Una letra que en vez de plasmarse sobre una hoja de papel, se va dibujando en un lienzo reflejado en una pantalla mientras familias enteras bailan a puro goce. Un recital ilustrado es la propuesta artística que solo dos artistas tan prolíficos como Kevin Johansen y Liniers pueden ofrecer, como bien lo hicieron el sábado en el patio del Konex.
El cantautor desandó un camino de más de dos décadas junto a su banda The Nada, con la que combina ritmos latinoamericanos que navegan desde el candombe, la samba, cumbia y hasta boleros con letras tan audaces como lúdicas. El público mitigó el calor entre tragos y abanicos pero nunca se quedó con las ganas de tirar pasos en toda la tarde-noche.
Mientras Johansen cantaba en su característico tono barítono las estrofas de la hermosa “Tu Ve”, Liniers pinceleaba una historia de amor en colores que se proyectó en la pantalla a través de una cámara puesta en cenital sobre la mesa de trabajo del dibujante. Ese concepto macanudo fue una constante a lo largo de un show cargado de humor y ternura.
La divertida “My Name is Peligro” y la calidez de “La Hamaca” fueron dedicadas a los niños presentes (que fueron un montón) mientras Tom Atahualpa Johansen ocupó la batería en ambos tracks. Pero el baterista histórico de The Nada siempre fue Enrique “Zurdo” Roizner, a quien recordaron en “El Círculo”. El aplauso en homenaje al legendario músico fue emocionante. Muchas gracias por ese momento, The Nada.
Promediando el set los protagonistas intercambiaron sus roles: Johansen pasó a dibujarse a sí mismo mientras Liniers se colgó un híbrido de charango-ukelele para reversionar clásicos atemporales compuestos por cuatro acordes: con esa idea escuchamos graciosas versiones de canciones de Red Hot Chili Peppers, Radiohead hasta ABBA. Entre chiste y chiste que se tiraron los anfitriones con el timing de dos comediantes de stand-up, la escena terminó con ambos abrazados como Kate y Leo en Titanic pero de la mediana edad.
Con las estrellas cubriendo la totalidad del cielo del Konex, pero con la misma brisa que nos acompañó toda la tarde y la estela de la luna apuntando al escenario, sonó “Anoche Soñé Contigo” amagando a un falso final onírico.
Para los bises dejaron “Guacamole” y “Cumbiera Intelectual”, donde Liniers dejó de lado los crayones para ser el testero de un tren que finalizó su recorrido arriba del escenario a puro baile, selfies, abrazos y besos mientras que, como una tradición, “Fin de Fiesta” invitó al público a retirarse con una sonrisa.
El Parador Konex seguirá a pleno a lo largo del verano con más propuestas interesantes, pero por suerte pudimos disfrutar del hermoso arte de dibujar canciones gracias a Kevin Johansen y Liniers.