Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Javier Martinez

 "Me vienen a ver dos generaciones, y eso me emociona"

Cronista: Pablo Andisco | Fotos: Beto Landoni

21 de Noviembre, 2006

 "Me vienen a ver dos generaciones, y eso me emociona"

Javier Martínez vuelve al ruedo: está grabando material nuevo (“Por la vuelta”) y tiene ganas de tocar en vivo. En un bar de su amada calle Corrientes le contó a El Bondi detalles de la nueva placa. Y además, se dio el lujo de viajar por sus 40 años de músico y brindar un panorama del rock en tiempos de electrónica.

-¿Cuál es la idea de tu nuevo disco?

Siempre estuvo rondando en mí un concepto, por mi experiencia personal como melómano, y es que la música tiene que ser terapéutica. Yo estoy muy interesado en levantar el ánimo, en crear una música que sea capaz de levantar tanto bajón que hay por todos lados. Es un idealismo, pero es un motor. Entonces, ya desde los otros discos buscaba eso, pero en este último esta más marcada esta tendencia.

-¿Con qué novedades nos encontraremos?

Por primera vez hago una versión de una canción que no es mía. Yo nunca había trabajado de intérprete porque soy un tipo muy autocrítico. Estudié mucho para cantar bien y traté de cantar lo mejor posible mis propias canciones, pero nunca me consideré un cantante como para interpretar a otros.

-Sin embargo a vos te han versionado mucho.

Sí, afortunadamente soy muy versionado, me encanta. Y es un honor, como compositor me siento un triunfador cuando los demás tocan mis canciones.

-¿Cuál de las versiones es la que más te gustó?

 Uyy, escuché un montón, disímiles totalmente, desde Hermética hasta Alejandro Lerner, por ir de un extremo a otro (risas). Creo que la de Spinetta. Una vez lo escuché hacer “Para ser un hombre más”, hace unos años, le hizo un arreglo extraordinario al tema y sonaba… impresionante. Pero es un gusto, esto es viejo, la obra supera al autor, cuando a tu canción la agarra otro tipo, le hace un arreglo, y la toca mejor que vos (risas)

-¿Si? ¿Te gustan más las versiones que los originales?

Por ahí, unos años después… Eso les pasa a los autores compositores. Vos hacés una canción y después vienen 150 interpretes que te versionan, y la última versión por lógica tiene que ser más interesante. Pero no le va a quitar fuerza a la canción original.

-Volviendo al disco, elegiste un tango para versionar: Por la vuelta…

Sí, de Cadícamo, nada menos. Pero lo interpreto a la manera mía, en swing. El tango es una gran música, estoy diciendo una verdad de Perogrullo; y hay que dejársela a los tangueros. Nunca funcionó esa gente que cambia tan fácil de género, no sé, dominar un género te lleva toda la vida y a veces no alcanza.

-¿Cuáles son los géneros que alcanzaste a dominar?

Yo domino lo que tiene que ver con el blues, el jazz, el rock and roll, funky; que es con lo que yo empecé, y la versión argentina que inventé de eso.

-¿El nuevo disco sigue esa línea?

Sí, inclusive el tango lo hago con un arreglo de jazz, lo toco como swing, con lo cual entro en una categoría que es el jazz argentino. El jazz es tan nuestro como el tango, y cualquier ritmo americano. El tango viene de la habanera, el tango nos es tan extranjero como el jazz, o en realidad es lo mismo. Argentina es un país de excelentes músicos de jazz y fueron mi influencia, como Oscar Alemán. No me comparo con ellos, porque para mi son gigantes, pero creo que los jazzeros argentinos han sido tímidos y acomplejados.


-¿Sentís reconocimiento del público hacia Manal y tu carrera solista?

Si, y me encanta. Me vienen a ver dos generaciones, y eso me emociona. En septiembre hice unos conciertos y ver un pibe que me dice “maestro, toque ‘Basta de boludos’” y yo le digo: ¿cuántos años tenés? 16, y me halaga, no lo puedo creer que, mas allá de la cuestión de egos, haya pibes que les cabe lo que hago.

-¿Y de parte de la prensa?

Yo de la prensa siento un respeto absoluto. Naturalmente se conoce más mi obra con Manal que mi obra como solista, pero igual va entrando mi obra como solista, “Basta de boludos”, “Corrientes”, ya tuve mis éxitos como solista.

Está todo bien, ¿vos te referís al circuito del rock?

-Sí, al de los grandes medios en realidad, las rotaciones radiales. Por ahí suenan otras bandas y no tanto Manal o Javier Martínez solista.
Lo que pasa es que hay mucha oferta, pero está en difusión, se difunde mucho.

Javier Martínez es un gran observador de la realidad, y de eso dan testimonio sus canciones. Cuando se le pide una definición sobre la actualidad de la música se despacha con un interesante análisis sobre el avance de la tecnología, la actualidad de la música y la deformación de la cultura rock:

Hay un problema con la electrónica, y con ese facilismo engañoso de las máquinas, a mi me aburre, será porque yo tengo un sentido rítmico, soy percusionista. Cuando pienso que hay decenas de miles de personas que bailan con una máquina me da un poco de pena, algo raro pasa; primero porque no hay una emoción humana en lo que los hace bailar, y después porque eso le esta restando trabajo a músicos, sería mucho mejor que hubiera un grupo con unos buenos percusionistas que estuvieran haciendo ritmos humanos

-Como decía Pappo…
Y sí, en la música se reflejó eso, la idea de que no hay seres humanos es inhumana, completamente. Parece que quisieran ir desesperadamente hacia eso, cuando yo creo que lo que siempre va a quedar en pie es la actuación en vivo. No sé, lo remplazarán con imágenes holográficas, con máquinas. ¿Ese es el futuro que nos proponen? Es aburrido...

-Eso lo hizo Daft Punk hace poco en Buenos Aires. Lo que hacen es completar el vacío de gente humana con luces que se prenden en el escenario. Te bombardean con música de máquinas y una presentación audiovisual en un escenario en el que no hay nadie.

Lo han logrado entonces, han eliminado al hombre. Hay algo muy oscuro atrás de todo esto, porque los que están atrás de la tecnología son seres humanos, pero están yendo contra lo humano.

-¿No pueden convivir los músicos y las máquinas? Porque los estadios también se llenan con músicos de rock.

Sí, claro que sí. Menos mal…. De todas maneras… la aproximación a lo masivo, los conciertos en los estadios, a mi no me gustan, creo que no suenan bien. Es el negocio, esa tendencia de los estadios. A mi me gusta escuchar en un teatro con buena acústica a tipos que tocan de verdad.

-¿Cuál es el lugar del rock en este contexto?

Yo creo que lo que está viviendo el rock en el mundo es una catástrofe, no puedo llamarlo de otra manera. Un género cuando se populariza demasiado corre muchos peligros, de ser invadido, vulgarizado. Al rock le pasó eso. Yo creo que hoy la cultura rock, es una cosa decadente, aburrida, nada tiene que ver con la música, es un fenómeno social, como el fútbol; pero el fútbol ya no tiene nada que ver con el fútbol, y el rock ya no tiene nada que ver con el rock. Están los problemas sociales metidos adentro de un pack cultural que algún día fue un género, y hoy es una palabra que no refiere a nada concreto.

-¿A partir de cuándo empieza a darse este fenómeno?

Yo sigo la teoría de mi amigo Moris, que descubrió que el origen de todo eso está en los fabricantes de instrumentos. Hubo una gran campaña de los fabricantes de instrumentos que empezó hace por lo menos 25 años. Fueron los japoneses, que son muy agresivos, industrial y comercialmente. Lo inventaron para vender muchos más instrumentos, tantos como no se habían imaginado, y lo lograron, porque comprarse la guitarrita eléctrica y formar la bandita es el hobby de millones y millones de tipos alrededor del mundo; a lo mejor en otra época se copaban con jugar a la pelota o con otra cosa. Por otro lado hay una parte buena de la historia, porque hay una evolución tecnológica fascinante, pero en el medio “rock” terminó significando cualquier cosa y acá en nuestro país una parte de esa historia terminó en tragedia, en una imitación de los peores rasgos del fútbol. Cuando Moris me lo dijo me sorprendió, yo no había elaborado una hipótesis por ese lado; después la empecé a estudiar y vi que es muy verosímil. Y es así, fijate que todo el mundo tiene una guitarra eléctrica, una bandita ensayando en el garaje.

-¿Creés que las dificultades que tenían ustedes en los comienzos para conseguir instrumentos y equipos beneficiaba la calidad musical?

No sé. Es verdad que era difícil tener un buen instrumento, llegar a grabar. Hoy todo eso está facilitado, no me parece mal, pero yo voy al contenido; ¿donde está la calidad?

-Dentro de este panorama que planteás, hay algún grupo que te guste, de un tiempo a esta parte, que destaques algo, que te conmueva…

No le doy bola. No me atraen, no me interesa. Es más, voy a producir una política de cambio instrumental, este va a ser el último disco en el que haya solos de guitarra en mi carrera. Estamos aburridos de los solos de guitarra, son unos plomazos. Yo me considero afortunado por una cuestión cronológica; por pertenecer a la generación que pertenezco y por haber recibido una formación en mi juventud de un estricto buen gusto. En mi casa se escuchaba toda clase de música, pero ahora me doy cuenta que era toda buena, que mis viejos eran melómanos, yo fui absorbiendo todo eso… Y ahora entro a una casa y escucho una máquina de ritmos, y un tipo puteando… no sé que es eso, y no sé a quien hace feliz, porque tampoco veo que la cara del tipo que escucha eso esté contenta. Creo que tuve suerte.

Hacia fin de año el público tendrá la oportunidad de ver nuevamente en vivo a Javier Martínez. Y el músico fantasea con una propuesta innovadora.

-¿Para cuándo va a estar terminado el disco? ¿Hay alguna presentación confirmada?

Según mis cálculos el disco va a salir en diciembre y lo voy a presentar también en diciembre. No sé donde, seguramente va a ser en un teatro. A mi me gusta mucho la calle Corrientes, le escribí un rock and roll, hice varios shows en el Teatro Concert y voy a persistir hasta tener una marquesina de revista, con mucho color; estar tocando y tener una bailarina, que la miren a ella y a mí que me escuchen: había pensado en una tarima, la banda tocando, y abajo el cuerpo de baile, todas chicas por supuesto

-Parece difícil viendo los conciertos de hoy en día.

Al rock le falta volver a la alegría: El pogo es poco. En el pogo no hay mujeres y eso se soluciona volviendo a las raíces, cuando un género se deforma hay que volver a las raíces, el rock and roll, una danza, un baile hermoso, y hay que estar con una chica, y si hay chicas hay belleza, swing, y no hay pogo. Si allá están bailando con una máquina, acá van a bailar con una orquesta. Es la lucha que estoy llevando ahora.

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