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El triunfo de la insistencia: Darkways plantó bandera en Argentina

El post punk pudo más. Tras una postergación que solo cebó más la expectativa, el dúo de Barcelona debutó en suelo porteño el jueves 30.

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Fotos y Texto: Ale Reggiani | Ale Reggiani |

Estaba todo pactado para el miércoles 29 de julio. Las bandas locales salieron a la cancha a comerse el escenario, pero el show principal debió posponerse para el día siguiente. Lejos de enfriar el ambiente, la espera solo alimentó las ganas de un público que no sabe de brazos cruzados. Revista El Bondi estuvo ahí las dos jornadas, haciendo el aguante y bancando los trapos. El jueves 30, finalmente, las puertas se abrieron para el gran desenlace.

El despertar de la melancolía

La tarde arrancó con Diurno y Distante, un trío que viene pidiendo pista fuerte en el circuito dream pop y post punk. Comandados por la hipnótica presencia de Evelyn Gomeñuka en bajo y voz, secundada por el pulso firme de Federico Lovine en parches y los climas que Agustín Lomez dibuja desde la guitarra, la banda armó un colchón de distorsión y ensueño ideal para calentar el cemento. Mostraron las cartas con “Síntoma”, su flamante single 2026, y completaron un setlist de seis temas que dejó flotando en el aire ese aroma a nostalgia ochentera tan necesario.

Oscuridad futurista en las venas

Casi sin respiro el escenario mutó para recibir a Die Noia Futuriszk. El proyecto comandado por Ferran Pont es una patada de lisergia y crudeza bailable. Arrancaron al hueso con “El Mal” decretando que la noche no iba a dar concesiones. Para sumar potencia al vivo, tuvieron al tremendo José Navarro como baterista invitado, dándole un groove criminal a cada golpe. Fueron siete bombazos de un post punk rabioso y directo que encontró su punto final en la densidad de “Cipreses”.

El doblete de Bloodparade

Bloodparade volvió a ratificar sobre las tablas esa vigencia que los mantiene como un faro ineludible de nuestra escena. El miércoles, fieles a su identidad mística y enérgica, armaron un setlist que funcionaba como el puente perfecto entre el presente y lo que viene. La gran caricia para los más manijas llegó de entrada: el arranque combinó la ya estrenada en 2025 “Lies” con “Enigmas del Tiempo”, dos adelantos de ese esperado nuevo álbum que se cocina a fuego lento.

Si bien los músicos nos confirmaron tras bambalinas que el disco saldrá este 2026 pero que todavía no hay una fecha definida, la ansiedad se domó a fuerza de música. El viaje seguía impecable con ejecuciones viscerales de “Somebody Comes for Me”, “Rend Destiny” y “The Final Day”. El cierre definitivo estaba reservado para otro estreno absoluto de la placa venidera: un demoledor “Heartbreaker”. Pero el rock impredecible metió la cola. El último tema no llegó al final; la orden de evacuación interrumpió el trance y dejó a todos con la espina clavada.

Pero el fútbol y el rock siempre dan revancha. El jueves, con las puertas abiertas de par en par, Bloodparade volvió a subir a las tablas. Esta vez, conscientes de la sed del público tras el corte abrupto del día anterior, cambiaron la estrategia: en vez de apostar a lo nuevo, patearon el tablero y volvieron a las fuentes. No dejaron afuera ninguno de sus hits más pesados, desatando la locura con “Can’t Ignore” y “Betrayal”, para coronar un cierre definitivo y sanador con “Take My Soul”. Ahora sí, la cuenta estaba saldada.

Balvanera

La grilla del miércoles continuó estirando los márgenes de la oscuridad con la presentación de Balvanera. Cargado de graves profundos y una interpretación vocal que rozó lo agónico y lo visceral, el proyecto a dúo dio como resultado una extensa performance no apta para oídos ligeros, ideal para adentrarse en las texturas más espesas del género. El setlist se diseñó para los amantes de las atmósferas densas y opresivas, hilvanando tracks como “Tide”, “Cuánto Resiste el Cuerpo”, “Salvaje” y un final crudo comandado por “Rust”.

Darkways tuvo revancha

Y finalmente, el momento de la verdad. La espera forzada del día anterior no hizo más que agigantar el mito y, veinticuatro horas después de lo pactado, la oscuridad total de Darkways se adueñó de las tablas porteñas para dar un show increíble de punta a punta.

Los catalanes desplegaron un arsenal sonoro impecable que arrancó con la neblina densa de “Fading Time” y el pulso demoledor de “Ash Maker”. El setlist, un viaje milimétrico por las fibras más sensibles del darkwave actual, hilvanó momentos altísimos gracias a la crudeza de “Lies”, la melancolía de “Eternidad” y la urgencia bailable de “Shadowdancer”. Para cuando sonaron los acordes de “Requiem” y la hipnótica “Hollow”, el teatro ya era un solo cuerpo moviéndose en la penumbra.

El cierre definitivo llegó de la mano de “Leaves No Trace Behind”, dejando una estela de distorsión y ovaciones en el aire. Pero la verdadera magia de la noche no terminó con los parlantes apagados. Tras la característica e infaltable foto con todo el público de fondo, los músicos rompieron la distancia del escenario. Lejos de la frialdad de las grandes giras, se quedaron dentro del teatro para sacarse fotos íntimas y charlar con sus fans más fieles, regalando un baño de humanidad que transformó un tremendo show de post punk en una noche inolvidable. Las sombras, cuando tienen este pulso y este corazón, se bailan con el alma.

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