·Entrevistas·

Andrés Compagnucci: “No quería que estas canciones quedaran en el cajón de los recuerdos”

El músico se reencontró con sus composiciones de hace 25 años y editó “Palabras”, álbum que presenta el 23 de abril en Café Berlín.

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Andrés Compagnucci es arquitecto, músico y compositor argentino. Comenzó a escribir canciones en su juventud, se formó artísticamente, se recibió de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires y hoy trabaja de eso.

Luego de 25 años entonces, se reencontró con aquellas viejas composiciones y forjó su álbum Palabras. “Las cosas llegan cuando tienen que llegar, ni antes ni después”, parafrasea a la hora de analizar este encuentro con su obra, y profundiza: “Me gusta pensar que hay algo de eso en todo esto: como si estas canciones hubieran estado esperando su momento. Pero también hay una decisión consciente: entendí que algunas cosas, cuando se postergan demasiado, terminan perdiéndose. Y no quería que estas canciones quedaran atrapadas en el cajón de los recuerdos, como una historia que nunca terminó de ser contada”.

―¿Cómo fue el reencuentro con las canciones?

―Tocar una canción es, de alguna manera, entrar en diálogo con el tiempo. Las canciones tienen esa extraña cualidad: permanecen intactas, como suspendidas, mientras uno cambia. Volver a ellas fue una experiencia intensa. No fue simplemente recordarlas, sino habitarlas otra vez. Como cuando un olor o una imagen te devuelven, sin aviso, a otra etapa de tu vida. Pero acá hubo algo más profundo: fue sentarme al piano con la voz que tengo hoy y reencontrarme con lo que escribí a los 19 o 20 años. Un cruce entre dos versiones mías, separadas por el tiempo, pero unidas por la misma necesidad de decir.

Andrés ofrece a sus canciones en el marco de un encuentro que relata no como ejercicio de nostalgia, sino “un gesto de reconciliación con esas canciones y con aquel chico que las escribió”. Asegura que no lo vivió como una disputa sino como “un momento de esos en los que uno deja de correrse y se anima a mirarse de frente”.

―Te pusiste en su lugar (en tu lugar).

―Fue ponerme en la piel de ese chico: inspirado, entusiasta, transparente, ingenuo. Volver a sentir lo que sentía, recordar a las personas que formaban parte de ese mundo y que hoy ya no están. Hay algo de ese proceso que incomoda: mucha introspección, análisis, y la necesidad de dejar de lado las defensas para aceptar lo que aparece. Pero también hay una especie de calma en eso: la de reconocer que todo lo que uno fue sigue, de algún modo, latiendo ahí. No es un viaje apto para quienes prefieren no mirar a los ojos a la nostalgia.

La canción atraviesa el tiempo

Con la canción bien al frente van pasando los nueve trackss del álbum, con muchos destellos del rock nacional de los ’80 o ’90, desnudando aquel tiempo en el que nacieron allá por los cambios de milenio. “En aquellos años estaba descubriendo un instrumento poderosísimo de expresión: la música y las palabras, y cómo, al combinarse, podían potenciarse”, rememora Andrés. “Mis emociones, mis dudas, mis sueños… todo encontraba ahí un cauce. Venía de una niñez y adolescencia muy marcadas por la timidez, y ahí encontré una forma de jugar, de expresarme y, sobre todo, de ser escuchado”.

Por otra parte, la fuerza interpretativa de hoy es la de un adulto que transitó un camino. “A la hora de grabar, ya en mi adultez, sentí algo muy claro: quién mejor que yo para ir a buscar a ese chico y decirle: ‘lo que escribiste es valioso, y lo que soñaste era posible’. De alguna manera, todo eso llegó hasta acá”.

El jueves 23 de abril Andrés Compagnucci presentará en vivo su nuevo álbum en Café Berlín del barrio porteño de Villa Devoto, junto a Claudio Quinteros en guitarras, Martin Gorini en guitarra acústica, Diego Bono en bajo y Cristian Bono en batería. “El vivo tiene algo que no se puede reemplazar: ahí las canciones dejan de ser solo mías y pasan a existir en el aire, compartidas”.

―Elegiste un hermoso lugar para este show.

―Fui muchas veces como público a ver conciertos hermosos. Por su escala y su clima, imagino una noche íntima e inolvidable. Después de todo el recorrido del disco este show aparece como un punto de llegada y, al mismo tiempo, como una puerta que se abre. En los ensayos pasa algo muy lindo: cada músico aporta su mirada, y las canciones empiezan a transformarse, a dialogar entre sí, a construir un lenguaje común. Diego Bono en bajo y Claudio Quinteros en guitarra eléctrica me acompañan desde la grabación. Y para el vivo se sumaron Cristian Bono y Martín Gorini en batería y guitarra acústica. A ellos les debo gran parte de este viaje.

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