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La “República Afectiva” de Paula Maffía

Tras seis años de su último trabajo discográfico, la cantante argentina vuelve al ruedo con un material potente y conmovedor.

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Definir la carrera de Paula Maffia desde un solo género sería casi un sacrilegio. Su recorrido está hecho de desvíos, cruces y mutaciones constantes. Desde los boleros filosos en Las Taradas, pasando por el guiño al Punk con La Cosa Mostra, las baladas viscerales de Lesbiandrama y un repertorio solista que absorbe y resignifica todo lo anterior. En República Afectiva, primer disco bajo el sello Gieser para Maffia, la artista se permite quizás su etapa más experimental y, al mismo tiempo, consolida una producción osada que circula con naturalidad del rock de garage a la milonga y del folklore a la distorsión. 

“Todos somos horribles cuando nadie nos ve”

Como una ironía fundacional, la puerta de entrada a esta “República Afectiva” es “Club de la Pelea”, donde Maffia sentencia: “Todos somos horribles cuando nadie nos ve”. Una frase que funciona como diagnóstico brutal de época, retrato de una sociedad atravesada por la falta de afecto y el desencanto.

Para canalizar esa rabia fue necesario volver a las bases: “Extrañaba el power trío”, confiesa la cantante, y en esa nostalgia se explica la incorporación de Juanito el Cantor en bajo y de Martín León Benito en batería: una decisión clave en la gestación del disco. “Yo quería un disco agresivo, que tenga eso de garage, old school. De hecho se grabó de esa manera con un mic en el medio de la banda”. explica Maffia y agrega “Extrañaba La Cosa Mostra, pero también extrañaba un rock más pervertido, mucho más exagerado. El goce del rock porque sí”.

Aunque ese pulso garage funciona como columna vertebral de República Afectiva y representa una novedad dentro de su discografía, el disco no se agota allí. Al imaginarlo, la propia cantante reconoce que los arreglos más “ortodoxos” siempre estuvieron en su cabeza.

“Cobre”, segunda canción del álbum, es el ejemplo más claro de esa convivencia: al trío se le suman violín, viola y violonchelo, expandiendo el clima sin diluir la tensión. Como si esa combinación no fuera suficiente, la canción guarda además un momento emotivo largamente esperado: el reencuentro con Mel Muñiz, excompañera en Las Taradas. Sus voces se entrelazan y construyen una atmósfera profundamente placentera y conmovedora, un gesto de memoria afectiva que dialoga a la perfección con el espíritu del disco.

“El deseo es una sensación de bienestar que necesito expandir”

La escucha continúa con la oscura y visceral “La mano en el corazón en la mano”, quizá una de las canciones que más recuerda a Polvo (2019), su trabajo anterior. Una pieza áspera, nocturna, donde la melodía se vuelve herida y la palabra respira densa. Luego llega “El deseo es un arma que hay que saber apuntar”, y entre ambas se arma un eje conceptual que ayuda a entender qué late en la cabeza de esta poeta salvaje que es Maffia. “El deseo para mí es un norte. Hay gente que quizás se guía por la estrategia, el deber; a mí me guía el deseo. Para mí el deseo es una sensación de bienestar que necesito expandir”, explica. En ese mandato íntimo, el disco encuentra una de sus claves más profundas, no como consigna, sino como forma de habitar el mundo.

En “Folklore” y “Whisky”, Paula vuelve a una de las alianzas musicales más duraderas y fértiles de su carrera. La guitarra eléctrica de la talentosísima Lucy Patané no solo marca el pulso de dos de los tracks más enérgicos de la placa, sino que introduce una tensión conocida, casi fraterna: una complicidad construida a lo largo del tiempo. Patané entiende cuándo empujar, juntas logran que la electricidad no sea solo ruido, sino relato, cuerpo y carácter.

Desconectando los pedales, la canción homónima “República Afectiva” se revela mucho más desenchufada que el resto del material. Aquí la electricidad cede protagonismo a la prosa, como si la interprete  bajara el volumen para decir lo esencial. La canción funciona como una síntesis emocional del proyecto, un intento de ordenar (o al menos nombrar) los contrastes de la existencia: la furia y la ternura, la herida y el deseo, el ruido y el silencio. 

Por último, con “Botella Vacía” y “Podemos decirnos te amo”, los sonidos terminan de expandirse. En la primera aparece la marimba, aportando una textura inesperada y casi ritual, mientras que el vibráfono decora con delicadeza la última canción del disco. “Sé que voy a tener que elegir entre estos instrumentos para la presentación en vivo”, se debate Maffia, ya proyectando lo que será la puesta en escena de su próxima fecha en Niceto Club, donde el 20 de mayo presentará el álbum y sentará, definitivamente, las bases de esta República. 


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