·Shows·
Destellos, melodías etéreas y punk: Wolf Alice por primera vez en Argentina
La banda inglesa debutó en nuestro país en un C. Art Media lleno y ferviente.
En el marco de la gira de su último disco de estudio, The Clearing (2025), y con más de diez años de trayectoria, finalmente Wolf Alice visitó nuestro país y conoció la “amazing crowd” (increíble multitud) que estaba esperándolos hace tiempo. Es que sí, nuestro público es una cosa impresionante, y si bien es algo que se sabe y se dice desde hace rato, no puede negarse el poder y la incidencia de las redes sociales para potenciar ese lore sobre los argentinos en conciertos. La banda liderada por Ellie Rowsell es, claramente, testigo de esto: “no saben cuántas ganas teníamos de venir a aquí, por favor, Dios, que no pase tanto tiempo hasta nuestra próxima visita”, dice a los pocos temas de comenzar el show, con las manos en posición de rezo y mirando al cielo.
Unos minutos después de las 21 hs, Wolf Alice sale a escena. Una escena con el fondo cubierto por una suerte de cortina de flecos brillosos (similar al de las porras de cotillón). “Thorns” y “Bloom baby Bloom”, primer y segundo tema de su último disco son también los primeros en abrir esta noche. Una apertura tranquila y sutil que continuó la vibra con “White Horses”. Ellie viste un conjunto de short bien corto con una suerte de chalequito y botas bucaneras. Su vestuario y su maquillaje brillan, al igual que el telón de fondo y su espíritu. Por momentos es como ver y escuchar un ángel que nos invita a entrar en su mundo onírico; en otros, el punk, la distorsión y las luces rojas nos sacuden a todos. Sus compañeros de banda están tan entusiasmados como ella: Joff Oddie (guitarra), Theo Ellis (bajo), Joel Amey (batería) y Ryan Malcs (teclados y sintetizadores) estuvieron tan comprometidos en el acto como su líder y los seguidores abajo.
“Formidable cool” fue la pieza que rompió la calma y trajo el primer estallido entre la audiencia que, de nuevo, estaba totalmente entregada. Es que es difícil no entregarse a la voz de Ellie, si es como el canto de una sirena: una sirena que se permite navegar por cualquier tipo de agua; desde la más aguda y dulce a la más grunge y rasposa. De vuelta a la serenidad y el folk con “Just two girls” y “Leaning agains the wall”. La sirena se traba en un momento por la emoción: “me van a hacer llorar”, dice, y continúa casi de inmediato. “How can I make it Ok?” fue el primer punto alto de la noche, un hit con un coreo entero por parte de la gente y claro, saltos incluidos. Vuelven a bajarse las revoluciones con “The sofa” y “Bros”, siendo éste el primer tema de su álbum debut (My love is cool, 2015) en sonar.
“Safe From Heartbreak (If You Never Fall in Love)” trajo a toda la banda al frente, incluidos tecladista y batero: sólo guitarra, la voz de Ellie y los coros de sus compañeros. Definitivamente, una postal para recordar.
La velada continuó “Passenger seat” (una canción que parece sacada de una película de los años 90), la sensual “Delicious things” y la alegre “Bread Butter Tea Sugar”. Ah, pero después… todo se fue al demonio con “Yuk Foo”. “I feel it coming, is it exciting?” (“lo siento venir, ¿es emocionante?”) pregunta Ellie en esta canción que nos traslada a los tiempos de The Runways. “Play the Greatest Hits” continuó con la voracidad y la distorsión antes de que “Silk”, una joya de su álbum debut (y que tiene un espectacular momento en el soundtrack de Trainspotting II), nos traslade a una atmósfera etérea mientras su ritmo, por momentos, nos invita a marchar. Lo etéreo se extendió unos minutos más con “Lipstick on the Glass”; le siguió la crudeza de “Giant peach” y el el rock-pop alternativo de “Smile”, puntos álgidos previos al bis. Con unos minutos de descanso y luego de un coreo “Wolf Alice, Wolf Alice” de parte de la audiencia, los 5 británicos volvieron a subirse al escenario para cerrar con “The Last Man on Earth” y “Don’t Delete the Kisses”, uno de sus hits más famosos. El público del C. Art Media saltó y cantó cuanto fue posible, y ellos lo saben, Ellie y su equipo lo saben. Se van sonrientes y agradecidos, con la ilusión y la promesa de una pronta próxima visita. Esperemos que así sea.
