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La cátedra musical de Paula Maffía en Niceto Club
Con más de quince músicos en escena, la cantante presentó su último disco, República Afectiva, en una noche atravesada por la emoción, la furia y la belleza colectiva.
Tras años de girar con la guitarra a cuestas y un formato íntimo casi como bandera, Paula Maffía rompió esa escala el pasado 20 de mayo en Niceto Club. Lo que se vio (y se sintió) fue otra cosa: una expansión. Un cuerpo musical desbordado que buscó hacerle justicia a República Afectiva, un disco tan complejo en su construcción sonora como necesario en su tiempo.
Antes, el terreno fue preparado por Medestrushe. El dúo, que se define como: “una experiencia folkipunk de señoras para almas sensibles”, se encargó de abrir la noche con una intensidad cruda, movilizando al público desde la rabia y la ternura. Presentaron adelantos de su próximo trabajo, producido por Lucy Patané, y se apropiaron de “Zamba para olvidar” con una reinterpretación que consiguió la primera emoción de la noche.
Rock en estado puro
Paula Maffia apareció en escena rodeada de un verdadero arsenal de músicos. “Whisky” funcionó como portal de ingreso a esta República potente, seguida por “Folklore” y “Club de la Pelea”, canción que bien anticipaba la constante del show: rock en estado puro. Una rudeza y bronca convertida en notas que explican los sentimientos que pasaron durante los 6 años que le llevó a Maffia darle un sucesor a su segundo disco Polvo (2019).
La apuesta escénica, ambiciosa y generosa, encontró su equilibrio en un entramado vivo de músicos que entraban y salían como olas, conectando con Maffia en lo musical y en lo humano.
Como columna vertebral, el bajo de Juanito el Cantor y Martín León Benito en la batería, participes fundamentales de este nuevo trabajo. Éstos combinados con Lucy Patané y Nahuel Briones, cómplices en etapas anteriores de la cantante, y los teclados de Mene Savasta que ampliaban el paisaje. Como si fuera poco, un vaivén de cuerdas (dos violines) y una sección de bronces con trompeta y saxo, construyendo una riqueza orquestal poco habitual para estos tiempos donde todo parece resolverse en una pista.
Pero en el centro de todo estaba su voz. La voz de Maffia, capaz de ser abrazo y herida en la misma canción. Escuchar “La mano en el corazón en la mano” fue, una vez más, entregarse sin defensas. En “Cobre”, junto a Mel Muñiz, las artistas convirtieron su complicidad de años arriba de un escenario en uno de los momentos más bellos de la noche.
La estrella de la noche
La versatilidad de República Afectiva llegó con el tango “Botella Vacía”, con la participación de Guido Iacopetti en la guitarra y el vibráfono de Marcos Darío Cabezaz. Para luego volver al rock con “Estrella de la noche”, una de las más coreadas, y hacer catarsis con “El fantasma de las cosas por hacer”. Entre tema y tema, una petaca acompañaba a la cantante como un guiño terrenal, un ancla en medio de tanta intensidad.
No faltó ninguna canción de esta nueva joya, que encontró su cierre con la homónima “República Afectiva”, casi como un manifiesto colectivo. Y entonces, cuando parecía que todo había sido dicho, Paula volvió hacia el origen…
Un mar de caricias
Sola, con un ukelele, despojada de la orquesta, arrancó la última parte con “Mar de caricias”. La sala entera la sostuvo en coro, como si ese regreso íntimo fuera también el de todos. Luego se reencontró con Patané y Briones para revisitar: “La fina línea”, “Polvo”, “Corazón licántropo”. Ahí, en ese cruce entre pasado y presente, se reveló otra clave de su potencia: la construcción en comunidad, el afecto como forma de trabajo.
Para el cierre, su trío actual volvió con una versión filosa, casi garage, de “Ganas de salir”. Los instrumentos empezaron a apagarse, pero el público no. El pedido fue uno solo: otra. Maffia sonrió, agradeció, “En estas épocas, con lo que cuesta todo, que estén acá es un capricho cumplido”. Y, sin ensayo ni aviso, eligió volver aún más atrás. “Palo de amasar”, de Ojos que ladran (2015), fue la elegida para el cierre.
Y ahí quedó flotando algo difícil de nombrar: que quizás la República Afectiva no es solo un disco ni un concepto, sino ese instante compartido en el que una canción logra que todo tenga sentido, aunque sea por un rato.
