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RYAN: “Zafarrancho”, o cómo hacer fuego el manual y grabar en el barro
Con Zafarrancho, el quinteto porteño pega el volantazo que venía anunciando y se tira de cabeza a un sonido más crudo, más corporal y menos domesticado.
No es un ajuste cosmético. Es un cambio de método. Durante un mes entero se encerraron en una casa de campo a convivir, componer y grabar sin la liturgia del estudio tradicional. Tomas en vivo, poca cirugía digital, el oído puesto en el swing y en lo que pasa cuando cinco personas tocan en la misma habitación. Producido por la propia banda junto a Félix Iglesias, el álbum de RYAN suena moderno pero no aséptico: se siente el aire, el golpe, la imperfección útil.
Esa decisión se nota de punta a punta. En poco más de media hora y once canciones, Zafarrancho mezcla ritmos latinos, baladas con perfume de los ’50, arranques punk e himnos de rock sin pedir permiso ni cuadrar del todo. La convivencia de géneros no parece collage forzado: parece una fiesta desordenada con una buena brújula en la mano. La energía del grupo va al frente; la producción acompaña, no maquilla.
El viaje hipnótico y sensual
El disco abre con “Zafarrancho (Todo el mundo en la discoteca)” y de entrada marca territorio: baile, ruido y consigna. Después de entrar “Bombo y Tacho”, “Mano Negra”, “Perdería”, “Guapo Guapo” y “Esquiva y Baile”, temas que mueven el cuerpo y la actitud sin acomodarse a una sola etiqueta. “Úsame”, el primer adelanto —publicado en abril de 2026, apenas después de su paso por Lollapalooza Argentina en el Hipódromo de San Isidro— funciona como puente entre la urgencia garage-punk y el nuevo capítulo. Más adelante aparecen “Trascendental”, “Lady Lapisela” y “Qué Rocker”, antes del cierre de clima con “Bendiciones”.
Justamente “Bendiciones” es el tema central y una de las apuestas más raras del álbum. Acá RYAN se mete en un viaje más hipnótico y sensual: guitarras que envuelven, percusión marcada, trompetas y un coro gospel a cargo de Afrosound Choir. Hay rock alternativo, hay slow dance, hay algo místico sin volverse solemnidad de almanaque.
Zafarrancho aspira a ser el disco verdadero de una banda que se animó a convivir con el caos.
