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Avenged Sevenfold y Mr Bungle en el Movistar: Doble dosis de heavy metal

Luego de la reprogramación de su gira sudamericana “Life is but a dream…”, la banda californiana Avenged Sevenfold llenó el venue, con la participación de Mr. Bungle como banda invitada.

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Pasaron 12 años desde la última presentación de los californianos en nuestro país, y para colmo de males, días antes de su presentación en el mes de septiembre, la banda pospuso su gira latinomaericana por cuestiones de salud. Sin embargo, todo eso quedó en el pasado apenas sonaron los acordes de “Game over”. Con un despliegue de luces implacable, imágenes en pantalla que visualmente acompañaban cada una de las canciones y un sonido acorde a la potencia de la banda, Avenged Sevenfold recorrió su repertorio musical en un recital digno del recuerdo.


Mr. Bungle y el Dr. Patton


Pensar en Mr. Bungle como en una banda que hace canciones, es caer en un lugar común que nada tiene que ver con ellos y con lo que uno se puede encontrar al escucharlos. La banda de Mike Patton despliega operetas cargadas de performance, acordes a destempo y letras tan psicodélicas, que son imposibles de clasificar. Patton cantá, y sin dudas lo hace a la perfección, pero también bucea por la experimentación, utilizando múltiples micrófonos, efectos, juguetes y hasta un theremin.

La banda, además, cuenta con otros dos pesos pesados: Scott Ian, de Anthrax, en guitarra rítmica, que no participó de toda la presentación y Dave Lombardo, ex Slayer, en la batería. Si bien se los define como un grupo experimental, la realidad es que la experiencia de verlos en vivo se da entre lo lúdico, lo impredesible y la provocación constante. La banda mezcla metal en sus diferentes géneros, como el death, o el trash, con situaciones absurdas. Pattón toma mate en el escenario y en un español mexicanizado comenta “me da fuerza en los huevos”, acto seguido cual predicador, lanza palabras que se funden con la música que sus colegas interpretan. Nada es lineal, parece no haber guión. M. Shadows, vocalista de Avenged Sevenfold, se suma para compartir el tema “Retrovertigo”, y aparecen covers como “Tuyo” de Rodrigo Amarante, “Hopelessly Devoted To You” de Olivia Newton-John o “A la mierda”, una versión payasesca de “All By Myself”. Todo impredesible y no apto para cualquier oyente. Magía musical pura.


Avenged Sevenfold: Todas las emociones en un solo lugar


A las 21:30 puntuales el quintento californiano salió a la cancha. La banda comandada por M. Shadows en voz, Synyster Gates y Zacky Vengeance en guitarras, Brooks Wackerman en batería y Johnny Christ en bajo demostró con gran profesionalismo, porque son sin duda los superhéroes del metal moderno. A diferencia de Mr. Bungle, aquí cada segundo estaba calculado con la perfección de un reloj suizo. Estaba claro que la mayoría de los presentes estaba allí por ellos, y se llevaron lo que fueron a buscar: un set list cargado de la psiclotímia metalera de la banda.

“Life is but a Dream…” es el nombre de su gira y de su mas reciente trabajo de estudio. No es casual que su show abriera con dos de sus composiciones: “Game Over” y “Mattel”. Enseguida llegaron los hits: “Hail to the King”, “Afterlife” y “Gunslinger”. Cada canción que sonó fue acompañada por imágenes en pantalla y un show de luces impecablemente pensados: lásers, gráficas, todas las luces del estadio, incluso las de los carteles de las plateas, funcionaban en un sincro perfecto con la música. Además, sorprendió el uso de filtros en vivo, que hacían intervenciones artísticas sobre las tomas de las cámaras del escenario. Una experiencia inmersiva que dejó a más de uno boquiabierto.

Hubo lugar para momentos emotivos cuando homenajearon a Jimmy “The Rev” Sullivan, baterista original del grupo fallecido prematuramente en 2009, en “So Far Away” y también momentos de majestuosidad musical, sobretodo bajo el ala de Synyster Gates en temas larguísimos (de entre 8 y 10 minutos) como “The Stage” y “Save Me”.

Con “A Little Piece of Heaven”, otra de las más coreadas, Avenged Sevenfold cerró un show cargado de matices musicales: potencia, melancolía, solos interminables, dramatismo y mucho pero mucho metal. Todos se fueron felices a casa. La experiencia valió la pena.

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