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Amorphis volvió a Buenos Aires con el Borderland Tour

Los finlandeses regresaron a la Argentina para dar cátedra de metal. Crown y Kaleva custodiaron la previa de una noche pesada y mística.

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Hay bandas que no necesitan de artilugios ni de discursos edulcorados para meterse al público en el bolsillo. Les alcanza con colgarse los instrumentos, acomodar el sonido y dejar que la música hable por sí sola. Amorphis es, sin dudas, una de ellas. El combo escandinavo volvió a pisar suelo porteño el pasado martes 13 de octubre para adueñarse del escenario de El Teatrito, demostrando que su vigencia sigue intacta y que el idilio con el público argentino no sabe de desgastes.

El arranque

La cita, cobijada bajo el ala del Borderland Tour 2026, arrancó temprano de la mano de la producción local. Los primeros en salir a quemar las naves fueron los rosarinos de Crown. A diferencia de aquella presentación del año pasado, acompañando a Jason en este mismo recinto, la banda santafesina optó esta vez por una veta muchísimo más oscura. Con una estética lúgubre y un sonido denso, que coqueteó abiertamente con las raíces más podridas del death metal, dejaron en claro que su evolución no se detiene.

Minutos después llegó el turno de Kaleva, una propuesta que encajó a la perfección con la mística de la fecha. Combinando las melodías del metal con arreglos e imaginería folk, el grupo comandado por la magnética voz de Vanessa Rincón y las precisas cuerdas de Clarisa Blanco en guitarra no tardó en conectar con los presentes. Una apertura sólida, sin fisuras, que dejó el clima bien arriba.

Borderland Tour

A las 21:30, el misticismo finlandés se apoderó de la sala. Sin mediar palabra y con una intensidad que no daría respiro, Amorphis encadenó una seguidilla demoledora. La fisonomía del show estuvo marcada por la ausencia de baches: un tema tras otro, como un río imponente que arrastra todo a su paso. Los contrastes vocales -esa marca registrada entre los guturales profundos y las voces limpias-y los riffs contundentes marcaron la cancha desde el inicio con “Bones”, “Light and Shadow” y la ganchera “Silver Bride”.

La lista de temas funcionó como una perfecta retrospectiva de su ecléctica discografía. Pasaron gemas contemporáneas de la talla de “Wrong direction”, “Death of a king” y “The moon”, mechadas con la atmósfera de “Fog to fog” y la épica de “The Castaway”. Abajo, el pogo y los puños en alto respondían a cada estímulo sonoro en una comunión perfecta.

El tramo final de la lista regular trajo consigo el diálogo entre el pasado y el presente de la banda. El viaje en el tiempo hacia sus primeros años de death metal melódico se materializó con la infaltable e histórica “Black winter day”, pegada a la pesadez de “The smoke”, mientras que “Sampo” y “Kantele” aportaron la cuota progresiva y folclórica extraída directamente de las páginas del Kalevala.

Tras un amague de despedida, los bises terminaron de liquidar el pleito. El cierre definitivo llegó con el combo definitivo de “Dancing shadow”, la coreada “House of sleep” y la demoledora “The bee”, cuya intro desató el último delirio de la noche.

Amorphis pasó otra vez por Buenos Aires y dejó en claro que, cuando se trata de combinar la agresión del metal con la belleza de las melodías nórdicas, siguen siendo los reyes indiscutidos del norte.

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