Pentagram en Uniclub: el adiós de Bobby Liebling
El grupo volvió a Buenos Aires para sus últimos dos shows en Argentina y demostró porque son fundamentales en la historia del doom metal.
Hay bandas que construyen una carrera y otras construyen una leyenda. Pentagram pertenece a la segunda categoría.
El domingo 16 de agosto, Uniclub recibió a la legendaria banda estadounidense, en el marco de su gira de despedida, Last Daze Here in Latin America 2026. Para cuando llegó el momento de Pentagram, la sala estaba llena y el clima dejaba pocas dudas sobre lo que significaba aquella noche para quienes estaban allí: puños en alto, voces acompañando cada canción y un público completamente entregado al show.
Antes de la llegada de los estadounidenses, Sangre de Barro y Hërpes fueron las bandas locales elegidas para setear la atmósfera apropiada para lo que vendría. Sus presentaciones dejaron una buena impresión y funcionó como una efectiva apertura para una noche que tendría al doom metal como protagonista indiscutido.
Pentagram, una historia que se niega a terminar
Hablar de Pentagram implica retroceder hasta comienzos de los años 70, cuando Bobby Liebling comenzó a darle forma a una banda que, con el paso del tiempo, terminaría convirtiéndose en una de las grandes referencias del “proto-doom” y una influencia fundamental para el desarrollo posterior del género.
La historia no fue sencilla. Cambios de formación, períodos de inactividad, dificultades para consolidar una carrera discográfica y los problemas personales de Liebling hicieron que durante mucho tiempo, Pentagram pareciera estar destinada a convertirse en una de esas bandas de culto que sobreviven más en las historias de los músicos que en los escenarios.

Pero por suerte no fue así. Pentagram volvió una y otra vez. Y Bobby Liebling también. Una historia atravesada por años, particularmente turbulentos, fue retratada en el documental Last Days Here (2011), que mostró una de las etapas más oscuras de su vida y su posterior regreso a la música. Esa capacidad de desaparecer y reaparecer terminó convirtiéndose, casi inevitablemente, en parte de la mitología de la banda.
Por eso, cuando la banda anunció una gira de despedida, la palabra “final” adquirió un significado particular.
Bobby Liebling, fiel a sí mismo
A esta altura, su presencia sobre un escenario tiene un código propio. Gestos, movimientos, miradas y una particular forma de habitar el espacio que quienes ya lo vieron en vivo (o en los muchos videos por los que se hizo viral) reconocen inmediatamente.
En Uniclub no fue diferente. A partir de las 21:20, Liebling volvió a desplegar esa gestualidad tan característica que ya forma parte de su identidad escénica. No necesitó grandes discursos ni una puesta espectacular para recordar quién estaba al frente de Pentagram: su sola presencia alcanzaba.

Pero Liebling no estaba solo. Desde 2024, lo acompañan Tony Reed en guitarra, John “Scooter” Haslip en bajo y Henry Vasquez en batería, quienes también tuvieron sus propios momentos de protagonismo durante la noche.
Y mientras ellos hacían lo suyo sobre el escenario, abajo ocurría algo igualmente importante: el público.
Un público que conocía cada palabra
La respuesta de la gente fue uno de los grandes protagonistas de la noche. Uniclub estaba lleno y la audiencia acompañó coreando cada canción. Los puños se levantaban desde distintos puntos del recinto mientras las voces se mezclaban con las de la banda.
Para quienes además estaban intentando registrar el concierto con una cámara, la experiencia tenía una dificultad adicional. Como ya sabemos, Uniclub no tiene vallado.

Las fotografías tuvieron que hacerse entre el público, buscando espacios entre las personas, otros haciendo crowd surfing, los brazos levantados y los celulares (y cuidar que no se lleven el propio). Lejos de ser un detalle menor, esa dificultad terminó siendo también una manera de comprobar lo que estaba sucediendo frente al escenario: la gente no estaba allí para quedarse quieta mirando un recital. Estaba siendo partícipe de la última visita de Pentagram a la Argentina.
Un repertorio conocido
Quienes habían visto a Pentagram en Uniclub en el 2025 podían reconocer buena parte del setlist elegido para esta nueva visita.
De los 13 temas interpretados en ambas presentaciones, solamente dos fueron modificados para esta ocasión. En 2026, “Sinister” y “Dull Pain” ocuparon el lugar de “Might Just Wanna Be Your Fool” y “Solve the Puzzle”, mientras que el resto del repertorio mantuvo prácticamente la misma estructura del año anterior, basada principalmente en su noveno disco, Lightning in a Bottle lanzado a principios del 2025.

La lista comenzó con “Live Again” y recorrió distintos momentos de la historia de la banda con “Starlady”, “The Ghoul”, “I Spoke to Death”, “When the Screams Come” y “Sign of the Wolf”, entre otros.
El tramo final quedó reservado para dos clásicos: “Forever My Queen” y “20 Buck Spin”.
Quizás para una banda con más de cinco décadas de trayectoria podría esperarse un repertorio más amplio o una renovación mayor de la lista. Sin embargo, frente a un público que cantaba y celebraba cada canción, la elección parecía tener un objetivo claro: volver a poner sobre el escenario aquellos temas que forman parte del ADN de Pentagram.
#Dato de color: según pudimos ver en el setlist de la presentación del día siguiente en Club Cultural Bula, a los 13 temas que Pentagram interpretó en Uniclub se sumó “Be Forewarned”, una emblemática pieza de rock psicodélico y proto-doom metal grabada como single, originalmente en 1972 por la banda estadounidense Macabre, ¿te suena? Y sí, claro que sí: Macabre fue uno de los nombres que acompañaron los primeros pasos del proyecto de Liebling antes de convertirse en Pentagram. Años más tarde, “Be Forewarned” volvería a aparecer en Be Forewarned, el tercer disco de la banda.

Una pausa antes del final
El concierto se extendió aproximadamente durante una hora y cuarto. Después del undécimo tema, “Walk the Sociopath”, los músicos abandonaron el escenario. La pausa no duró demasiado. La respuesta del público dejó claro que todavía faltaba algo.
Al regresar, el baterista tomó brevemente la palabra antes de que Pentagram encarara las dos últimas canciones de la noche. Entonces llegaron “Forever My Queen” y “20 Buck Spin”. Durante esta última, Reed lanzó su guitarra hacia el público, que la recibió y, poco después, la devolvió al escenario. Y con ella, llegó el final.
¿Una despedida definitiva?
Resulta difícil hablar de Pentagram sin pensar en la palabra “regreso”.

Desde su formación en 1971, la banda atravesó suficientes pausas, cambios y dificultades como para que cualquier otro proyecto hubiera quedado en el olvido. Pentagram, en cambio, siguió encontrando la manera de volver y entre miradas cómplices y muecas cargadas de teatralidad, demostró que la excentricidad no es una postura, sino su naturaleza más pura.
Pero esta vez, sin embargo, el contexto es distinto.
El show del 16 de agosto fue presentado como la última visita de Pentagram a la Argentina dentro de su gira de despedida (días previos al show, se agregó una nueva fecha en Bula como también había ocurrido en el 2025). Uniclub fue el escenario para ese encuentro y el público respondió como si entendiera perfectamente la dimensión del momento.
Quizás por eso la mejor imagen para quedarse de esta noche no sea solamente la de Bobby Liebling sobre el escenario.
También está la de una sala llena, cientos de puños levantados, gente coreando cada canción, en otras surfeando por sobre los presentes, y una banda que, después de más de cincuenta años de historia, todavía consigue provocar esa reacción.
Pentagram vino a despedirse, y si algo nos enseñó su propia historia es que, con esta banda, nunca resulta sencillo pronunciar la palabra “final”.

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