Los Gardelitos
Es la banda del Korneta rock and roll
Cronista: Gentileza: Gaby Salomone | Fotos:
Beto Landoni
12 de Junio, 2005
En su primera presentación del año en solitario, Los Gardelitos hicieron estallar el nuevo reducto en San Martín con una fiesta a puro “rock sudaka” .
La muerte no es un trago que se beba solo, el espíritu bien sabe saciarse del recuerdo para mantener siempre vivo al que se ha ido. En el escenario (todos saben), hay un silencio irremplazable, el dolor sin dudas se comparte, pero el aguante emerge a fuerza de un fuego que no se extingue. Sin ese aguante, no hubieran existido esas giras en camión, llevando la familia extendida que acompaña a Los Gardelitos a todas partes para devolver al rock esa mística necesaria para sentirse parte de algo. Y ese, sin dudas es un legado que el Korneta dejó vivo más allá de las letras.
A poco de cumplirse un año de su partida, Los Gardelitos inician lo que el propio Eli definió como “una nueva etapa de sus vidas” . El domingo tocaron en San Martín, en lo que configuró su primera presentación en solitario del año que también coincidió con la inauguración de Rescate Rock.
Las agujas daban las 7 de la tarde, y poco a poco, los vestigios de lo que supo ser una bailanta con luces de neón, un bola espejada que cuelga del techo, y las paredes pintadas de fluo fueron quedando sepultados bajo el despliegue infinito de banderas que fueron cubriendo la sala. El logo de Los Gardelitos, en cada una de ellas, ya es una marca registrada en el rock suburbano y el cuelgue de banderas es más que un rito donde La Tablada, Lugano, Ezeiza, Morón y muchos más marcan presencia.
Sin dudas, esa estética de una música poderosa con abundantes referencias sociales y urbanas se concretaría minutos después con la presencia de ellos, unos tipos ataviados con trajes que arrasarían tras la clásica intro de Gardel, esta vez entonando “Al mundo le falta un tornillo” .
La sala del Rescate Rock estaba al tope, cerca de cuatro mil gardelianos parecían superar la capacidad del lugar al punto que no quedaba rincón sin cubrir y donde los saltos y la fiesta se parecía más a un gran pogo del que sólo era posible escapar acomodándose en los balcones superiores del boliche.
El reducto era un hervidero, y por momentos el vallado del escenario parecía no resistir el embate de la multitud, ya que desde el arranque Los Gardelitos hicieron estallar la noche con un recorrido que abarcó más de 20 temas, donde no faltaron “El reloj”, “Libertad Condicionada”, “Los Querandíes” y “Caras de limón” hasta “Monoblock” y “Gardeleando” ya cerca del final.
Los cánticos nombrando al padre de ese espíritu barrial que transciende a la banda se extendieron a lo largo de la noche entre tema y tema al son de “... es el Korneta rock and roll” , lo que dio lugar a momentos emotivos en los que su hijo Eli no dejó de agradecer el aliento porque “así como la alegría, el dolor también se comparte” , dijo.
Fue una noche a puro “Rock Sudaka”, y con mucho aguante arriba y debajo del escenario, ese mismo aguante que “les hace más llevadero el dolor”, como dijo Eli. Pero del Korneta, queda, sin dudas, su música, esa manera de estallar con alegría en un montón de canciones que su hijo y Cia. seguirán tocando como lo hicieron el domingo.
A poco de cumplirse un año de su partida, Los Gardelitos inician lo que el propio Eli definió como “una nueva etapa de sus vidas” . El domingo tocaron en San Martín, en lo que configuró su primera presentación en solitario del año que también coincidió con la inauguración de Rescate Rock.
Las agujas daban las 7 de la tarde, y poco a poco, los vestigios de lo que supo ser una bailanta con luces de neón, un bola espejada que cuelga del techo, y las paredes pintadas de fluo fueron quedando sepultados bajo el despliegue infinito de banderas que fueron cubriendo la sala. El logo de Los Gardelitos, en cada una de ellas, ya es una marca registrada en el rock suburbano y el cuelgue de banderas es más que un rito donde La Tablada, Lugano, Ezeiza, Morón y muchos más marcan presencia.
Sin dudas, esa estética de una música poderosa con abundantes referencias sociales y urbanas se concretaría minutos después con la presencia de ellos, unos tipos ataviados con trajes que arrasarían tras la clásica intro de Gardel, esta vez entonando “Al mundo le falta un tornillo” .
La sala del Rescate Rock estaba al tope, cerca de cuatro mil gardelianos parecían superar la capacidad del lugar al punto que no quedaba rincón sin cubrir y donde los saltos y la fiesta se parecía más a un gran pogo del que sólo era posible escapar acomodándose en los balcones superiores del boliche.
El reducto era un hervidero, y por momentos el vallado del escenario parecía no resistir el embate de la multitud, ya que desde el arranque Los Gardelitos hicieron estallar la noche con un recorrido que abarcó más de 20 temas, donde no faltaron “El reloj”, “Libertad Condicionada”, “Los Querandíes” y “Caras de limón” hasta “Monoblock” y “Gardeleando” ya cerca del final.
Los cánticos nombrando al padre de ese espíritu barrial que transciende a la banda se extendieron a lo largo de la noche entre tema y tema al son de “... es el Korneta rock and roll” , lo que dio lugar a momentos emotivos en los que su hijo Eli no dejó de agradecer el aliento porque “así como la alegría, el dolor también se comparte” , dijo.
Fue una noche a puro “Rock Sudaka”, y con mucho aguante arriba y debajo del escenario, ese mismo aguante que “les hace más llevadero el dolor”, como dijo Eli. Pero del Korneta, queda, sin dudas, su música, esa manera de estallar con alegría en un montón de canciones que su hijo y Cia. seguirán tocando como lo hicieron el domingo.
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