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Dry Cleaning y Blonde Redhead en C. Art Media: las segundas partes sí son buenas

Las bandas encabezadas por Florence Shaw y Kazu Makino tuvieron su segunda visita a Buenos Aires con dos shows tan distintos como memorables.

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Fotos y Texto: Estefania Lestanquet | Sergio Sale |

Dos bandas de culto, separadas por generaciones y estilos, pero unidas por algo fundamental: la capacidad de construir universos propios. La noche del 29 de septiembre en el Complejo Art Media fue una celebración de esos mundos particulares, donde el post-punk británico convivió con la elegancia experimental de una de las bandas más singulares de las últimas décadas.

Los movimientos de Florence Shaw

Si bien Blonde Redhead terminó llevándose el gran clímax de la noche, Dry Cleaning fue la encargada de abrir la puerta. La banda londinense regresó a Buenos Aires con un show muy particular: una especie de trance colectivo guiado por la voz hablada de Florence Shaw. El concierto comenzó de manera accidentada por culpa de una guitarra que se resistía a sonar, obligando a reiniciar “Sliced by a Fingernail”. Lejos de romper el clima, el pequeño tropiezo terminó generando complicidad con un público que respondió con paciencia y entusiasmo.

Acompañada por Tom Dowse, Lewis Maynard, Nick Buxton y Josh Eggerton, todos tan talentosos como diferentes entre sí, Dry Cleaning construyó una identidad única a partir de guitarras angulares, bajos hipnóticos y la particular forma en que Shaw transforma observaciones cotidianas en poesía hablada. En vivo, esa fórmula adquiere una dimensión completamente distinta. Canciones como “Blood”, “Gary Ashby” y “Jam after school” fueron encontrando su lugar en una sala completamente hipnotizada por la singularidad de los londinenses.

Y es que uno de los aspectos más fascinantes del show fue justamente observar la reacción del público. Mientras Shaw recorría el escenario con sus característicos movimientos, a mitad de camino entre la timidez y lo teatral, cientos de personas acompañaban cada gesto desde abajo. No había pogo ni saltos desaforados: había baile. Un baile extraño, elegante y perfectamente sincronizado con la cadencia de canciones como “Strong feelings”, “Anna calls from the Arctic” o “Her hippo”.

Hacia el final, la intensidad no hizo más que crecer. “Scratchcard lanyard”, “Don’t press me”, “Magic of Meghan” y “Hit my head all day” terminaron de confirmar la excelente forma de una banda que parece haber encontrado el equilibrio ideal entre experimentación y cotidianeidad. A diferencia de otras paradas de la gira por la región, Dry Cleaning extendió su repertorio en Buenos Aires. Un guiño de la banda a un público que, con el correr de los años, se ganó con creces su fama de ser uno de los más apasionados del mundo.

Todo cambia, menos las bandas eternas

Pasadas las diez y media de la noche por los parlantes sonó “Libertango” de Astor Piazzolla y, unos minutos después, la inconfundible voz de Mercedes Sosa interpretando “Todo Cambia”. No fue un gesto menor. Fue una forma de tender puentes con una ciudad que esperaba el regreso de Blonde Redhead hace más de 10 años. Cuando Kazu Makino, junto a los hermanos Amedeo y Simone Pace, apareció sobre el escenario, la emoción ya flotaba en el aire. Y para ella parecía ser aún más evidente: agradecida, sonriente y visiblemente conmovida por la respuesta del público, tomó aire y comenzó el viaje con “Bipolar”.

Hay bandas que envejecen. Blonde Redhead, en cambio, parece refinarse con cada década. Lo que alguna vez fue ruido, tensión y experimentación hoy convive con una elegancia difícil de encontrar en el rock alternativo contemporáneo. Desde “Falling man” y “Melody experiment”, quedó claro que el trío atravesaba uno de esos conciertos donde todo sale bien. El sonido era impecable, las luces acompañaban cada cambio de clima y la voz de Kazu se movía entre la fragilidad y la potencia con una naturalidad asombrosa.

La presentación también sirvió para repasar el excelente Sit Down for Dinner (2023), su trabajo más reciente, cuyas canciones encontraron una nueva dimensión en vivo. “Sit down for dinner Pt. 1” y “Pt. 2” sonaron delicadas y envolventes, mientras que clásicos como “Dr. Strangeluv” y “Doll is mine” despertaron una reacción inmediata en la audiencia. Había algo casi cinematográfico en la manera en que la banda construía cada canción, sumando capas de sonido hasta generar momentos de una belleza difícil de describir.

Hubo, sin embargo, un momento en el que el trance pareció tambalear. Desde distintos sectores del recinto comenzaron a escucharse pedidos insistentes de “Elephant woman”, uno de los clásicos más viscerales del grupo. Entre risas, los músicos respondieron con gestos de negación, conscientes de que la canción no formaba parte de un repertorio preparado para la noche. Es difícil sacar al trío de su eje, cada tema, cada transición y cada pausa parecían ocupar un lugar exacto dentro de una estructura cuidadosamente estudiada. 

Pero lejos de estar en deuda, Blonde Redhead sostuvo durante toda la noche un nivel de precisión y sensibilidad que mantuvo al público completamente rendido a sus pies. El cierre con “Distilled” y “Kiss her kiss her” terminó de coronar una presentación extraordinaria, una de esas que no sólo justifican más de una década de espera, sino que recuerdan por qué algunas bandas siguen siendo capaces de conmover como si el tiempo nunca hubiera pasado.

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