Ete & Los Problems
"La crítica que me sirve es la que reafirma mis dudas"
26 de Junio, 2015
Ernesto Tábares, el ideologo de la banda uruguaya Eté & Los Problems, conersó con El Bondi sobre su más reciente disco, El Éxodo.
Su primera visita fue hace tres años, cuando La Vela Puerca los invitó a abrir el show que dieron en GEBA. “Fue rara porque no cruzamos por la nuestra, ya que atrás teníamos una mega organización, con un montón de gente que sabe trabajar”, comenta Ernesto Tabárez, el cráneo detrás del grupo uruguayo Eté & Los Problems, y luego ríe. En aquella época Vil, su segundo disco –el primero, Malditos Banquetes, data del 2007-, hacía poco que estaba en la calle. Asimismo, el músico señala que “si bien la experiencia estuvo buenísima, no fue real. Después vinimos solos, al Festipulenta, por ejemplo. Y eso se parece más a nuestra cotidianeidad”. No obstante, desde hace un par de meses se encuentran presentando El Éxodo.
-Habiendo cruzado unas cuantas veces hacía aquí, ¿encuentran similitudes entre lo que hacen y la movida que se está desarrollando?
-Hay bandas que me gustan como Señor Tomate, El Mató, Valle de Muñecas, pero encuentro diferencias. Yo siento que escribimos muy distintos. Hay una cosa que nosotros no tenemos, que es el club de amigos, esa escena que se comparte. Soy más solitario, me parezco más a los compositores de música montevideana baladistas. Vengo de una escena clásica.
-Y al sentirte más identificado con una estirpe más individual, ¿por qué elegís presentar tu obra mediante un formato de banda clásico?
-Porque yo me crié escuchando rock y luego conocí a los tipos como Fernando Cabrera –músico uruguayo-, que calaron muy hondo en mi. Además, tengo una formación muy tanguera, por parte de mi viejo. Es quién soy, no lo puedo evitar. En la música las alianzas tienen que ver con las cosas que te pasan, coincidencias y pegar onda.
-¿Eso quiere decir que no existen alianzas en Uruguay?
-Sí, pero nosotros estamos medio por fuera, somos solitarios. Tampoco encontramos una escena que nos represente. Entonces, jugamos en varios frentes. Yo toco con bandas que me gustan, no me importa lo que hagan. Ellos hacen música por las mismas razones que yo: la búsqueda por la felicidad. Yo no hago música para levantar minitas, lo hago porque se me va la vida.
-En alguna entrevista mencionaste que hay una cierta “pereza generacional”. ¿Cuánto de esa afirmación tiene que ver con la respuesta anterior?
-La pregunta que el músico tiene que hacerse: ¿Es lo mejor qué podes hacer? Tanto en lo compositivo como en lo práctico. No tienen que ver con casos puntuales, sino con un espíritu general de festejo. Hay un concepto que se maneja, como chiste, que es el “nuevo uruguayo”. O sea, todo lo que vino después del Mundial del 2010 –donde la Selección uruguaya llegó a las semifinales-, más la bonanza económica. Tienen que ver con eso, con festejarnos, cuando nosotros, históricamente, fuimos pesimistas con nosotros mismos. El cambio produjo que el músico no sea tan exigente con su obra, que se más festivo.
-Te mostrás como una persona analítica, tanto con tu obra como con la de los demás. ¿Cómo te llevas con la crítica en general?
-La única crítica que me sirve es la que reafirma mis dudas. Ponele, hay un golpe en una canción de El Éxodo que no es todo lo bueno que podría ser, porque no supe tocarlo bien. Me fui dando cuenta al momento de grabarlo, se hizo lo que pudo. Ahora, esa parte, en vivo, sale mejor. Entonces, si alguien viene y me marca eso en forma de crítica, me sirve. Cuando me dicen que soy un careta, por ejemplo, no les doy importancia. Si yo no confío en esto, no confía en nadie.
-Esta tercera placa está marcada por una vivencia personal, que, como mencionaste en más de una ocasión, marcó el rumbo a seguir. Hoy, luego de haberlo hecho y con varios meses en la calle, ¿cómo lo sentís?
-Muy bien. Ayer lo escuché. Es muy raro, ya que los otros discos no lo hago. El Éxodo lo escribí muy fresco, muy sobre la emoción. Todavía lo estoy atravesando. No es perfecto, pero nosotros no lo somos, ni lo buscamos ser. A mí me encantan los primeros trabajos de los Beatles, en donde podías escuchar los dedos en las cuerdas, sentías que estabas ahí. Daban espacio para el accidente. La música se trata de emocionarse y no de de que la nota sea exacta.
-Mencionaste que antes de hacer El Éxodo, el cual cerraste en dos meses, habías pasado un año y medio sin componer nada. ¿Cómo fue el proceso?
-No tengo un método para componer, me resulta un misterio. Hay letras que no recuerdo cómo las hice, “Número desconocido”, que cierra el disco, es uno de esos casos. Además, me pasa que hay cosas que no sé por qué están, como cuando en ésa canción digo: “Me duelen los pies/ ¿De qué te reis?”. No entiendo cómo llegué ahí, ni a quién le hago esa pregunta. Bueno, yo no tengo que entenderlo, tengo que hacerlo. A veces hay que exponerte a una sensación y esas palabras lo generan, aunque no sepa lo que quise decir. Lo dije, y es imposible hacerlo con otras palabras. De hecho, de eso se trata la poesía, no es un concepto que las palabras ilustran, la cuestión son las palabras mismas. Eso fue lo que busque en este disco, que hubiera algo onírico, ya que los anteriores carecían de imágenes, no había nada visual, era todo relato.
-Según la gacetilla de prensa, hecha por vos, afirma que Vil está compuesto por “diez canciones fáciles sobre asuntos complicados”. ¿Cómo definís las canciones de El Éxodo?
-Son canciones sobre seguir adelante, avanzar.