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Eruca Sativa: “Mientras la música esté por encima de todo, seguiremos adelante”

El baterista Gabriel Pedernera habla sobre la historia y el presente del power trío que celebra su decimoquinto aniversario.

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Para Gabriel, compartir escenario, un ensayo, una zapada o una prueba de sonido con la guitarrista Lula Bertoldi y la bajista Brenda Martin es algo imposible de igualar. Lo define, palabras más, palabra menos, como una sensación impagable. “Pasamos momentos buenos y muchos otros malos, pero somos una familia. Nos seguimos eligiendo, porque hay algo que sucede, que va mucho más allá de lo individual. Mientras la música esté por encima de todo, Eruca Sativa seguirá adelante”, asegura el baterista, a pocas horas de celebrar el decimoquinto aniversario del power trío en el Estadio Obras.

-Cinco años después, vuelven a Obras. 

-En aquel momento no lo conocía ni como público. No llegué a la etapa en la que era el Templo. Y sí, tenía algo distinto, era un lugar fuerte. Sentías que algo había quedado impregnado en las paredes, escuchabas el rebote de la música que se tocó ahí. 

-¿Y cómo fue ese show debut? 

-Uno muy distinto al de hora. Era más heavy, porque presentamos Barrio y Fauna. El repertorio de ahora tiene matices. Es más integral, abarcativo e interesante. Tiene momentos que son re intensos, con “Creo” o “Tanto”, canciones donde se genera algo tribal entre la gente. 

El diciembre del conjunto también incluye el inminente lanzamiento de Doppelgangër, su primer disco de versiones, y el cierre del tour en su Córdoba natal con un doblete. “Si bien hay un contexto general que no nos ayuda en lo personal ni en lo profesional, el balance de 2022 es muy positivo. Siempre, pero siempre, las cosas son como tienen que ser. Así que las celebramos y vivimos con alegría”, reconoce Pedernera y enlista algunos hitos de la temporada: la nominación a los Grammy Latinos, el paso por algunos de los festivales más reconocidos de la escena (Cosquín Rock, Quilmes Rock y el mexicano Vive Latino) y el concierto en el CCK, posteriormente editado como Eruca en la Ballena

“A principio de año, en vez de salir desesperadamente a tocar, nos preguntamos: ‘¿por qué no nos relajamos un poco y pensamos en hacer un disco y buenos shows?’. Estuvimos en muchos lugares e hicimos un montón de cosas. No es que nos tomamos un año sabático, fue con precaución. Obviamente, todo el mundo necesita laburar, porque fue muy duro lo que vivimos, pero en un momento sentimos que la post-pandemia nos llevó a una vorágine peor que la de 2019. Por eso, tratamos de disfrutar y no vivir tras una zanahoria. Hubo años que fueron así, de vamos y vamos. No importa dónde, pero vamos”

-¿Cuánto costó autoimponerse una pausa?

-Cuando venís de abajo y te faltó el laburo un montón de veces, es difícil decirle que no al que te ofrece un trabajo: ya sé que todas las bandas están girando y que todo el mundo está tocando un montón y que los festivales se están abriendo. Lo sé. Toquemos, pero no hace falta tanto. A medida que uno se va poniendo grande, empieza a valorar mucho más el tema de pasarla bien, te das cuenta que a veces hay que parar y cagarse de risa un rato. 

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