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Ok Pirámides: cualquier cosa te llamamos
El nuevo trabajo del quinteto continúa la exploración lírica y del pop con un halo luminoso que se conecta con la estética analógica que los caracteriza.
En esta nueva entrega de Ok Pirámides, se puede apreciar un torrente de imágenes que construyen a lo largo de las nueve pistas que conforman Te Llamamos (2026), con un pop que desafía al rock, o viceversa.
El grupo ya posee una vasta experiencia en su producción discográfica y, por supuesto, en vivo; en esta oportunidad no abandona la investigación sonora a partir de salirse de lo preestablecido, a la vez que propone diversos paisajes sonoros y se pregunta acerca de una multiplicidad de aspectos de la vida y del mundo.
“Alimentalo, cuidalo / Te va a hacer bien / Dolores de otros momentos / Soltalos / Belleza, te llamamos” rezan los primeros y esperanzadores versos de “Bullshit”, en contraposición a lo que significa el título -expresión inglesa que se utiliza para referirse a una mentira-, como una declaración de principios en el inicio del viaje, el cual al pulso de la batería y el sonido de la guitarra que pulula desde ambos lados del espectro estereofónico, con un bajo que sostiene al resto, crea un ambiente extraño a la vez que atrapante.
El mundo analógico en tiempos de pop
La preferencia por lo analógico, se puede observar en el arte de tapa del álbum, donde aparece un teléfono fijo con una forma que denota el nombre del grupo, superpuesto a un fondo azul y una banda gris que funciona como un rótulo con la información del LP. Este aspecto también se refuerza en la producción que poseen “Es casi transparente” y “Cualquier cosa no”, donde solo las voces se matizan con la instrumentación que no tiene muchos efectos, para alcanzar un todo que da la sensación de estar dentro del estudio.
En “Joyas” se encuentra la participación especial de Hugo Lobo en vientos, una pista que tiene reminiscencias al reggae, pero sin alejarse demasiado de ese pop etéreo que atraviesa el larga duración, el cual regresa en “Año cero”, que tiene un halo en el que se refuerza más el dream pop, casi una banda sonora de una película independiente.
Luego llega el “Premio” que comienza con un aire melancólico, pero que en realidad refleja la sensación de serenidad tras un cambio de mirada, el llegar hacia un lugar después de un largo viaje, o tal vez cuando alguien se da cuenta de que las cosas están en su lugar: “Yo siempre corrí / Atrás de un premio / Y ahora ese premio es la calma”. Una tónica similar se encuentra en “Árboles todo el día”, como el día después, sostiene esas imágenes y como si fuese la transmutación sonora de un día soleado observando la naturaleza con un ser querido. En todo momento, la instrumentación acompaña desde la melodía y la ejecución que remite a un sonido limpio.
La mirada hacia el futuro
Promediando el disco se encuentra “Quiero pausar”, que tiene un recitado de Julián della Paolera, genera un clima más etéreo, con la guitarra con efectos, la batería solo marca el inicio del compás mezclado con el moog que hace volar la mente hacia mundos nuevos, suena como esas canciones que se encuentran en la pantalla de créditos hacia el final de una película.
El último track es “Nos fascinará”, que eleva aún más el aura de la canción, transmite desde la lírica una expresión de deseo y curiosidad hacia aquello que traerá el futuro, a la vez que la instrumentación presenta una sensación de amplitud, permite construir imágenes mentales como si fuese una cámara sobrevolando la ciudad o un paisaje.
