Nagual
La especie sigue viva
Cronista: Redaccion El Bondi | Fotos:
Alan Guex
El sábado pasado se reunieron dos integrantes de una misma especie: los caballeros del rock. Son tipos con impronta, pelo largo, voz grave y corazón, acompañados por un ejército de músicos de esos que entran en el grupo de “pasión y profesionalismo”. Los hombres en cuestión son Sawa Mielnik, cantante de La Condena de Caín, y Ciriaco Viera, voz de Nagual. Eso sí, el tema de los nombres jodidos es pura coincidencia.
La gente no paraba de entrar. Había una multitud de personas que calmaban sus ansias cantando “Que sea rock” de Pappo o “La hija del fletero” de Los Redonditos de Ricota, mientras esperaban que salga Nagual.
Las luces empezaron a apagarse y la gente se comía los amagues previos a que comience el show. Entre ilusión y ganas de escuchar en vivo por primera vez Hacia la montaña, disco protagonista de esa noche, se escuchó una voz de fondo que comenzó a recitar una poesía. De esta manera, se abrió el telón y Nagual salió a escena con “Hacia la montaña”.
“Pequeño jefe Pehuen”, fue otro de los estrenos un tema con mucho poder y energía, y tanto arriba como abajo del escenario se respira y transpira rock. Con una intro más chacarerosa, apareció una nueva balada rockera “Mujer dulce”, quizás uno de los temas ya preferidos dentro de la gente.
Durante la noche hubo varios invitados. Pablo, uno de los percusionistas de La Chilinga, Matías Westerkamp (guitarrista de La Condena de Caín) para destrozar la viola en “Voces”, Sawa Mielnik compartiendo su voz en “La Estación” y por último a Agustín Ronconi de Arbolito con quién Ciriaco Viera armó una gran dupla de charango, haciendo de “Whipala” una versión emocionante y muy armónica.
Otro de los nuevos temas que hizo salir el costado más patriota y el orgullo por nuestro país al público fue “Guerreros de Argentina”, un tema en dedicado a esas grandes figuras argentinas que dejaron su huella en el mundo. En el mismo momento, se podía ver en la pantalla que estaba atrás de la banda imágenes de esas grandes personalidades (desde San Martín y Perón hasta Maradona y El Tete de La Renga) para las que iba este tema en homenaje.
Nagual se ve muy cercano a su público todo el tiempo, el afecto y el agradecimiento es recíproco. La mayoría de sus seguidores están entre los 30 y 40 años, pero también hay nenes que están en la primaria, porque van familias enteras a disfrutar de su música.
Nagual y La Condena de Caín mantienen viva la especie más valorada en el rock, y el valor no es lo mismo que el éxito, es mejor. La gente aprecia cada uno de sus dones, su energía y la pasión que dejan en cada tema. Los caballeros del rock trascienden, aunque sea para cierto público, ese que busca lo que quiere escuchar, no se guía por radios y se encuentra en una canción.
15 de Marzo, 2014
El sábado 15 de marzo Nagual presentó su último disco Hacia la montaña en el Teatro de Flores. Un recital colmado de gente, de afecto y rock.
El encuentro de la especie. Cada uno siente el rock de diferentes maneras. Algunos más, otros menos; unos con pasión y profesionalismo, otros por deporte y estética; y así se podrían describir miles de músicos y bandas dentro de éste género.
El sábado pasado se reunieron dos integrantes de una misma especie: los caballeros del rock. Son tipos con impronta, pelo largo, voz grave y corazón, acompañados por un ejército de músicos de esos que entran en el grupo de “pasión y profesionalismo”. Los hombres en cuestión son Sawa Mielnik, cantante de La Condena de Caín, y Ciriaco Viera, voz de Nagual. Eso sí, el tema de los nombres jodidos es pura coincidencia.
La noche empezó con la fuerza de La Condena de Caín, con la energía necesaria para encender la noche. Abajo del escenario, una gran cantidad de fans coreaban temas como “Nuevo Fuego”, en medio de miradas complices entre la banda y su público. Mientras Sawa compartía su envidiada voz, recorría el escenario de punta a punta saltando o bailando.
Todo el tiempo se mostraron agradecidos con Nagual por haberlos invitado a esa fecha tan importante y recalcaron la gran admiración que tienen por ellos. Con un Teatro candente se despidieron con “Vendaval” al que el público respondió un cálido aplauso.
La gente no paraba de entrar. Había una multitud de personas que calmaban sus ansias cantando “Que sea rock” de Pappo o “La hija del fletero” de Los Redonditos de Ricota, mientras esperaban que salga Nagual.
Las luces empezaron a apagarse y la gente se comía los amagues previos a que comience el show. Entre ilusión y ganas de escuchar en vivo por primera vez Hacia la montaña, disco protagonista de esa noche, se escuchó una voz de fondo que comenzó a recitar una poesía. De esta manera, se abrió el telón y Nagual salió a escena con “Hacia la montaña”.
Durante el primer tema, el público no paró de cantar, ni de saltar, parecía un estracto del pogo más grande del mundo (sí, de ese que pasa una o dos veces al año cuando el Indio Solari toca "Ji ji ji"). El agite y la fidelidad que tienen los fans de Nagual realmente es impresionante, ellos son la mejor carta de presentación de la banda.
“Pequeño jefe Pehuen”, fue otro de los estrenos un tema con mucho poder y energía, y tanto arriba como abajo del escenario se respira y transpira rock. Con una intro más chacarerosa, apareció una nueva balada rockera “Mujer dulce”, quizás uno de los temas ya preferidos dentro de la gente.
Durante la noche hubo varios invitados. Pablo, uno de los percusionistas de La Chilinga, Matías Westerkamp (guitarrista de La Condena de Caín) para destrozar la viola en “Voces”, Sawa Mielnik compartiendo su voz en “La Estación” y por último a Agustín Ronconi de Arbolito con quién Ciriaco Viera armó una gran dupla de charango, haciendo de “Whipala” una versión emocionante y muy armónica.
Otro de los nuevos temas que hizo salir el costado más patriota y el orgullo por nuestro país al público fue “Guerreros de Argentina”, un tema en dedicado a esas grandes figuras argentinas que dejaron su huella en el mundo. En el mismo momento, se podía ver en la pantalla que estaba atrás de la banda imágenes de esas grandes personalidades (desde San Martín y Perón hasta Maradona y El Tete de La Renga) para las que iba este tema en homenaje.
Nagual se ve muy cercano a su público todo el tiempo, el afecto y el agradecimiento es recíproco. La mayoría de sus seguidores están entre los 30 y 40 años, pero también hay nenes que están en la primaria, porque van familias enteras a disfrutar de su música.
Antes de tocar “Felicidad”, invitaron a los más chicos de esta comunidad nagualera al escenario para que canten junto a ellos. “Esto es por lo que luchamos, por nuestra familia y nuestros hijos”, así Viera dio comienzo al tema donde todos los chicos por unos minutos eran parte de la banda (el sueño de todo pibe). Al terminar, uno de los chicos hizo un cambio de remera con el cantante y se fue feliz.
Para el final quedaron los clásicos, donde nadie dejó de saltar y corear en “Juan Lacaze” y “De Claudio”. La ovación del público dio el cierre mientras arriba del escenario la banda se abrazaba y saludaba a su gente.
Nagual y La Condena de Caín mantienen viva la especie más valorada en el rock, y el valor no es lo mismo que el éxito, es mejor. La gente aprecia cada uno de sus dones, su energía y la pasión que dejan en cada tema. Los caballeros del rock trascienden, aunque sea para cierto público, ese que busca lo que quiere escuchar, no se guía por radios y se encuentra en una canción.
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