Revista El Bondi - 15 AÑOS DE ROCK
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Cumple bodas de plata Travelling without moving

Cronista: Martina Migliorisi | Fotos: Gentileza prensa

20 de Agosto, 2021

Cumple bodas de plata Travelling without moving

Gracias a un disco ya emblemático, la suerte de Jamiroquai cambiaría para siempre en 1996. Repasamos los motivos.

En 1992, un grupo de ingleses, todos hombres y mayormente blancos, se hermanaba bajo un nombre, un logo y un sonido funk crudo, comprometido, old school.

En su país de origen, las opiniones se repartirían. Sus opositorxs se refugiarían en la cuestión racial, ofreciendo incógnitas incómodas que, de todos modos, no parecían dispuestxs a resolver: “¿Por qué un grupo de ‘whities’ tiene espacio en un género históricamente negro? ¿Quieren ser una especie de Stevie Wonder? ¿Por qué le quitan el lugar a agrupaciones negras que son, incluso, más talentosas?”. Del otro lado, ganarían cierto interés y entusiasmo las letras de carácter político, el groove, un frontman con cierta debilidad por el baile y, como Los Borbotones, un nombre curioso y difícil de olvidar: Jamiroquai.

Al calor de las ventas de Emergency on Planet Earth (1993) y The return of the Space Cowboy (1994), primer y segundo álbum respectivamente, el conjunto se había hecho de una fanbase o "piso de legitimidad" y estaba listo para dar su gran salto. Travelling Without Moving llegó, finalmente, en agosto de 1996: ¿por qué fue un éxito?

Versatilidad | "I could be anyone" 

Compuesto por 13 canciones, Travelling Without Moving (ocasionalmente abreviado “TWM” por sus propios autores) se distancia un poco del funk old school para dar lugar a ritmos más poperos, pero también a baladas románticas. Sin alejarse de su groove característico ni de sus clásicas piezas instrumentales, explora otras formas de decir, más parecidas a lo que la industria musical internacional consideraba hits, a aquello que sonaba en múltiples estaciones de radio y, por qué no, a todo lo que pudiera tomar un rol protagónico en bares y discotecas.

Pero además de esta nueva faceta rítmica, en el tracklist es posible encontrar un acercamiento muy claro al reggae ("Drifting Along") y una invitación a la "familia funky" tan pegadiza como extensa (se titula "Funktion" y dura 8‘30‘‘)

El éxito fue instantáneo y absoluto, pero todo tiene un precio. El mercado mundial conocería, de ahora en más, sus nombres, sus rostros y sus opiniones. Jamiroquai ya no era una agrupación de jóvenes revoltosos que protestaba en las sombras de Inglaterra; el anonimato los había abandonado para siempre.

Entre caras conocidas y nuevas incorporaciones, ocho músicos fueron los principales responsables de este proyecto. Al tridente fundador, compuesto por Jason “Jay” Kay (voz y composición), Toby Smith (teclados y co-composición) y Stuart Zender (bajo y co-composición), lo acompañaba Wallis Buchanan en el didgeridoo desde 1992. Para la crítica, Wallis era utilizado como el “cupo negro” que la banda buscaba cubrir, a fin de no parecer apropiadores de un género. Al respecto, Jay expresó a la prensa cuánto lamentaba que se cuestionara el rol de su compañero y se minimizara la importancia de un instrumento tan particular y “primitivo” en el armado de tracks. Así las cosas, Wallis dejaría la banda en el 2001.

Curiosamente, Derrick McKenzie, baterista y co-compositor, llevaba tres años en la formación y poco parecía importarle al afuera que también se tratara de un hombre negro. Copypaste a la llegada del percusionista nigeriano Sola Akingbola al equipo. Otra novedad -y, afortunadamente para lxs haters, otro blanco- fue la presencia de Simon Katz, compositor y multiinstrumentista a cargo de la guitarra. Ahora bien, entre las sorpresas que regaló este álbum, una de las más importantes fue la presencia de un DJ...

DJ D-Zire | "Time to let your mind be free" 

Por suerte, Darren Galea no hizo caso al consejo de Pappo. El DJ, arreglista y productor fue parte de Jamiroquai desde 1996 hasta el 2001 -o, dicho de otra manera, participó activamente en dos álbumes- y le bastó para aportar aires nuevos, tanto al trabajo en el estudio como a las presentaciones en vivo. De hecho, con solo una búsqueda en la web, todavía es posible verlo detrás de las bandejas.

Un ejemplo muy claro radica en aquel primer show que la banda dio en el Estadio de Ferro, en octubre de 1997, donde varios miembros de la banda, incluyéndolo, visten camisetas de la selección local ante un público enardecido, que le compite a sus propios ídolos el protagonismo de la velada. Su punto cúlmine, grabado en la retina de cada alma que lo atestiguó, fue la interpretación de "Alright".

Darren, aka DJ D-Zire, trabajaría años más tarde con artistas de la talla de Gorillaz o el propio George Clinton, fundador y frontman de Funkadelic, entre otrxs. 

Party people | "Spread a little love around"

Con el éxito de TWM -según el libro de Récord Guiness, es el álbum de funk más vendido en la historia de la música-, la popularidad de los británicos se disparó. Sus fans ya no eran únicamente de su país de origen o lugares cercanos, ni la difusión se daba de boca en boca o de casualidad.

Canciones como "Virtual insanity", "Cosmic girl" y "Alright" se alojaron para siempre en el inconsciente colectivo de una buena parte de la sociedad, mientras el logo de la banda (aka "buffalo man") se inmortalizaba para siempre en la piel de otrxs tantxs. Sobre ello, señala el propio Kay en sus agradecimientos del álbum: “Thanks to the people who adorned themselves with the Buffalo Man. I’m flattered!” ("Gracias a las personas que se ‘adornan‘ con el hombre búfalo. ¡Me siento halagado!")

Cuando se crea música no hay reglas. Cuando se la conoce y consume, al menos, dos máximas: primero, que no hay fecha de vencimiento y, segundo, que los clásicos son inoxidables.

Quizás por eso, a 25 años de su estreno, Travelling Without Moving sigue sonando soberbio. Parafraseándoles, torcerían el destino de Jamiroquai para siempre cuando, visionarios, cantaban: “Dios bendiga nuestros grandes momentos”.




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