Evitando el ablande: La H no Murió revivió el poder de Hermética
El proyecto que resguarda el legado de la banda más importante del metal pesado nacional volvió a convocar a una multitud en La Paternal. Más de cuatro mil almas unidas por las poesías de Ricardo Iorio y el recuerdo latente del Pato Strunz.
Desde las 19, el microestadio Malvinas Argentinas abrió sus puertas sobre la calle Gutenberg al 350 con un único propósito compartido: cantar aquellas canciones que marcaron la adolescencia de los más veteranos y que hoy interpelan a los más jóvenes. Los mensajes de estas obras, a pesar de atravesar más de tres décadas de historia, demostraron seguir tan vigentes como en sus inicios.
Las voces de discotecas no tienen cabida
La velada arrancó sin lugar para caretas con “Evitando el ablande”, un himno de entrada que funcionó como radiografía perfecta de los presentes. El público se entregó a disfrutar de cada acorde distorsionado que emanaban las paredes de los Marshall. La lista continuó golpeando fuerte con “La revancha de América” y “Víctimas del vaciamiento”, dejando en claro que Hermética sigue trayendo la posta de la injusticia social en sus letras. Para coronar ese bloque de pura distorsión, sonó “Memoria de siglos”.



En medio de la adrenalina, Claudio O’Connor se tomó un momento para hablarle a la gente: “Un homenaje a Ricardo Iorio, piedra fundamental del metal nacional. Hoy también homenajeamos a nuestro amigo Pato. Este es nuestro homenaje a nuestros compañeros, ahora y siempre”.


Oír al público corear entre lágrimas “Que el viento lleve esta canción a tus oídos” dio una mezcla de felicidad y el recuerdo inevitable de que estamos grandes, sobre todo al saber que esa canción se dedica tanto a quienes están a la distancia como a los que ya no están físicamente. La noche siguió su curso con “Desde el Oeste”, el territorio donde nació el metal argentino en la década del 80, seguida por “Predicción” ante la mirada de muchísimos chicos presentes; a pesar de la nostalgia de los grandes, los más chicos demostraron ser la nueva generación del metal. Por suerte, esta nueva camada solo sabrá de “Del colimba” como un recuerdo histórico y no como una obligación. El agradecimiento llegó con “Vientos de poder”, que siguió luchando por el metal.
No todo fue Hermética (o sí), ya que promediando el show llegó una versión propia de “Vencedores Vencidos”, un clásico de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota como décimo tema de la lista. Un guiño que remite a aquella vieja entrevista donde el Indio Solari recordaba a los Hermética como muchachos sencillos y se enorgullecía de usar su remera. Sin dar descanso, la banda arremetió con “Otro día para ser”, “En las calles de Liniers” y “Yo no lo haré”. El quiebre de esa primera parte llegó cuando Javier Rubio dio cátedra en la batería, demostrando por qué es el elegido en los parches hace más de cinco años.
Los clásicos y los bises
El tramo final reavivó los motores con “Cráneo candente”, rescatada desde los mismos inicios de Hermética, pegada inmediatamente al himno de todos aquellos que salen desde temprano a ganarse la vida con orgullo antes que elegir el camino fácil: “Gil trabajador” ¡VIVA PERÓN!, ¡Este es un show peronista!.
El recorrido de 22 canciones sumó también a “Cuando duerme la ciudad” (aunque claramente esa noche nadie durmió), “Ayer deseo, realidad” y “Soy de la esquina”, en un contexto donde el pogo y el mosh fueron la rutina de un público que jamás dejó de agitar.


Para el momento de los bises, el orgullo metalero se desató con el enganchado de “Masa / Si se calla el cantor” y el agite máximo de “Robó un auto”, trasladando esa sensación de soledad urbana a las más de 4000 personas que colmaban el microestadio. El cierre definitivo no necesitó presentación alguna desde que se escuchó la primera frase: “Ajeno al tiempo…” (“Tú eres su seguridad”). Como dato de color final, mientras los músicos se despedían y saludaban desde las tablas, sonó de fondo aquella emblemática obra instrumental de Ácido Argentino (1991), “Pismanta a Bauchaceta”.












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