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Javier Montalto: “Este disco representa orgullo, placer y fuerza”

El segundo material de estudio del músico mendocino, 10 Minutos frente al espejo, fusiona elementos indie folk con rock y cuenta con la participación de Lula Bertoldi e Hilda Lizarazu.

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Javier Montalto es un artista multifacético de larga trayectoria, primero detrás de la batería y después al frente del escenario, ya como cantante. Además de ser sesionista y productor, su recorrido incluye muchas bandas de rock en su Mendoza natal y un paso por el mundo del folclore: entre 2008 y 2016, formó Chocogüon, dueto con el que hizo dos discos, uno inédito y el otro autotitulado y producido por Lisandro Aristimuño. Tras la disolución del proyecto, sin perder el tiempo, preparó su álbum debut en solitario, El Hombre Elefante (2017).

Sin encuadrarse estrictamente en una raigambre tradicional, aquel trabajo contiene una marcada influencia folclórica por su innegable ambiente intimista y una profundidad notable, donde deja clara su impronta: “La batería me encanta, pero cantar… no hay comparación con ningún otro instrumento. Es muy directa la cosa, es energía que va y vuelve todo el tiempo”. Es algo que también destacan de sus vivos, dada la identificación del público con sus letras. Aunque aclara: “En realidad, son canciones que las escribí para mí. Nos pasan las mismas cosas”.

Durante el trajín de presentaciones, alrededor de 2019, aparecen algunas de las canciones que conforman el segundo larga duración. El encierro obligado frenó la máquina, pero no del todo. Continuó con la creación del material de estudio y hasta tuvo una sesión de fotos virtual dirigida por Nora Lezano, a 1200 kilómetros de distancia, para el arte de tapa.

¿El resultado? 10 Minutos frente al espejo (2022), un LP que, entre otras, tuvo la influencia de dos ciudades. “Es parte de lo que buscaba, que el disco sea un poco más arribaTiene que ver con Buenos Aires, puntualmente con San Telmo, porque toda la parte de la producción y la mezcla la terminé acá”, reconoce sobre la impronta que le imprimió al trabajo y la manera en que distribuyó el proceso creativo.

Tras escuchar el reciente material, puede apreciarse un espectro sonoro que continúa el ambiente folk de su antecesor, pero con matices. El rock está un poco más presente en los arreglos instrumentales. “Me divierte y lo necesitaba”, confiesa. “Quería sumar algo de energía, porque también soy fan de MetallicaLos RedondosLa Renga. Desde adolescente escuché mucho esa música”, aclara.

Entonces, ¿cuál es el punto de inflexión entre los géneros? “El folclore. Me abrió la cabeza, toqué la bata para grupos durante cuatro o cinco años y es muy distinto”. Durante aquella etapa de acompañamiento, participó de festivales provinciales en los que estuvo frente a más de 25 mil personas, experiencia que lo cautivó y marcó permanente en su metodología de composición.

En este flamante trabajo, participan dos invitadas estelares: Lula Bertoldi e Hilda Lizarazu, quienes sumaron voces en “Sobrenatural” y “Valiente”, respectivamente, que fueron adelantadas entre 2020 y 2021. Una experiencia que resultó muy significativa, según confiesa. “A Lula la conocí en 2019 y pegamos onda ahí nomás. Es increíble porque es una mega estrella del rock argentino, pero es muy humilde”, dice.

De acuerdo al mendocino, la cantante y guitarrista de Eruca Sativa fue un sostén importantísimo cuando llegó a Buenos Aires, porque acá te sentís un poco solo. La ciudad es muy grande, hay mucho de todo y no sabés por dónde arrancar o con quién hablar”. Y enfatiza: “Que alguien como Lula te trate como a un par, te da mucha fuerza para seguir”.

Una vez que las medidas sanitarias aflojaron, el ex Chocogüon dejó su tierra y se instaló en el casco histórico porteño. Llegar a una ciudad tan enorme y caótica puede resultar una experiencia abrumadora. El cantautor matiza esta idea: “Me parece que estuve abrumado por mí mismo, porque soy medio dramático y tremendista”. Y aclara: Llego a un lugar y ya estoy pensando en que tengo que salir a hacer algo por mi música. Las cosas tienen sus tiempos naturales y a mí me cuesta seguirlos”.

El productor cuenta que antes le ocurría lo mismo -fue “tiempo atrás”– y que en Mendoza “hizo todo lo que podía hacer”. Hasta un ciclo televisivo semanal, La música que nos crió, creado enteramente durante el encierro y en el que versionaba clásicos del rock argentino. “Fue muy divertido. Era en el bar de un amigo, donde vivimos durante la pandemia. Yo dormía en el escenario o en el camarín”, rememora. El programa, ciento por ciento artesanal, tuvo ratings altísimos en la audiencia local durante el 2020.

En los intervalos de la producción audiovisual, siguió la creación de un cúmulo de canciones que después quedarían en 10 Minutos frente al espejo. Pese al aislamiento, Montalto refuta la idea de hacer un disco solo y acota desde su costado como productor: “Siempre laburé así, me siento cómodo. Ahora con la compu grabo los instrumentos o las maquetas, después se los paso a los músicos para que las toquen”, afirma y completa la idea: “Por eso digo que no lo hago solo. Me gusta que, los que se dedican a cada instrumento, toquen. En algún punto, se nota si lo toco yo”.

Esa faceta se diferencia, obviamente, cuando se trata de otro artista o de una obra de su autoría. “Mi disco se vuelve casi como un momento de reuniones, así como nosotros estamos hablando acá, podríamos estar grabando algo”, explica, a la vez que agrega: “No lo siento como una producción, sino como parte de mi vida”. Un proceso que muestra una fluidez y naturalidad que se pueden apreciar cuando se escucha el producto terminado.

El encierro no supuso un cambio significativo en la creación de esta entrega. Detalla: “Si bien no podía salir, nunca fui un tipo que necesitó irse al campo para componer, escribo muy para adentro. Lo que te pasa ocurre acá o en cualquier lado”. Parece un álbum demasiado profundo, pero él disiente: “Yo lo veo como un disco super optimista, más allá de lo que está diciendo. La primera canción, ‘Tal Vez’, muestra que hay alguien que está viendo la salida, que te quiere rescatar, que te puede sacar de ahí”. La apertura, planteando una interrogante desde el título, nuevamente reluce el rol de productor que ya lleva totalmente impregnado en su forma de trabajar: “Me pareció genial que arranque con alguna pregunta”.

El optimismo se vincula con los descubrimientos que trajo la producción del trabajo: “Reafirmé que la creación no se acabatambién que no es casualidad que haga música, porque es una confirmación de que esto es lo que soy. Este disco representa orgullo, placer, energía nueva y fuerza”. Dicha energía es la que impulsará a Javier Montalto a “tocar lo máximo posible” en el futuro cercano.

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