La Renga en el Parque de la Ciudad: Honestidad y memoria
La Renga volvió al barrio con su banquete familiar, enérgico y con conciencia social. También lanzó una advertencia: “el león tiene hambre”.
Domingo de Pascuas. Almuerzo en cualquiera de las tantísimas familias rengas. Se comen fideos, se ríe, se toma algún vino, o tal vez agua si hay que apagar el incendio de la noche anterior, aunque ya estamos grandes para volver esquivando charcos como en aquellos viejos banquetes.
“¡Lo bueno que estuvo el show de ayer, como siempre! La Renga nos recibe siempre de maravillas, nos hace felices y además nos cuida”. Más o menos así, los rengos cuentan con entusiasmo todos lo vivido mientras mojan el pan en la salsa.
Bienvenidos al banquete
La noche del sábado 4 de abril empezó de día para aquellos que abrieron las puertas del Parque de la Ciudad y fueron recibidos por el bajista y anfitrión Tete Iglesias junto a su eterna sonrisa. También para quienes fueron llegando desde todos los puntos del país en bondi, auto, uber o premetro. Un fernet, unas birras, algún fasito. El humo de los choris, de los patys, de las bondios, hacía picar el bagre. Ni hablar esos inefables sánguches de salame y queso gigantes. Otra birra, otro fernet, otro fasito. Y unos blues de La Mississippi para entrar calor.
Familias. En cada banquete hay más familias que entre todas conforman una sola. Mientras seguían ese faro iluminado que es la torre del Parque (monumento histórico de la ciudad), mientras rodeaban la ex Villa Olímpica de la Juventud, mientras atravesaban los juegos abandonados que tanto brillaron hace varias décadas; las miles de personas comenzaron a poblar el predio luego de atravesar cinco controles de entradas más un minucioso pedido de documentos por parte de la policía de la ciudad. Lo bueno de esto último es que los laburantes que viajaron en bondi el sábado de Provincia a Capital zafaron por un día de que los polis de Jorge Macri se subieran a perseguirlos, estaban ocupados en el parque.


Viejas historias y las mismas calles
“El viaje empezó hace rato”, terminó de advertir la intro grabada con la voz de Chizzo y arrancó a sonar “Buena ruta, hermano”. Al toque, dos clasicazos como “El ojo del huracán” y “Cuando vendrán” impregnaron de calor la fresca noche de otoño.
Entre canciones de todas las épocas se rescató del cajón de los recuerdos “Embrolos, fatos y paquetes” con una letra tan actual que asomó un posible nuevo hit desde el campo: “Manuel Adorni, la puta que te parió” (“Puro nervio el fanfarrón al fin mostró la hilacha (…) otra vez la misma vieja historia”). Por su parte, “El rito de los corazones sangrando” es otra histórica que cada vez que suena respira mucho en el pecho.
Manuel Barrios, de la Orquesta Típica Fernández Fierro, fue el primer invitado de la noche con su bandoneón en “Mujer del caleidoscopio” y “El twist del pibe”. Minutos después Chizzo Nápoli iba a dedicar “Me hice canción” (no sonaba en vivo hace más de 20 años) a su autor, Fernando Vera, y más tarde también sonaría la melancólica y maravillosa “Voy a bailar a la nave del olvido”. Lugano, la Perito, Pompeya y Mataderos decían presente. “Qué lindo, estamos justo en los barrios donde hablan estos temas”, exclamó el cantante con una sonrisa nostálgica.
Motoralmaisangre
La Renga tiene esas canciones en las que ya sabemos que la cosa se va a poner bien rabiosa. “Estalla” es el máximo ejemplo de la calma que antecede al huracán con todos deambulando como zombies mientras esperan que estalle el mundo; “Bien alto”, además de ser de los mejores temas de la discografía, tiene el solo de armónica de Manu Varela que apuna de locura y eriza la piel; siempre se enciende fuerte el campo cuando la ruta sigue más allá de las luces de la autopista; y claro, ni hablemos de “El viento que todo empuja” cuando pasa del reggae a todo eso, todo eso…
La última antes de los bises fue “El final es en donde partí” con un invitado de lujo: el Tano Marciello. Chizzo nos contó que pasaba por ahí a saludar y lo subieron a tocar. No se notó. Tanto oficio tiene el Tano con su guitarra que interpretó la canción como si la hubiera tocado toda su vida.


Honestidad y memoria
Luego de dos horas y media de canciones “El revelde” inauguró el último bloque y “Panic show” terminó con la pregunta previa de cada banquete: ¿hoy la tocan o no la tocan? “Atención Javier, el león tiene mucha hambre”, advirtió el cantante mientras explotaba su solo de guitarra.
“Oscuro diamante” ocupó el penúltimo lugar antes de los seis minutos más emotivos, enérgicos y épicos que pueda tener un recital de rock. “Nos vamos como siempre, hablando de la libertad”, y el Tanque Iglesias repicó bien fuerte. Con los primeros acordes aparecieron en las pantallas las consignas “Nunca más”, los 50 años de memoria, el homenaje a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y también el recuerdo de que hay que defender los glaciares de nuestro país.
Antes de este último tema Chizzo saludó al público, agradeció por tantos años compartidos y recordó que todo estaba a disposición para que la gente volviera a sus casas con tranquilidad. “Mañana cuando coman los fideos con la familia cuéntenle lo lindo que la han pasado acá”, sugirió. Y acá te estamos haciendo caso, querido Chizzo.






