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Aznar y Lebón en el Movistar Arena: sobre el pasado y sobre el futuro

La segunda noche del homenaje a Serú Girán estuvo cargada de emociones, recuerdos y un refugio que abraza al público en tiempos de tempestad. Tal como ayer.

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Fotos y Texto: Fernanda Miguel | Mara Moreno |

Cuatro son los años que Serú Girán estuvo en escena en un país que se prendía fuego y los milicos se llevaban a gente en la mitad de los recitales. Esos cuatro años fueron suficientes para dejar una huella imborrable a toda una generación, no solo por lo disruptivos, sino también por la calidad de un sonido prolijo y lisérgico que fue parte de la banda sonora de muchas personas. 

En el Movistar había todo tipo de gente, por lo que la nostalgia es solo una excusa, es mucho más que eso. Varios de los que estuvimos en el lugar no habíamos nacido cuando Serú se formó, pero se nos pone la piel de pollo cuando escuchamos algún acorde. Las entradas estaban agotadas para todas sus funciones y siguen agregando fechas. Es una locura hermosa. 

Pedro Aznar y David Lebón están más que autorizados a llevar adelante este homenaje. Por suerte no hay ningún holograma de Charly ni esas cosas raras de la tecnología que en muchos casos escapan de toda lógica. Pero claro que fue aplaudido al grito de “ole olé olé, Charly, Charly”. Es que si, es una de las partes fundamentales de este monstruo gigante que con los años se fue consolidando más, incluso sin estar en escena. 

“Parado en el medio de la vida”, fue la que abrió la segunda noche con los dos artistas solos en escena. David ya estaba emocionado de entrada. Luego, ya con la banda en el escenario, sonó la intro de “La grasa de las capitales” y todo el mundo quedó con ganas de más. 

Antes de ”Canción de Alicia en el país”, Pedro habló de que estamos “atravesando la noche más oscura del alma”, no solo como país, sino como mundo. Igual que ayer. “Enciende los candiles que los brujos piensan en volver a nublarse el camino”, esa frase tajante tan vigente ayer y tan acertada para este presente. 

¿Hay que hablar del virtuosismo de Pedro y el Ruso? Quizá no hace ni falta, pero nunca está de más mencionar que estamos frente al mejor guitarrista y al mejor bajista del país. Y si, hay muchos más claramente, pero respetemos los rangos. 

¿Cómo se sigue después del combo “Cinéma Verité”, “Desarma y sangra” y “Noche de perros”? Con el corazón en la mano. Una mujer abrazaba a sus amigas que estaban una fila más adelante. No faltó ni una sola lágrima porque las canciones traspasan todo. 

Hay otra cosa a destacar de Pedro y el Ruso: el amor. David le dijo a Pedro varias veces “te amo”, con la mirada llena de ternura que representa a esas amistades eternas. Hacia el final se dieron un beso en la frente. Una muestra de amor en tiempos tan violentos es una especie de oasis en la tempestad. 

En “No llores por mi, Argentina”, ya no había nadie en sus asientos. Dato no menor es que tanto para esta canción como para “¿Cuánto tiempo más llevará?”, el encargado de la batería fue Juanito Moro, hijo de Oscar, el increíble baterista de Serú a quien le hicieron un lindo homenaje.

“Peperina” fue la elegida para cerrar, pero cerrar qué si todos pedían “otra, otra”. Claro, no podía faltar “Seminare” ni las linternas de los celulares que reemplazaron a los encendedores. Todos estaban tan compenetrados y emocionados con la canción que se podría definir como un gran abrazo colectivo, de esos que hacen falta en estos tiempos tan veloces, ajenos y tristes. 

Aznar y Lebón dieron en la tecla justa para hacer esta serie de shows que los tendrá girando por todas partes. Y es que sí, nadie debería perderse la oportunidad de escucharlos en vivo. Son años de una parte fundamental de nuestra música. Gracias, Pedro. Gracias, Ruso. Gracias, Oscar. Gracias, Charly. 

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