EL Kanka pone “La Calma” con su nuevo disco
El músico vuelve con La Calma, su séptimo álbum compuesto por diez canciones que exploran diversos sonidos.
¿Y si la verdadera rebelión hoy fuera simplemente parar y respirar?
El Kanka agarra rumba con sabor a calle malagueña, bolero que se clava en el pecho, ska que rebota como pelota de barrio y folclore latino que llega sin pedir permiso, los rocía con ironía que pica y cura al mismo tiempo, y los transforma en la banda sonora ideal para cuando el vértigo diario te obliga a elegir: seguir corriendo o sentarte un rato a vivir.
“La Calma” no es un álbum de autoayuda light; es más bien un golpe tierno al acelerador, para bajar marchas bailando en la cocina o tarareando en el bus.
Séptimo disco, diez canciones sin relleno, producido con mano artesana por Carlos Manzanares, que deja todo limpio pero con alma.
Empieza con “La Calma” que es una reivindicación del sosiego. “La apuesta” prende fuego con rumba de aires brasileños y un estribillo dulce. “Los compadres” es un canto a la fraternidad. Mucha cuerda de nylon, mucho color que abraza la amistad que sobrevive al tiempo. “Pensando en ti” inicia con las primeras notas de “I Am the walrus” de los Beatles y luego inicia un camino entretenido de bolero, ska y guiño para los amantes de los cuatro de Liverpool y al vacío de extrañar. “Ansiedad” enfrenta el monstruo actual con rabia y una ventana de esperanza. Frases como “es un baile con la muerte, es un velo en el presente que solo se deshace si se le mira de frente”. Después surge “Limpieza general” que convierte en verso el amor. Los vientos que emergen al final de la canción son brillantes. “He dicho que no” aprieta con riff de aire nórdico y la dura verdad de no saber decir basta.
“Pasitos benditos” rumbea la historia real con Guada, su musa argentina que compite en poesía y vida; “Las ganas” nos lleva a tomarnos un antidepresivo puro con frases como “qué ganas de seguir siguiendo”; cierra “Le pasa solo al resto” pegajosa, con la banda en coro góspel simulado y un saludo pícaro a la muerte que le quita dramatismo.
Si bien tiene un sonido a Silvio Rodríguez en verso hondo y comprometido, a Javypablo (quienes colaboraron en canciones con El Kanka), tiene un sello especial que se esfuerza en no imitar porque transforma lo cotidiano. Habla del amor sin posturas, la ansiedad que aprieta, la amistad eterna, la muerte que toca a todo y hasta en algo que duele bonito, sana y te aplica una inyección de tranquilidad. Luminoso sin ingenuidad y crudo sin tristeza.

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