Andrea Alvarez
"Mi conexión con la música justifica todo lo demás"
07 de Julio, 2015
Antes de la presentación oficial de su último disco “Y lo dejamos venir”, el 10 de julio en Vorterix, Andrea Alvarez, cuenta cómo se produjo este material, de qué tan complejo o simple puede ser sacar un disco, del disfrute que le genera tocar y el recuerdo de Cerati. También habla de los proyectos paralelos a los que pertenece y las diferencias que vivió dentro del rock sólo por el hecho de ser mujer.
Andrea Alvarez fue una de las primeras bateristas mujeres que revolucionó el rock nacional. La muestra vital del enorme poder que puede salir de los brazos, de la voz de las ideas de una mujer. Desde chiquita sabía que en la batería estaba su futuro y de la mano de Lito Vitale aprendió a desarrollarse y meterse en el mundo del rock. Formó parte de Rouge, acompañó a Soda Stereo y tocó con artistas como Charly García, Richard Coleman y Tito Puentes, entre otros.
Ahora, junto con Lonnie Hillyer (bajista) y Tomás Brugués (guitarrista), disfruta de su etapa solista y con su cuarto disco vuelve a encontrar la excusa perfecta para hacer lo que más le gusta: tocar la batería.
-¿Qué representa Y lo dejamos venir en tu vida?
-Representa un momento de madurez musical fuerte. Una conclusión de un montón de cosas que hice, quizás en otros discos no lo noté tanto como ahora. Es la meta a la que llegué, porque en un momento no veía la forma en que podía concretar el disco nuevo, ya sea monetariamente o técnicamente, y en un momento lo decidí y cerré todo: hice los demos precariamente pero eficaz y salió y es casi como pensé que iba a ser. Algunas cosas son mejores. Hacerlo fue muy natural por cómo estaba ya parido y es un disco que lo hicimos en banda, se nota mucho que hay una banda bien armada. Si bien es un disco solista, el concepto musical es de banda.
-¿Fue la primera vez que intervinieron más de lleno los demás músicos?
-No, la diferencia es que en este disco ya compuse distinto, desde la guitarra. Este guitarrista nuevo que tengo, Tomás Brugués, me ayudó bastante. Su juventud, su cero conflicto para encarar las canciones. Si yo tocase la guitarra plantear un tema nuevo sería más fácil: el tema ya está ahí. En cambio cuando yo lo planteo, se los cuento más o menos porque yo estoy tocando la batería y es más difícil. Hice como un demo, hiper precario, porque yo no sé tocar, hice lo que pude y ellos entendieron. Lo produje con Lonnie Hillyer, el bajista, y lo trabajamos mucho en los ensayos. Si bien yo daba la dirección de la música cada uno traía sus cosas. No intervino nadie más que nosotros tres.
-Durante el proceso creativo, ¿crees que la energía está abocada 100% en el disco o también la ves reflejada en otros aspectos de tu vida?
-Uno tiene como un radar, estamos ahí atentos a todo, y cuando estás haciendo un disco ese radar está en una línea, está abierto, entonces agarra todo. Una de las cosas que me propongo cuando estoy componiendo que me pasa desde el disco anterior, es no ver tv abierta. No me gusta, no me inspira, no tiene onda artística. Entonces lo que hago es escuchar mucha música de otros, leer y juntarme mucho con mis amigos. El otro día una amiga me decía que había escuchado el disco y que se había acordado de todas nuestras charlas porque el disco está lleno de frases que cualquiera que me conoce las registra fácilmente porque soy yo. Hay anécdotas que me cuentan las alumnas, cosas mías, la situación musical, lo que veo del otro, todo, porque en realidad el disco habla de algo que hablan los discos de rock: de construirse un camino paralelo para que todo esté mejor que lo que el mundo nos plantea. Así es como nació el rock, como contrapropuesta a una sociedad que la juventud no abalaba, así surge el rock original. Todas las canciones de rock hablan de lo mismo: de estar en contra de algo y a favor de otra cosa, para decir que hay un lugar mejor. “Se pudre todo” y “Lo dejamos venir” se trata más o menos de eso: que aunque esté todo mal le vamos a encontrar una salida.
-Y en cuando a costos, ¿es una buena época para sacar discos?
-Si tenés plata es fácil y si no, no, como me pasó a mí, por eso tardé tanto. Mi música no se puede grabar digitalmente. O sea, lo podes hacer pero no suena igual. Es un rock más orgánico, entonces necesito una consola para sonar como a mí me gusta. Obviamente lo que yo gasto en un disco, cada disco de los que me gustan lo gastan en una canción, o en un demo y por eso también suenan así. Este era todo en vivo, o sea no es que había edición de nada.En este caso lo produje yo con Lonnie, pero el técnico que es Facundo Rodriguez fue fundamental porque por un lado el técnico es caro, pero por el otro te ahorras plata. Es como otro músico más en el que tenés que confiar. Tiene que tener calidad, tiene que entenderte y se tiene que comprometer con el objetivo al que vos querés llegar. Tiene que ser un compañero, porque si el técnico se transforma en una competencia te mata el disco. Lo que más cuesta es un estudio como la gente, mandarlo a masterizar, que suene más o menos parejo a la música que a uno le gusta, pero no sé si es fácil. Obviamente con bajo presupuesto se pueden grabar muchas cosas pero tenés que tocar bien, no solo el instrumento que vos contratás sino vos. Podes tener la batería más cara y no sonar nada.
-¿Qué cosas disfrutas ahora de esta carrera, al estar tanto tiempo en el rock?
-Siempre disfruto de lo mismo: de tocar. De ensayar y tocar en vivo, el momento de tocar. La previa las preparaciones, no. Lo vivo, lo hago, tampoco lo padezco tanto pero no es lo que más disfruto.
Disfruto de la práctica, el momento de componer, mi conexión con la música justifica todo lo demás. Me encanta ensayar y me gustaría tocar todos los días con la banda o con otros músicos y estar todo el día hacer eso. La respuesta del público y la ceremonia del escenario, grabar también me gusta, los post y mezclar no tanto pero lo hago, me gusta ver como la canción toma vida y funciona.
-Los viajes siempre fueron el pie para algo importante, después del viaje a Europa en tu infancia empezaste a tocar la batería, cuando volviste de Nueva York hiciste hiciste un vuelco de 360° artísticamente, ¿cuál fue el último viaje que te movilizó y qué parte de tu vida fue la que quedó más impactada?
-Desde esa vez que fui a vivir a Nueva York no tuve ningún viaje groso, sacando el viaje en el que acompañé a Soda Stereo. Si bien me gusta viajar, el ser madre me transformó más en sedentaria. De hecho creo que ser madre fue el último viaje que me marcó. Me gusta cuidar más, en eso sí cambié. Tampoco viajé con mi banda de una forma en la que puedo llegar a decir que algo me cambió, ese es el viaje más fuerte que me falta. Sí lo hice con otras personas pero tocar con otro nunca te afecta tanto como tocar con tu propio proyecto.
-Paralelamente a tu proyecto solista, está con “Somos todas” y “Se trata de nosotras”, ¿cómo vivís esta experiencia?
La propuesta me atrajo por la causa. Siempre hablo de esas cosas en las canciones de alguna manera y nunca vi que nadie lo haga. Me encantó que por primera vez me hayan llamado para tocar un día de la mujer, en algo que tiene que ver con problemática de género femenino, ya que no conozco muchas artistas de rock que estén muy comprometidas con la situación de género. Me gustó que toquemos “Se pudre todo” y ahí la idea me cerró. Me encontré con unas compañeras con las que terminamos armando una cofradía y una banda intensa, linda, amigas. Es muy fuerte “Se trata de nosotras”. Vuelvo muy cansada, hay mucha movilización interna y externa: toco la batería y son muchos estilos musicales en un mismo día: prueba de sonido, el show. Desde la batería se vive muy intenso, es una de las mejores cosas que me pasó en el año, dejando el disco de lado, obvio.
“Somos todas” es distinto, con la misma banda y distintas solistas pero muy hermoso.
-Vos que compartiste muchos años bandas con hombres donde la mujer no era algo muy común en el rock, ¿cómo te sentiste?
-Me sentí de todo. Depende la época de mi vida: al principio te tomaban más como mascotita, depende los momentos, de quién era. Lo que sí puedo decir es que una mujer tiene que hacer muchas más cosas para ser atendida y calificada con el “ok”. Un varón cantando mal se puede hacer famoso en un minuto, de hecho está lleno de ejemplos, y no hay mujeres equivalentes así. La mujer tiene que hacer muchas cosas o curtirse a alguien de mucho poder jaja pero tiene que hacer un sacrificio grande. Creo que los hombres logran eso también porque desde chiquitas a las mujeres nos enseñan a avalar, a sostener esos fetos, no sé cómo llamarlos, porque esas mujeres van y compran la entrada. Es una cosa de educación: nosotras sostenemos, no sólo a esos varones insípidos artísticamente, sino también a novios estúpidos, maridos idiotas, nos enseñan a sostener y por eso la industria está como está. Hay gente que le gusta el poder y está ahí agarrada pero los que ocupan el poder en la industria no tienen nada que ver con lo artístico.
-¿Te fuiste de alguna banda por este tipo de diferencias?
Sí de muchas, más de una vez.
-¿Alguna vez dijiste” ojalá nunca hubiera estado acá”?
-No, lo tomaba como algo que como había que trabajar había que bancárselo. Sí hubo maltratos ocultos. Me he ido o los banqué, y supe dar vuelta la situación pero siempre haciendo estrategias y mirando qué puedo decir y qué no, mucho más que lo que un varón tiene que hacer. Supongo que en la música como en las oficinas, en todos lados tenés que estar negociando, haciendo alianzas para sostener esta situación.
-En tu último disco hay un tema dedicado a Gustavo Cerati, ¿qué cosas extrañas de él?¿cómo nació esa canción?
-De Gustavo extraño todo. El tema nace hace bastantes años, cuando él estaba internado y mientras practicaba con la guitarra cosas que tenían que ver con él, de ahí salió hacerle un tema. Lo que quería expresar era el amor que uno puede llegar a tener por una persona desde distintos puntos (alguna novia, yo como compañera, el fan) y esa sensación de no poder verlo más. Es muy sincero. No sabía si iba a quedar en el disco, es más, no lo ensayamos, fue el último. En el momento que quisimos hacerlo tardamos porque yo era la única que sabía cómo la quería y no lo sabía tocar. Quería que suene como la tocaba él y era muy difícil. Cuando la canté se quedaron todos en silencio. Pensé que era horrible. Dije “che, es muy malo, ¿no?” y me dijeron: “No, alucinante, Andrea”. Estaban todos re conmovidos, lo canté otra vez más y quedó.