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Benjamín Amadeo y la promesa de seguir en vuelo

Prometieron Volar, el cuarto material de estudio del artista argentino, propone un viaje pop entre la nostalgia y el deseo.

Publicado

Fotos y Texto: Archivo | Mei Kisz |

La tapa del disco, con un pequeño Benjamín Amadeo que lleva puesta una remera de Superman y permanece sentado frente a un fondo de flores naranjas y rosas, recuerda a las palabras de la escritora Louise Glück: “Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria”. Porque de eso se trata este nuevo álbum: de mirar hacia atrás sin quedarse en el pasado. Con nostalgia pero sin pena, para encontrar fuerza en la memoria y seguir avanzando.

Tan solo treinta minutos son suficientes para que Benjamín Amadeo recorra un camino en el que el pop combina el mundo de los sueños con la realidad. Así, Prometieron Volar (2026) crece desde la nostalgia. Comienza en “Cómo duele” describiendo la sensación de que los sueños, o aquello que en la realidad parece ser maravilloso, se queme. Para luego, en “Mil disparos”, afirmar: “ya estoy bien, me estoy acomodando en el lodo”

Tantas canciones que fueron escritas 

El tercero de los diez temas musicales que componen este disco producido por Gabriel Pedernera y Peter Akselrad es “Posterguemos”. Esta canción es un intento por manipular el tiempo, por retrasar ese momento de despedida que deviene en soledad. Tema que, si lo pensamos de manera literal, habla de una persona. Pero, si tenemos en cuenta la temática del álbum, se vuelve un guiño a lo difícil que es superar la infancia y vivir en la adultez. Tal vez por la consciencia de esta dificultad, en “Qué bien me hacía olvidarte”, entre un ritmo salsero, afirma: “ya (lo) voy a superar pero no sé cuándo”. 

Para continuar con el clima confesional llega una colaboración con Alan Sutton y las criaturitas de la ansiedad en la que plantea un pedido: “No me dediques más canciones” porque “tomo malas decisiones”. El sentido de esta pieza se construye alrededor de esa tensión que existe entre el deseo de poner un límite y la dificultad de sostenerlo. Así, la confesión deja de ser solo una mirada hacia el pasado para convertirse en el reconocimiento de las propias contradicciones: saber qué puede hacer daño no siempre alcanza para evitarlo. En ese sentido, la canción expone a un protagonista que reconoce sus impulsos y asume que, frente a determinadas emociones, no siempre consigue aquello que le conviene. Y huye. 

Sin embargo, sigue teniendo poder sobre algo: aquello que crea. 

Que el amor venga y que ilumine 

Las siguientes canciones: “Museo”, “El mensaje” y “Tu y yo” son un acercamiento al cierre luminoso. Aparece la esperanza de encontrar esa canción que se buscaba desde hacía tiempo y que se siente como un lugar cálido a habitar en conjunto. Por eso “Pasaría” y “Tarde o temprano”, los últimos dos temas del disco, se presentan como una apertura hacia el futuro. Entregado a lo que tenga que pasar, Benjamín Amadeo confía y afirma: “tarde o temprano ya nos veremos”.

En definitiva, el disco es una búsqueda por desprenderse de la nostalgia para crear recuerdos que permitan generar nuevas historias. Y es, también, una invitación a enfrentar sin miedo el desamor para, después, construir el presente desde un amor otro: uno respetuoso y no idealizado, que encuentre en el vínculo un sostén que impulse. Porque, si bien este disco parece estar dedicado únicamente al amor, en realidad habla de algo mucho más amplio: de aprender a soltar, de reconocerse en las propias contradicciones y de encontrar, en aquello que se vive y se recuerda, las herramientas para seguir construyendo el presente. Para seguir en vuelo.

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