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Dean Wareham en Niceto: el único lugar seguro del mundo

Dean Wareham volvió a Buenos Aires después de 25 años y tocó los clásicos de Galaxie 500 y Luna en un Niceto que recordaba crisis pasadas mientras marchaba por las presentes. Fue una noche de trance, covers y política en voz baja.

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Algunos regresos se miden en años, otros se miden en cicatrices. Lo de Dean Wareham en Niceto Club tuvo de ambos. El líder de Galaxie 500 y Luna no pisaba suelo porteño desde aquel convulsionado 2001, un detalle que él mismo se encargó de desempolvar: No veníamos desde el 2001, cuando no se podía sacar plata de los bancos. El fantasma del corralito sobrevoló Palermo como un eco que rima peligrosamente con el presente, más que como una anécdota lejana.

Esa conexión con la realidad argentina no se quedó solo en la guita. Casi al cierre, con la emoción alta y como quien no quiere la cosa, Wareham deslizó la pregunta: ¿Fueron a la marcha?. No sonó a eslogan, sino a una especie de reconocimiento. Dean, que parece tener el termómetro social afinado, sabe que su música siempre ha sido refugio en tiempos de crisis.

La nostalgia como territorio creativo

Aunque Wareham editó material solista recientemente —That’s the price of loving me (2025)—, el show fue un viaje de nostalgia 100% purificada. El formato de power trío —con la magnética Britta Phillips al bajo (su compañera de vida y cómplice eterna desde los días finales de Luna) y Roger Brogan en batería (Sonic Boom, Spectrum)— le da otra musculatura a los clásicos. No hubo lugar para su repertorio solista ni para el proyecto Dean & Britta; la noche le pertenecía a los himnos de Galaxie 500 y Luna… y también a los covers.

El show arrancó con “Flowers”, la canción que abre Today (1988). Funcionó como una lanza circunvalando el recinto, instalando desde el primer instante ese trance de guitarras líquidas que es marca registrada de la casa. Todavía sin saludar, llegó el primer movimiento de su ecosistema de apropiaciones: “Dear Betty Baby”, de Mayo Thompson. Fue, quizás, el hallazgo más críptico de la noche, una gema rescatada del olvido que Wareham maneja con la soltura de quien lee un diario íntimo ajeno.

Ese inicio marcó el pulso de un repertorio decididamente generoso y con sorpresas. Sonó “When Will You Come Home”, de On Fire (1989) —una rareza que venía esquivando en sus presentaciones anteriores—, seguida de la envolvente “Snowstorm”. Fue el preludio ideal para el primer bloque dedicado a los Galaxie, antes de pasar a Luna con “Anesthesia” y “Friendly Advice”. Dos que terminaron de asentar el sonido de la noche: esa mezcla perfecta y minimalista entre lo lánguido y lo resistente.

Canciones prestadas, identidades propias: el arte de la apropiación

Si hay algo que define el ecosistema de Wareham es su maestría para el cover —algo que ahondamos también en esta cobertura—. Para Dean, una canción ajena no es un préstamo, es más bien una apropiación. Anoche quedó claro que su catálogo de versiones es tan vital como su obra propia: se adueñó de la urgencia de The Modern Lovers con “Don’t Let Our Youth Go to Waste”; desarmó y volvió a armar a Bob Dylan con la bella “I’ll Keep It With Mine”; en “Ceremony” le dio una nueva densidad al pop sintético de New Order y en “Bonnie and Clyde” tradujo la sensualidad europea de Serge Gainsbourg al lenguaje del dream-pop neoyorquino.

Desde la concepción de sus discos hasta sus presentaciones en vivo, Dean no usa los covers para rellenar, sino para completar su propia cosmogonía. Wareham es un alquimista que tiene el poder de la transformación. Al apropiarse de canciones externas, no intenta superarlas, sino traducirlas a su lenguaje de terciopelo y distorsión controlada.

Hay una frase que define todo este espíritu y que titula aquel disco homenaje del sello cordobés Lo-Fi Records a Galaxie 500: No tan buenos, pero diferentes (2017). Esa humildad irónica es, en realidad, su mayor fortaleza. Wareham no busca la perfección técnica ni el virtuosismo estéril; busca la diferencia, el matiz, esa nota sostenida que se estira hasta volverse atmósfera, como en los bises con “Tugboat” y “Ceremony”, dos de los temas más celebrados de la noche.

Bajo esta formación, con Britta Phillips marcando el pulso, Dean demuestra que ser “diferente” es, a veces, la única forma de ser verdaderamente bueno. Su música no necesita ser la más estridente, necesita ser la más honesta. Y ayer, en ese Niceto que recordaba crisis pasadas mientras marchaba por las presentes, esa diferencia se sintió como el único lugar seguro del mundo.

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