Horvilleur agarra el funk, el r&b y el pop más sensual, los tiñe de violeta y los convierte en la banda sonora perfecta para sobrevivir al fin del mundo moviendo la cintura. “Mi Año Gótico” no es un disco para llorar en la oscuridad; es un disco para bailar encima de los escombros.
Octavo álbum solista, producido con precisión quirúrgica, es un viaje de diez tracks sin pausas donde la melancolía se disfraza de groove y la ironía se vuelve combustible.
Arranca con“Supersuave” y ya no hay vuelta atrás: un bajo que camina como Chromeo en un after interminable, vientos que suenan a Tower of Power con esteroides 2025 y la voz de Emma en modo crooner que te agarra de la nuca y no te suelta.
“Elástico” sube la temperatura con sintes que huelen a Beck en Midnite Vultures y un groove que cualquier seguidor de Jamiroquai le daría el pulgar hacia arriba. Después viene “En la moto” con Julián Kartun: r&b lo-fi, íntimo y oscuro.
“Tu cara de culo” es el golpe bajo: guitarra funk marca Nile Rodgers y una letra que te cachetea con una sonrisa. El centro emocional llega con “Caetano”, junto a Fito Páez: una canción elegante y poética. “Ya es tarde” con Alex Anwandter se pone synth-pop melancólico. “Santo Domingo” reúne a Ale Sergi y Javiera Mena en un hit disco. Y el cierre, “Te quise enamorar”, es una balada que ya no suplica: se despide con la frente alta y el ritmo que todavía late.
“Mi Año Gótico” es un disco que no pide permiso. Es un trabajo que abraza la oscuridad, la convierte en sudor y luces, y te deja con una sola certeza: aunque el año haya sido gótico, vino a hacerte bailar mientras todo se cae. Y lo logra.