Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Edu Schmidt

"La fama es ridícula"

Cronista: Redaccion El Bondi | Fotos: Barbara Sardi

04 de Junio, 2014

"La fama es ridícula"

Edu Schmidt, ex cantante de Árbol, habló con El Bondi sobre su camino como solista, las libertades, las dificultades, la manera honesta e ideológica que tiene para vivir y seguir haciendo discos.

Árbol fue una de las bandas que salvó a los adolescentes del 2000. En la época más jodida para el país, había gente que seguía animando almas con sus pogos llenos de rock y punk. Cuando la cosa empezó a remontar ya eran una de las bandas más convocantes del país, con un discurso irónico, incisivo, soñador y crudo. En el 2006 Edu Schmidt decide alejarse de la banda en pleno éxito y ahí todo cambió. Su ideología por la elección más pura de la música, la extrema independencia y el máximo alejamiento del mundo comercial que muchas veces contamina y tapa lo más natural de la música lo llevaron a sacar su segundo disco solista, Chocho, y a vivir de lo que le gusta, sin tener que llevar el peso de la fama. De esa fama que como él dice, siempre “es ridícula”.

-Hiciste una movida para solventar los costos de producción del disco, ¿cómo surgió eso?
Edu: -Ahora hay varias plataformas donde los fans pueden ayudar al músico a terminar algunos proyectos. A mí la verdad que mucho no me funcionó. Yo no tenía tarjeta de crédito, entonces hasta que pude cobrar la plata que entró tuve que sacar una tarjeta. Después para mandar los premios también se complicaba. Es más para un público con tarjetas de crédito o PayPal si están afuera. Fue medio engorroso.

-Sin embargo el trato era muy casero, aportando poca plata podías llevarte desde un video de alguna canción hasta un recital en tu casa.
Edu: -La idea es dar premios originales para que sea una cosa divertida. Que haya premios para el colaborador, si no sería lo mismo que poner una cuenta en un banco y por medio anónimo. Entonces no sabes quién puso, no le conoces la cara. De esta manera después viene al show, busca tu remera y te dice, “yo colaboré”. Además, no es una donación, es una colaboración con un proyecto. 

-Doble apoyo, no sólo a la música sino también a bancar esa movida.
Edu: -La idea está buena porque se juntan varias necesidades nuevas: una, es que al no haber compañía discográfica, el artista no sabe bien qué hacer. Yo venía acostumbrado a que la compañía me resolvía todo, si bien siempre hablamos mal de las compañías de algo servía. Cuando no hay más compañía, de alguna manera, el músico se hace más cargo de su carrera y la relación con el público es otra: ellos se sienten dentro de una situación no tan capitalista en la que no son sólo un cliente que compra un disco más. El público en un momento, era más cliente que público, era comprador pasivo de lo que le mandaban los medios. Ahora en los medios no hay tanto lugar para bandas nuevas que no están con compañías, entonces el público se hizo cargo de ayudar al artista para que crezca. Hoy en día si un músico no vende entradas para un show tiene que trabajar de otra cosa. Esa entrada está haciendo que ese músico pueda vivir de su música.

-Hay un documental llamado CISMA en el que hablás un poco de esta situación y al mismo tiempo delata que no sos el único, si no que hay muchos en la misma, ¿cómo es la relación con ellos?
Edu: -Con algunos de los músicos que participan tengo una relación amistosa. Yo creo que a todos nos está pasando lo mismo. Por ahí, en ese documental hay músicos que siguen estando con discográficas y otros no, pero excepto cuando no podes usar más una herramienta tenés que inventarte otra, o dedicarte a otra cosa. Esto es casi de supervivencia. Y en esas situaciones quizá salen las ideas más novedosas y si se quiere más revolucionarias. Es como un marxismo berreta (se ríe), pero cuando tenés hambre algo hacés, es praxis pura. Después si tenés para comer, vas para un lado, vas para el otro, sos más de derecha, más de izquierda, pero tenés hambre y matás por comer.

-¿Y cómo sentiste ese despegue y alejamiento de toda la onda de las discográficas, banda y de golpe saltar a lo independiente más crudo? No es el caso del líder de la banda que se va a buscar plata, a llenar el Luna Park...
Edu: -Si hiciera un Luna Park y lo llenara estaría más contento todavía...

-Pero elegiste otro camino menos comercial, sino quizás lo estarías haciendo...
Edu: -Invento el camino en función de la situación en la que estoy inmerso. Mi último show en Capital había sido un Luna Park lleno y el primero con este proyecto solista eran 30 personas en el Salón Pueyrredón. Esa es la realidad a la que yo me adapté. Tengo una banda que entra en un autito, entonces puedo ir a tocar donde sea. Tuve que adaptarme a tener una banda que pueda ser transportable, económica para los lugares y por eso estoy tocando todo el tiempo. Si no haría un festivalazo cada dos, tres, meses, donde me paguen bien, yo les pague a los músicos y se acabó. Para eso tuve que armarme una especie de soldados, medio guerrilleros, que me acompaña. Y hoy por hoy, hasta eso es difícil de mantener, entonces tengo varias bandas en diferentes ciudades: una en la costa, otra en Paraná, hay otra armándose en Córdoba.

-¿Extrañas algo de Árbol?
Edu: -Algunas cosas sí. Ahora eh, al principio no extrañaba nada. Extraño algunas situaciones, pero tienen que ver con un proyecto grande: poder tener un buen sonido, buen operador, un buen escenario, un asistente, esas cosas que te salen caras y nadie te ayuda. Hay muchos shows que para poder hacerlos me tiene que operar el dueño del bar al que voy a tocar, sino no lo hago. Y yo hoy opto por hacerlo. Otros músicos dicen “si no sueno súper, no lo hago”. Son casi ideológicas esas decisiones. Tocar en lo más óptimo y dar un show 10 puntos, o saber que el show técnicamente va a ser deficiente entonces va haber que ponerle más el cuerpo. La gente no se tiene que enterar que hay un cable que no anda y para eso tenés que estar ahí prendido fuego y de hecho, la gente no se entera. No lo estás engañando, están mirando atentos otra cosa.

-Hay algo como muy lúdico en las canciones, ¿usar palabras sencillas y no tan complejas hacen que la canción sea más popular?
Edu: -Sí, está buscado a propósito. Es usar el lenguaje coloquial. Tiene que ver con llegar y que la canción sea inmediata, que no haya mucha vuelta. Por ahí después dentro de eso, como en una segunda lectura, es usar la ironía que por ahí a veces no sabes si estoy hablando en serio o hablando de todo lo contrario. O a veces uso la ironía en cómo combino la letra con la música. “Chikaanorexica” (del disco Guau! De Árbol) es una letra que en ese momento, era muy pesada, hablaba de un tema del que mucho no se hablaba, y usar una cumbia villera que era como una música desprestigiada era muy jugado. De hecho, la idea era que cante Pablito Lescano que en ese momento creo que, salvo Fidel Nadal, nadie le daba mucha bola. Lescano justo estaba preso y no pudo grabar en el disco pero también eso es como contradecir a los estilos: se suponía en ese momento que la cumbia villera hablaba de droga, sexo y más cumbia. Usar ese estilo para hablar de la anorexia que era un tema tremendo, y lo sigue siendo, era de alguna manera, ironizar o darle otra vuelta de tuerca al estilo. Encima la letra era intrincada, porque la última sílaba de la palabra era la primera de la siguiente (“chikanorexicamina por la calle...”). Todo eso era como usar un estilo literario medio rebuscado en algo que se suponía que musicalmente era lo más básico, que tiene que ver con la gente prejuiciosa con un estilo que a mí me gusta. Era una especie de desafío: voy a escribir un tema de cumbia pero la letra va ser sofisticada, va a hablar de un tema profundo y en el medio va a tener un machaque punk, que hasta donde yo entiendo, no lo había hecho nadie en una cumbia villera.

-¿Vos crees que al separarte de Árbol tuviste la posibilidad de encontrarte con otros músicos?
Edu: -Sí, igual lo podría haber hecho estando en Árbol. Sí siento que Árbol me consumía mucho tiempo y energía y me daba menos tiempo para muchas cosas. Siempre había muchas cosas para hacer, que ahora las tengo y puedo manejarlas un toque más. Puedo irme y decir “vuelvo en una semana” a cualquiera de los 10 mil proyectos que tenga. Y esta libertad de la banda me hizo conocer a la banda que tocó todo el verano conmigo, los músicos del Plan de la mariposa, que los conocí en un laburo para la Bienal del año pasado. Ahora puedo hacer lo que quiera, eso también es un gran quilombo, estar decidiendo todo el tiempo, no hay un manager, una discográfica, una agenda imponiéndome, que a veces es bueno y a veces no.

-¿Cómo fue la gestación de las letras de Chocho?
Edu: -Chocho fue un disco que de diez canciones, nueve las hice con Balde, el ex bajista de Kapanga, que ahora vive en la costa. La mayoría de las canciones empezaron con una idea muy simple, igual es un sistema que suelo usar. Como soy medio enroscado, después le doy mil vueltas y pruebo 10 mil maneras de tocarlo, armonías, cambios, todo.

-¿Y con las letras?
Edu: -Le doy mucha bola a las letras, ya que son las que definen si está terminada o no. Y muchas veces voy siguiendo la letra y no la melodía. A mí no me importa si tengo que cambiar un par de notas para que la canción sea mejor. A un tipo al que le encantan las melodías prefiere que las letras estén un poco menos interesantes y poner una palabra no tan poética, pero que la melodía esté. Eso es bastante ideológico también, porque desde mi punto de vista la melodía tiene que ver con lo lindo, lo formal, y la letra con el contenido porque la letra dice cosas. A veces es linda por lo que dice y no por cómo suena. Entonces en ese sentido no soy un letrista poético, soy más coloquial.

-¿Qué te sedujo de Ringo Bonavena para hacer un tema?
Edu: -Siempre por alguna extraña razón me gustó el boxeo, nunca me gustó el futbol, nunca me interesó ningún deporte salvo el boxeo. Creo que tiene que ver con un abuelo ruso que alguna vez habrá visto alguna pelea delante mío y me llamó la atención, y con que es todo lo opuesto a todas las actividades que hago, que son más cerebrales: tocar el violín, componer, en algún momento dar clases. Por una cuestión de salud empecé a entrenar boxeo. Empecé a caminar, a trotar y naturalmente me daban ganas de hacer algo, y me enteré que el boxeo era como más completo. Y encontré un espacio en el que no pienso, nada más es físico. Obviamente después le encontré toda una vuelta estratégica y un paralelo muy fuerte con algunas situaciones de la vida y empecé a leer muchas biografías de boxeadores, que son muchas veces parecidas: viven en una casa con piso de tierra, llegan a ganar fortunas, se la gastan y en dos años vuelven a los inicios. Lamentablemente por lo general es así, obvio hay excepciones, pero en Argentina suele ser así.

-¿Cuáles son esos paralelos con los que te encontraste?
Edu: -La canción de Ringo, además de tener frases de él, es una metáfora a todo lo que yo también viví, desde el título hasta el tema en sí: pasé de que me suene todo el día el teléfono, a decir “me voy de Árbol” y que al otro día no suene más durante años; que gente que hizo un montón de negocios conmigo no sea capaz ni de decirte “Edu, discúlpame, no tengo tiempo”. Un “no” uno lo recibe todo el tiempo, pero ni siquiera te contestan un mensaje de los cuatro que dejás. Entonces decís: ¿Qué onda? Eso te pasa muchas veces en distintas formas. Un amigo me dijo “y bueno, son los amigos del campeón”, entonces ahí hice la conexión con el boxeador y creo que fue bastante directo.

-El músico y el boxeador tienen bastante en común, más en eso de no saber qué puede pasar con el éxito, la fama y demás cosas…
Edu: -Sí, quizás a veces no sabe manejarlo. Igual nadie le enseña nada a nadie. No solo en la fama, nadie te enseña nada con respecto a todo lo que te pasa. Lo de la fama es bastante particular porque está muy sobrevaluada en esta sociedad capitalista. Entonces ser famoso parece que es más importante que ser bueno. Le gana a la ética. Ser famoso es todo, más importante que ser rico. Esta es la paradoja de esta ciudad. El rico preferiría ser famoso. El famoso pobre preferiría ser rico, pero ese es otro tema. Lo único que te cambia es que te rarifica todo el entorno. La gente piensa que sos una persona que no sos. Es toda una irrealidad que no tiene mucho sentido porque a mí, como cualquier persona que tuvo que firmar autógrafos, le ha pasado saber que el que te está pidiendo un autógrafo no sabe quién sos y llega un momento en el que el 30% de los que te piden autógrafos no saben quién sos realmente. Se enteraron que hay alguien ahí que es famoso.

-¿Y cómo soportabas eso?
Edu:-Y a veces no lo soportás. Por suerte siempre tuve un perfil bajo, mi cara no es tan conocida ni nada. No sacaban muchas fotos de la banda, por eso siempre estaba atrás de un gato, de un perro o un lobo. No hice la cosa esa de “tené el poster del integrante de la banda que te gusta” que se solía hacer en el pasado. Entonces la gente te tiene cierto respeto. Si vos ves a un tipo en el subte, decís este no puede ser famoso. En la época de Árbol no tenía auto, viajaba en tren y nadie te va a pedir un autógrafo en el vagón. Me estoy dando cuenta de que viajé mil veces en el tren y casi nunca firmé autógrafos. Si no vas a un boliche a la noche con gente, nadie te molesta. Al Mago Sin Dientes le piden un autógrafo porque es mago y sin dientes. La fama es ridícula.

-¿Qué es lo que más te gustó del resultado artístico que obtuviste con este disco?
Edu: -Hay algo que me gusta y, al mismo tiempo me disgusta que es otro disco de paso. Siento que está mejor logrado que todos los discos que hice antes pero también me gusta eso de saber que el próximo va a estar mejor. Tiene mucha frescura, mucho humor, que es algo que usaba en las canciones folclóricas de Árbol como “Soy la Zoila”, y que ahora es “El enroscao”. Es un disco simple que dura 35 minutos, que en el medio te despierta una sonrisa y en otro te bajonea un poco, pasa por varias situaciones y al que lo escucha lo hace sentir diferentes cosas, que es un poco lo que yo busco en los discos. Tiene una calidad de audio óptima. Gasté un montón de plata que todavía estoy devolviendo, ya me metí en un riesgo económico al que no estaba acostumbrado. Me metí en la pileta para hacer un disco de alta gama bancado por mí, por parientes y amigos que confían en el proyecto y de alguna manera hicieron de productores ejecutivos. Arriesgarme a hacer algo de calidad es un paso muy importante, ya que me obliga a tener un compromiso mayor con algo que todavía no sé por qué lo hago. Pero en el medio sigo sacando discos.

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