¿Te gusta el rock?: Winona Riders en Groove
La banda del oeste dio su último show del año en la Ciudad de Buenos Aires, con la presentación oficial de su nuevo disco: “0%”. Calor, birritas, humo, y a volar.
¿Murió el rock? ¿Lo matan todos los días? Cada quién tiene sus gustos. Y los gustos te llevan a convertirte en un seguidor, un fan, un fiel. Como todos esos fieles que dijeron presente en la noche de Halloween en Groove, en el barrio porteño de Palermo.
Porque apenas estamos terminando octubre, pero los muchachos de Winona Riders ya dieron su último show del 2026 en la Ciudad. Tras lanzar su nuevo disco titulado 0% en abril y dar varios conciertos a lo largo del año, el grupo armó una última misa psicodélica en nuestras tierras.
Dicha misa, como acostumbran los muchachos, fue un viaje de sonidos de poco más de dos horas. Apenas pasadas las 21 y con la pantalla mostrando la frase “Stooges? Velvets? Spacemen?” en señal de invocación a su “santísima trinidad” musical, la banda se subió al escenario y empezó el delirio. Ellos dejaron que sus instrumentos hablaran más que sus voces. Desde las guitarras, las dos baterías frente a frente, el bajo, los sintetizadores, las luces, el humo… Todo aportó para convertir un recital en un ritual de la psicodelia que los caracteriza.

La banda tocó el disco íntegro, con un orden alterado e intercalando con canciones anteriores. Para empezar a sumergirse, la entrada fue con “Winona Bootlegs” y “Adiós”. Ari Mirabal, de entrada, cedió el protagonismo vocal a sus compañeros para estos primeros temas. De a poco todos se fueron soltando, entre los momentos más suaves que invitaban a mover las cabezas para disfrutar de la atmósfera que se gestaba, o los más fuertes para armar pogos y tener a alguien levantado entre la multitud.
El público se movió al ritmo de canciones como “Ingrid Grudke”, “Santo Sagrado de las Tradiciones” y “Prueba y Error”, acompañando esos intervalos instrumentales entre canciones, mientras Gabriel Torres dejaba la vida con su cuerpo moviéndose con las panderetas y matracas, como si recibiera una descarga eléctrica. También fue notable cómo los dos bateristas, Fran Cirillo y Alan Mansur, se miraban permanentemente para lograr la sincronización de sus golpes.
La entremezcla de canciones del nuevo álbum y de discos pasados continuaba, con “Dr. Faim” y “Cosas que no puedo contar”. Sumergidos en un clima oscuro, tenso, amenazado con cortarse por el efecto de elevación del tono de la guitarra, pero que el remate con los platillos lo transformaba en un loop prolongado. “¿Arrancamos?”, escuché a alguien desde atrás, cuando llegábamos a la mitad del concierto. Con “Viajando en el asiento de atrás” y ese final que invita a encontrar “un lugar llamado libertad”, fue el fósforo que encendió la mecha del público para cantar “el que no salta votó a Milei” y “el que no salta es radical”.

Los cinco sentidos del público parecían estar centrados en lo que pasaba en el escenario. Hubo comunión, al ritmo de “V.V.” y “Lisas y Rayadas”. Algunos prendiendo sus puchos como algún fulano cerca de mí en el campo o el mismo Gabriel Torres en el escenario, y otros dando sus besos al pico de una birrita. Y una lata que voló casi al techo de Groove para caer de nuevo en las manos de su dueño. “Yo no disparo, yo soy la bala”, en una versión ciertamente diferente a la de estudio: Ari dejó fluir a su guitarra un largo rato entre estrofas.
El final. Pasando por un par de temas como “Nuevos Hechos Emergen!”, donde el público volvió a dedicarle cantos al presidente, la energía terminó de descargarse con la canción homónima del álbum: “0%”, ya sin los bateros en el escenario, y en un instrumental prolongado, de prácticamente 15 minutos entre guitarras y efectos y con Ari y Gabriel de espaldas al público.
“Este va a ser el último tema”, dijo Ari, ¿jugando? Finalmente, aclaró: “no hay último tema”. Entre silbidos por el engaño, los pedidos por una canción más y los aplausos a la banda por la experiencia, los músicos comenzaron a despedirse arrojando sus instrumentos, trofeos de guerra para los fans.
¿Había un tema más? Afuera, ya se armaba una larga fila de gente esperando ingresar para la fiesta de disfraces por Halloween, lo que explicaría este final raro. Pero el grupo ya dejó plantado su rock como bandera, y lo llevará a otras latitudes en nuestra región para cerrar el 2026, y al Viejo Continente en los inicios del 2027. Winona Riders, psicodelia argentina de exportación.












