Ni sucio ni desprolijo: Pappo x Juanse en el Teatro Gran Rex
Una noche que osciló entre el homenaje al Carpo Napolitano y un recorrido por los clásicos de Ratones Paranoicos.
El pasado sábado 25 de abril, en el Teatro Gran Rex debutó la presentación oficial de Pappo por Juanse en homenaje al legendario guitarrista argentino de Rock y Blues. Además Juanse hizo un recorrido por los clásicos de Ratones Paranoicos.
¿Cuándo arranca la previa de un recital?
Para quien escribe y para esta fecha en particular, dicha previa arrancó en el subte línea B: varios pasajeros con remeras de Pappo, Riff o Ratones Paranoicos charlaban y bebían cerveza mientras el vehículo nos transportaba hasta la estación Carlos Pellegrini, donde tanto ellos como yo descendimos.
Llegué corriendo porque creí que llegaba tarde (en realidad, era tarde para ver a Camionero, banda amiga y telonera de la noche), pero al acercarme a la boletería para la acreditación me tranquilizaron y me dijeron que “estaba todo media hora demorado”. “Uff, menos mal —pensé—. O sea que corrí dos cuadras en vano”. Igual, nunca viene mal echarse un pique y poner a prueba la resistencia física. Ahora tengo 25 minutos por delante para recuperar el aire y esperar en el hall de entrada al teatro junto al resto de la prensa, porque no nos dejan entrar a la sala hasta que los primeros acordes de Camionero empiezan a sonar.
Ver a esta banda amiga en el marco de un teatro como el Gran Rex emociona, aunque el contraste entre el género y la propuesta del recinto no termine de encastrar del todo. Los que seguimos a Camionero desde hace un tiempo no sabemos de mesura y de cuerpos sentados al momento de sus presentaciones (a excepción de los especiales acústicos); supongo que hablo por la mayoría de sus seguidores cuando digo que en verdad debimos contenernos y cuidar los modales dentro del espacio asignado.
El dúo integrado por Joan Manuel Pardo (voz y guitarra) y Santiago Luis (batería), sin embargo, parece nunca desesperar ante los distintos escenarios donde estaciona el camión. Y siempre -pero siempre- dan lo que mejor saben hacer: sonar como muchos siendo dos. Con un setlist de 30 minutos que obsequió sus mejores piezas (“Genio del Abasto”, “La Distancia”, “Guerrero Atípico”, “No hablaremos de mañana” y más), Camionero entregó su habitual autenticidad y potencia rocanrolera y preparó el terreno para lo que vendría a continuación. Aunque el teatro aún no estaba del todo lleno durante su turno, los cánticos “¡Dale camión!” y el agite de sus ya mencionados fans se escucharon de principio a fin (me declaro culpable de haber formado parte).
Es evidente que las remeras con estampas de “DALE CAMIÓN” y los parches en las espaldas de “CLUB CAMIONERO” plantaron bandera como en cada fecha en la que este dúo se presenta. Habrá que esperar a su próxima parada: el 22 y 23 de mayo en el Teatro Flores, para plantar bandera una vez más con la presentación de su nuevo disco, Pruebas de Contacto.


Pappo x Juanse en el Teatro Gran Rex
Ahora bien, volvamos al origen de la fecha: Pappo x Juanse en el Teatro Gran Rex. Inmediatamente después de Camionero, el telón rojo que cubría el escenario se corrió y apareció Juanse y su banda, con una diferencia de volumen importante respecto de los primeros artistas (me atrevo a decir que incluso excesiva, teniendo en cuenta la impecable acústica del lugar).
El ex líder de los Ratones Paranoicos dio inicio a su homenaje a Pappo con el clásico “Rocanrol y Fiebre” (frase que, además, llevaba estampada en la espalda de su chaleco blanco). A este comienzo le siguieron “Hombre suburbano”, “Algunos deslices”, “Blues de Santa Fe” y “Sucio y desprolijo”.
Resulta, sin embargo, un tanto particular la propuesta de ver a un referente del rocanrol local —que goza de un (aparente) buen estado físico— en un teatro. Hay algo llamativo en ese cruce entre un género que —se sabe— despierta fiebre, movimiento y el deseo de una bebida en mano, y la imposición inicial de permanecer sentados en butacas teatrales.
Probablemente por eso, la primera parte del show resultó algo contenida, más bien quieta; y no por falta de actitud de la banda (compuesta por Nicolás Yudchak en guitarra, Ponch en bajo, Nicolás Raffetta en teclados y Jerónimo Sica en batería), en absoluto. De hecho, el sonido del grupo es preciso, limpio y contundente, y Juanse mantiene su voz prácticamente intacta.
Entre algunas de estas canciones, Juan Sebastián comentó al micrófono algo así como “Recemos para que mañana no se la pegue… El Colapinto este”. “Raro”, pienso. Pero lo más raro fue que repitió este mismo “chiste” dos veces más. “¿A qué se deberá esta “gastada”? ¿Habrá algún lore entre Colapinto y Juanse del que me estoy quedando afuera?” Menos mal que el paso de Franco por la ciudad ya había terminado al momento en que escribo esta nota, porque si no… esta “gastada” habría tomado otro color.


Sonaron los Ratones Paranoicos
El setlist continuó con una mezcla de clásicos de Pappo y de Ratones Paranoicos, y la energía del recinto repuntó cuando apareció el primer invitado de la noche: el Sarco (guitarrista y figura clave en la formación de la banda), a quien el público ovacionó y festejó desde su llegada hasta su despedida, tras participar en “La avispa” y “Carol”.
Poco a poco la gente fue poniéndose de pie, moviendo los brazos y despegando el esqueleto del asiento. El siguiente invitado fue Juan Subirá (de Bersuit Vergarabat) quien acompañó en teclados durante “A dónde está la Libertad”, “La nave” y “El reflejo”. A partir de ahí todo fue en ascenso en materia de folclore y agite (era difícil que no lo fuera con “El rock del pedazo” o “Rock del gato”), y todo el Teatro Gran Rex —que no estaba sold out, pero sí lleno— se levantó y permaneció de pie hasta el final. Sonaron “Cowboy”, “Pesado burdel”, “Vicio” y “Ya morí” antes de los bises; estos dos últimos, con Joan Manuel Pardo (Camionero) y Hernán Coronel (Mala Fama) como invitados en voces, respectivamente.
También sorprendió la única invitada femenina, Luli Bass, para la última parte de la velada que concluyó con “Ruta 66” y “El enlace” (una para Pappo, una para Juanse). El frontman de pantalones semi oxford y musculosa negra (adiós chaleco blanco) se despidió del público con brazos en alto y “bendiciones para todos”. Ahora sí, podemos irnos en paz.










