Estelares
Ardió, lloró y cayó
30 de Octubre, 2014
Antes de la doble función que dará junto a su banda en La Trastienda, el 31 de octubre y el 15 de noviembre, Manuel Moretti, cantante de Estelares, conversó con El Bondi sobre cómo se gestó su oficio de compositor, el respeto y el amor que tiene por las canciones y la salida de En vivo Gran Rex.
Fue un miércoles gris en Capital Federal. El cielo encapotado descargaba infinidad de gotas por segundo. Las oficinas del sello PopArt, ubicadas en San Telmo, configuraban una de las tantas postales húmedas que nos regaló la naturaleza. Sin embargo, en un cuarto de ladrillos, decorado con discos de otras bandas y revistas, se encontraba Manuel Moretti: absorto, curioso, como desconociendo el cuadro dantesco que afuera se observaba. En un mano a mano breve pero intenso, no temió en resaltar que su adicción a las drogas, problema que reconoce “superado”, fue el motivo principal para que comenzara escribir. “Las canciones me salvaron la vida”, reflexiona.
-¿Un día lluvioso y gris como el de hoy te inspira para componer?
-No, para nada. “A mí la lluvia no me inspira”, como dijo alguna vez Antonio Birabent. Uno viene de situaciones oscuras como para que algo medio gris lo inspire.
-Entonces, ¿cuándo lo haces?
-Antes, cuando todo comenzó, canciones como “América” -Ardimos (2003)- o “Ardimos”-Sistema nervioso central (2006)-, eran una necesidad física, por etapas de drogas, de inyectarse. Fue un mecanismo acción y reacción. Se terminó convirtiendo en mi oficio. Es algo que te pulsa.
-Eso mismo lo marcaste en otra entrevista, aquellas primeras composiciones tenían que ver con un sentimiento más extremo…
-Es que fue así. La gente no tiene idea. No se puede comunicar tan fácil. Me llevó mucho tiempo recuperarme y uno de los elementos que me ayudó fueron las canciones, fueron muchos años de soledad. Es una etapa superada hace años. Siempre me acuerdo una vez que iba caminando con Eusebio Poncela (actor y director español que participa en el video de “Rimbaud”): “Sos toda tu vida un adicto, lo que cambia son las maneras en las que te relacionas con las carencias”.
-¿Cómo surgieron esas ganas de escribir?
-Fue una manera de exorcizar. Escribir canciones me mantuvo neurótico estable, es medio psicoanalítico, medio complicado de decir. El verso y la melodía fueron los que me salvaron. Cuando escribí “América” no sabía meter ni tres acordes.
-Afirmaste en otra ocasión que varias melodías se te ocurrieron en la calle y que para no olvidártelas llamabas a tu casa y las dejabas grabadas en el contestador. ¿Te sigue sucediendo?
-Es algo que también decía Andrés Calamaro. Es verdad, me sucedió varias veces, antes lo hacía más seguido, sin embargo ahora estoy más haragán. “El corazón sobre todo”-corte de Vivo Gran Rex, disco que están presentando e incluida en Amantes Suicidas (’98)-, por ejemplo, había ido al kiosco y cuando volvía ya la estaba cantando.
-Y la letra, ¿cuándo llega? ¿Es algo que te cuesta?
-En toda esta etapa difícil empecé a relacionarme con las canciones y eso comenzó a darme el material, mi oficio. Es mucho ejercicio con la palabra, de jugar. Además porque me encanta. He leído un montón y me he formado.
-¿Hay letras que no te gustaron como quedaron?
-Sí, por ejemplo, en El Costado Izquierdo (2012) está “Doce chicharras”, en la que sobré unos versos que no me gustaron. No le presté la suficiente atención. Digo dos veces la palabra “varias” (N.d.R: “Varios días a solas, algo parece cambiar/
varias noches a oscuras, has aprendido a nadar”), y sé cómo juego con esas cosas, porque si la utilizo una vez luego las cambio. Puedo repetir a propósito, pero no fue el caso. Para ese disco jugué un poco más
-¿Creés que al jugar y soltarte tu composición se vio favorecida en ese disco?
-Hay cosas que están bien y otras que tendría que haber hecho mejor. No está mal, fue una instancia que hice a propósito. Fue algo que elegí, un juego: utilizar la primera frase que se me ocurría. Hay temas como “Rimbaud” o “Playa Unión” que me coparon, que los laburé. Por ahí cuando escucho el disco, por el oficio que tengo, pienso que podría haberlo hecho con mayor intensidad.
-¿Demorás en terminar tus temas?
-Según. Por ejemplo, “Sólo por hoy (Chica Oriental)” -El Costado Izquierdo- tenía unas frases que me gustaban y no la podía finalizar. Entonces lo llamé al Cuino Scornik para que cierre la idea.
-¿Quién te inculcó el amor por las canciones?
-Nadie, fue una sublimación de lo que me ocurría con las drogas. La manera que yo tenía para defenderme del mundo, porque me sentía para el ojete, era escribir y componer.
-Me tocó cubrir la última Trastienda que hicieron y noté que estás en un gran nivel en lo vocal, ¿coincidís en eso?
-Siento que hace un año o dos encontré la voz. Siempre fui compositor y Víctor (Bertamoni, guitarrista) siempre me decía que, además, era un gran intérprete y yo no me sentía como tal. Ahora lo escucho, me gusta y la gente me dice lo mismo.
-A la hora de llevar tus composiciones al estudio, ¿Qué sentís que le aportan Víctor y Pablo (Silvera, bajista)?
-Las hacen creer. Generalmente las toman y las llevan para el lado de Estelares. Por ahí mi lado es más intimista. Varias veces hablábamos de que la gente cree que porque tenemos muchos hits la banda es puramente comercial, pero no es así. Es sólo una parte del sonido.
-¿Consideras que hay canciones que en vivo sobresalen?
-La banda en vivo hace propia una canción y la convierte en otra cosa. “Súperacción” –Una temporada en el amor (2003)- , por ejemplo, era intimista y ahora es una cosa alucinante, con sonidos abiertos. Algo que no se me hubiera ocurrido. La gente incluso llega a poguear cuando suena.
-¿Por qué surge la idea del disco en vivo ahora y no antes?
-Propuesta de la compañía. Estelares es una banda muy colgada con la canción y con otras cuestiones. Entonces, surgió la idea, de hacerlo en el Gran Rex, con seis discos de estudio y con varios show encima. Lo tomamos.
¿Quedaron conformes con el resultado?
-Mirá, por una única noche y para una banda que no es obsesiva con los ensayos, está muy bien.
-Estamos ensayando, y si todo va bien entraríamos a grabar el año que viene. Estamos viendo quién va ser el productor, que sonido va tener. Igual, ya tenemos cuatro o cinco canciones demeadas. Alguna forma le hemos dado