¿Puede una banda seguir reinventándose sin perder el miedo a sonar distinta y, al mismo tiempo, sonar más a sí misma que nunca? La respuesta es un rotundo sí. Cuerpos Vol.1, el decimotercer álbum de estudio de Babasónicos, no es sólo la continuación natural de Trinchera (2022), es salir y lanzarse con un aire de vuelta a las raíces.
Nueve canciones, cero relleno, producción impecable y un sonido que se mueve con la soltura de quien ya no tiene nada que demostrarle a nadie, pero igual decide romperse el alma para seguir sorprendiendo.
Desde el arranque con “Tiempo Off” queda claro el nuevo territorio: batería medio tiempo, un riff de guitarra que se clava como un gancho y la voz de Dárgelos en modo seductor-cansado, pidiendo un break del mundo. Hay algo de New Order en esa línea de bajo hipnótica y en la forma en que los sintetizadores se deslizan sin apuro, como si Joy Division hubiera sobrevivido a los 80, se hubiera mudado a Buenos Aires y aprendido a bailar.
“Revelaciones aparte” sube la potencia: rock clásico con esteroides electrónicos, guitarras que recuerdan al Madchester pero filtradas por el sonido Babasónico, ese que convierte todo en algo oscuro y sexy a la vez. “Maracuyá” y “Cocos” se van para el lado tropical-perverso, con percusiones que evocan el lado más hedonista de los 2000 (piensen en el Unkle de Psyence Fiction o en ciertos pasajes de Goldfrapp en Black Cherry), pero con la acidez lírica marca registrada: “Cuerpo, pulpa, maracuyá”.
El primer single “Advertencia” ya lo conocemos, pero dentro del disco gana todavía más fuerza: es el momento en que Babasónicos suena a la vez retrofuturista y contemporáneo, como si Depeche Mode hubiera producido a Primal Scream en el año 2001 y después hubieran invitado a Dárgelos a ponerle la voz.
“Miau” tiene un bajo gordísimo, una guitarra sutil y una letra que parece escrita con el dedo en el sudor de un vaso de fernet en un bar. Puro post-punk bailable perfumada y esa actitud de “me importa muy poco lo que pienses” que sólo ellos manejan tan bien.
El cierre es interesante y potente. “Labios apilados” trae un órgano pegadizo, “Mercado blue” hipnotiza con sintes y guitarras que se contestan. “Mi propia música” funciona como manifiesto y hit instantáneo: “No quiero perder mi propia música / en el laberinto de la soledad”. Es Babasónicos defendiendo su esencia con la misma elegancia con la que la mutan.
Cuerpos Vol.1 no es un disco nostálgico; es un disco que toma lo mejor de los 80 y los 2000 (esa mezcla de melancolía bailable, de sintetizadores fríos y guitarras calientes) y lo lleva a 2025 sin que suene forzado ni vintage de cotillón.
Babasónicos no sólo sigue vivo: está más vivo que nunca. Y suena a futuro sin renunciar al pasado. Brillante, otra vez.