Todo lo están filmando, todo lo están fotografiando”, cantó Jorge Serrano a modo de crítica en su álbum solista ¡de 2010! Siempre como público quisimos ser protagonistas, algo de esto tuvo que ver, salvando las distancias, lo que nos sucedió en Cromañón. Hoy el protagonismo es virtual. Filmamos, foteamos, para mostrar que estuvimos ahí, que fuimos parte, y para que suba la dopamina cuando se prendan esos comentarios y esos likes.

Por eso queremos que Fito cante “La rueda mágica” y no algo de su nueva obra que es aburridísima, porque nosotros no la conocemos y nuestros contactos mucho menos. Así que, dale Fito, no seas descarado, ¿cómo vas a tocar tu material más nuevo en vivo y no los clásicos que vinimos a escuchar? Nosotros no te queremos a vos ni a lo nuevo, porque nadie nos presentó lo nuevo, nos quedamos con lo último que la industria quiso que consumamos y que nos encantó. No te salgas del plan. No te hagas el rockerito.

No… Hay… Plata…

No vamos a caer en qué es rock y qué no. Además, si vamos al caso, varios no rockeros demostraron tener mucho más rock que aquellos que terminaron más pomelizados que otra cosa.

Pero digamos todo. Aquellos nueve River de Roger Waters en 2012 fueron el momento perfecto para empezar a darnos cuenta de que a los grandes conciertos va más el que puede que el que quiere, y va más el que va porque hay que estar presentes que el fanático de toda la vida.

Así como en los partidos de la selección de fútbol argentina no se canta porque el futbolero no suele ser partícipe, así como en los mundiales los ricos viajan y van a la cancha mientras el pueblo mira por la tele los partidos y por las redes cómo los influencers, famosos y millonarios los disfrutan en vivo, con la música puede pasar algo parecido.

Hace 20 años atrás las entradas para el Pepsi Music salían 35 pesos en fecha nacional y 75 pesos en fecha internacional. El salario promedio rondaba los 1800 pesos, por lo que una entrada significaba el 2% o el 4% del sueldo según la fecha respectivamente. Si nos situamos en el Quilmes Rock de 2025, el precio de la entrada para un día fue de 90 mil pesos ante un sueldo promedio que a fin de año rondó el millón trescientos mil, dando como resultado un 7% del salario. Si nos vamos al plano internacional y nos situamos en una fecha del Lollapalooza de este año, el precio ascendió a 200 mil pesos por día, un 15% del sueldo promedio. Las diferencias son considerables.

El público que va a los recitales de rock es, por cuestiones lógicas de época, mucho más grande que el que iba en décadas pasadas. Básicamente porque en muchas ocasiones son los mismos. Los grandes artistas están en ese museo, no solo por todo lo que venimos contando, si no (y tal vez sea la razón principal) porque tienen más de 40, más de 50, más 60 y algunos hasta más de 70 años.

Y la gente también, claro. Porque además de ser los viejos fans, también son los que tienen el poder adquisitivo para pagar entradas caras y porque, aunque no sean fans, conocen todas esas grandes canciones que hicieron historia. Tal vez nunca los habían ido a ver en su juventud, qué mejor oportunidad que ir ahora, tranquis, al Movistar Arena, tomarse una birra en los localcitos, picar unas papas, mirar el show relajados y después comer alguito en El Imperio. Planazo. Que en pareja no baja de las 200 lucas, pero planazo al fin.

¿Hay lugar para los jóvenes en el rock?

¡El rock está vivo! Si está lleno de bandas de pendejxs que hacen rock. La rompen. Autos Robados, La Grecia, Dum Chica, Camionero, Winona Riders y varios etcéteras. Están buenísimas, llevan mucha gente, pero la cantidad no hace a la masividad. Algunos Niceto, otros Vorterix y no mucha más capacidad. Hermoso, pero no podemos hablar de masividad. ¿Tienen lugar para más?

Análisis facilista, pero real: los años ’70 fueron puro descubrimiento; en los ’80 se vivió la primavera rockera y democrática, las nuevas bandas se sumaron a las de la década anterior que se fueron transformando; en los ’90 fue la consolidación, convivieron las bandas de las tres décadas en perfecta comunión, hubo lugar para todas.

Pero llegaron los 2000. Con la crisis de 2001, con el post Cromañón golpeando, las bandas de los 2 mil se pudieron colar mientras seguían copando los festis y las radios las bandas de las décadas anteriores.

En la década de 2010 todo fue más difícil, seguían vigentes las bandas de los 2 mil, las de los ’90, las de los ’80 y alguna que otra de los ’70. Las bandas nuevas habían chocado contra la falta de locales para tocar y contra el poco lugar que les dio la industria, más interesada en seguir confiando en los éxitos ya conocidos que en los artistas por descubrir.

Algunos artistas emergieron, el indie encontró su lugar y estilos rockeros como el de Eruca Sativa, con mujeres al frente, tuvo su momento. Incluso Marilina Bertoldi cerró la década pasada ganando el Gardel de Oro, premio de la industria nacional por excelencia. “Aguante el rocanrol y los homosexuales”, dijo la menor de las Bertoldi en los recientes premios, demostrando junto a su música que es una de las pocas “nuevas” referentes del género con algo para decir.

El Mató a un Policía Motorizado, Conociendo Rusia, la propia Marilina, Las Pastillas del Abuelo, El Kuelgue, El Plan de la Mariposa, todos artistas con gran repercusión en la actualidad que coquetean con lo que llamamos ampliamente rock nacional, son todos +35 y varios ya +40.  Algunos hacen estadios, otros micreoestadios, otros locales medianos y todos participan de los grandes festivales. Al menos por edad están más cerca de lo clásico que de la novedad. 

Somos el nuevo rock and roll

“El rock and roll pasó de moda”, canta con toda razón y hasta con cierto alivio Bestia Bebé. Todos sabemos que quienes más consumen fielmente son los adolescentes y los jóvenes. Por más que letras de hace 40 años estén más vigentes que nunca, ¿qué tanto pueden interpelar artistas de 60 años edad a pibes y pibas de 15? Tienen la edad de sus padres o incluso de sus abuelos.

A los pibitos les puede encantar de todas formas, pero, volviendo a lo de siempre ya en esta nota, los van a mirar como una pieza de museo, hermosa, pero de museo al fin. La música de sus tíos, de sus padres, de sus abuelos, ni siquiera de sus hermanos mayores.

En ese poco lugar que iba quedando para artistas emergentes rockeros, los pibes fueron encontrando algo en el pop, en el indie, y también en otro lugar físico como las plazas, para meterle a las rimas y al freestyle, para cambiar el paradigma de ese under, para hacer algo completamente distinto, con solo un mic, compus, con poca melodía, con pocas armonías, pero con su esencia.

El trap, el rap, el hip hop, el R&B, el pop, el reguetón y demás variantes copan la escena con pibas y pibes de veintipocos. Y sí, pibas y pibes de su edad o más chicos se sienten reflejados, los consumen, los likean, le dan reproducciones y los hacen llenar estadios. El mundo globalizado hace el resto y explotan a nivel mundial. 

Los +35 no lo podemos creer. Despotricamos, no entendemos nada. Entonces decimos que la nueva música es una mierda, que lo bueno era lo de antes, que esto es rock, esto no es rock, como si el rock siguiera siendo el que maneja la vara de la medición.

No, no lo hace más. Pero no murió, tampoco está más vivo que nunca. Está ahí, con su poder histórico, con su grandeza de ser un clásico, como una pieza de museo que se visita y se disfruta, por grandes nostálgicos y por chicos curiosos. Y lo hace dentro de estos tiempos, dentro de esta actualidad tan extraña, tan difícil de sobrepasar, en la que la impaciencia, el ensimismamiento, lo efímero, el capricho, las ganas de confrontar y la falta de atención son moneda corriente. Para chicos y para grandes.

Nos vemos en lugares donde suena el rock. O no.

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